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Las tensiones entre Ramírez y Ortiz, tras la marcha de Peña

9/07/2018 - 

ALICANTE. Francisco Peña no cuelga las botas y continuará jugando al fútbol.

A sus 40 años, el lateral extremeño se ha vinculado para el curso 2018/19 con el Intercity CF de Tercera División. Lo anterior después de declinar la oferta del Hércules para seguir ligado al club pero desempeñando un rol en los despachos. A Peña le seducía la idea pero no desde luego la oferta de la entidad del Rico Pérez, sensiblemente inferior no ya a lo que percibía defendiendo la camiseta blanquiazul sobre el césped, también a lo que le ofrece el club de Sant Joan que, con su presupuesto de 1,2 millones de euros y cero deuda, cuenta con "riñón" para convencer a jugadores de categoría superior como es el caso del futbolista de Jerez de los Caballeros.

Ahora bien, siendo cierto que el Hércules no disfruta precisamente de una economía saneada y que los contados recursos monetarios no están reservados al área técnica, más allá de alcanzar el objetivo de incorporar a un entrenador con ya cierto caché pese a su edad, como es el caso de Lluís Planagumà, la pírrica oferta que trasladó el club blanquiazul a Peña y que este lógicamente ha rechazado no solo respondía a lo anterior y al hecho de que el extremeño todavía esté en fase de formación para el desempeño del que sería su nuevo cometido, también a las tensiones que envuelven la relación entre Enrique Ortiz y Juan Carlos Ramírez: ambos corren a partes iguales con los gastos que el club no puede cubrir con sus ingresos y de ahí que quieran tener voz y voto en cada decisión que les va a tocar el bolsillo. Mientras que la del primero se articula a través de Carlos Parodi y siguiendo el criterio técnico de Javier Portillo, el empresario vasco no solo la expresa en primera persona, es que suele apostar decididamente por gente de su confianza, con la que ha trabajado en el pasado o de una u otra manera está vinculada a sus negocios. Dicho de otra manera: "Para pagarle eso, pongo a uno de los míos", ese habría venido a ser el razonamiento del empresario vasco que ha venido a conducir a la contraparte a girar una oferta a Peña que no se caracterizaba por ser generosa.

Que nadie piense que Ramírez y Ortiz van a romper su "matrimonio". No solo hay muchas cosas en juego para ambos que, por cierto, nada tienen que ver con el fútbol, es que, además, no es la primera vez que tensiones de este tipo afloran: si durante el curso 2017/18 la identidad de los diferentes inquilinos del banquillo blanquiazul ha respondido a los gustos de uno u otro (del empresario vasco o de Portillo), las diferentes formas de ver la realidad del club también estuvieron cerca de hacer descarrilar hace un mes el fichaje de Lluís Planagumà y es que, mientras que Javier Portillo y Carlos Parodi trabajaban en la contratación del barcelonés, el empresario vasco se inclinaba decididamente por el regreso de un Vicente Mir que finalmente recaló en el Alcoyano de la mano de los hermanos García-Hita, cercanos al expresidente blanquiazul y que, por ejemplo, no solo colocaron a Frank Omgba en el Hércules, también gracias a su relación con el empresario vasco evitaron que al mediocentro se le abriera la puerta en enero de 2017, algo que condicionó sobremanera los refuerzos de invierno, con el desastroso resultado que todos recordamos.

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