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opinión

Guedes ya no tiene que jugar mal a propósito

Tenemos una relación complicada con Guedes. Si durante la tarde nos parece que pagar 40 kilos por él es una imprudencia, cualquier escapada fulgurante por la banda nos puede hacer por la noche creer que es una ganga del mercado...

5/07/2018 - 

VALÈNCIA. El valencianismo ha jugado el Mundial a la contra. No como Francia, sino más bien como Florentino (Pérez). Deseando el error del prójimo, el lance fallido, la caída desgraciada. Si Florentino, acariciando a un gato mientras, deseaba el mal de España como un escarmiento ante los actos de rebeldía al orden divino madridista, el valencianismo, con la calma que nos caracteriza, buscábamos cínicamente que Guedes errara, que pareciera un fulano del montón. 

Objetivo conseguido. Florentino y el valencianismo, tal que el que lanza un mal de ojo y se acuesta a esperar, han obtenido sus frutos. Guedes vale hoy menos que ayer porque su oportunidad de confirmarse como una de las promesas del momento se ha aguado. No significa demasiado. De hecho es un buen augurio: los grandes triunfadores mundialistas contratados por el club solían acabar en fraude. 

Tenemos una relación complicada con Guedes. Si durante la tarde nos parece que pagar 40 kilos por él es una imprudencia, cualquier escapada fulgurante por la banda nos puede hacer por la noche creer que es una ganga del mercado. 

La vida es aquello que transcurre mientras Valencia y PSG negocian por Guedes. El portugués se ha convertido en una especie extraña dentro de una caja de zapatos, cambiando continuamente de fase evolutiva. Si en sus primeros pasos en Mestalla pareció una estrella mundial, en los últimos aparentó ser un jugador por pulir, con grandes posibilidades, pero todavía por hacer. Su juego con Portugal ha refrendado la última percepción. 

Es tal la confusión que nos apetece pensar en una suposición mejor: Guedes está escondiendo su verdadero potencial, jugando peor para poder abaratar su coste y acabar jugando en el Valencia. 

A partir de ahí, si hubiera acuerdo posible, el verdadero desafío del club es determinar si el riesgo de que Guedes no acabe estallando en la figura que deja entrever es lo suficientemente bajo como para justificar un traspaso que a todas luces el Valencia no debería permitirse. Su edad y el volumen de su carisma (hay jugadores que no necesitan hablar para generar afecto masivo) juegan a favor de la apuesta.

Eso sí, si acaba fichando habría que recordarle que ya no tiene porque jugar mal a propósito.

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