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terremotos, camisetas transpirables y penaltis "ilegales" 

Los Mundiales que no te contaron: México 1986

El Mundial de la ola en la grada, de Argentina, del Diego, de Bilardo, de Butragueño y sus 4 goles a Dinamarca. El de la diferencia horaria y el trasnochar. El Mundial de muchas cosas conocidas y otras que os desvelamos ahora.

30/06/2018 - 

VALÈNCIA. La consagración de Diego Armando Maradona en unos mundiales tras perderse los del 78 y no brillar en el 82. El Mundial de una España prometedora tras el fiasco cuatro años atrás como anfitriona. Pero el mundial también de la Alemania de Rummenigge, de la Francia de Platini, del Brasil de Zico y de un gran nivel futbolístico, que dio para mucho.

1-El "brillo" de Maradona. La historia tiene mucha miga. Sin lugar a dudas este fue el Mundial de Maradona. Mejor quedarnos con todo aquello que con la miseria humana que estamos viendo hoy día hacer un patético show en las gradas de los estadios del Mundial de Rusia.

Volvamos a un mundial azteca en el que además de Maradona, en México estaba de selección "el narigón" Carlos Salvador Bilardo. Canchero como nadie, duro como pocos y maniático hasta límites insospechados. 

Bilardo andaba con la mosca tras la oreja con los efectos devastadores que para el físico de los jugadores podía producir la altura de un país como México. Así que pidió por ejemplo a los futbolistas que acudieran a la concentración dos kilos por encima de su peso, entendiendo que entre la altura del país azteca y las exigentes sesiones de trabajo de su cuerpo técnico, los futbolistas llegarían perfectos para la fase decisiva del campeonato.

Y pidió otra cosa más, una camiseta especial. Habló con Le Coq Sportif (que en ese mundial y desde el de España vestía a los albicelestes) y le pidió una "remera" lo más liguera posible. Sobre todo tenía como objeto que el futbolista no acumulara en su cuerpo su propia transpiración y la eliminara lo más rápido posible.

Dicho y hecho, Le Coq ideó una camiseta "calada" llena de microscópicos respiraderos, casi una rejilla albiceleste con mangas, escudo y dorsal.

El problema llegó cuando hubo que acudir en octavos de final a la segunda equipación para enfrentarse en octavos a Uruguay. La camiseta azul oscura, no tenía esas características y era la cásica de aquellos años de algodón.

El cabreo de Bilardo fue descomunal. Las quejas de los jugadores fueron múltiples. Bilardo reunió a los encargados de material comandados por Tito Benrós y al gerente administrativo (una especie de "hombre para todo" de AFA). Ante ellos cogió las camisetas azules y unas tijeras y comenzó a practicarles cortes con las tijeras mientras repetía "¡así es como quiero la remera, así! Lógicamente, dejó las segundas equipaciones inservibles y mando a Rubén Moschella (el gerente administrativo) a buscar por todo México DF camisetas  livianas de la marca que vestía a la selección (a Ethan Hawke en "Misión Imposible" no se lo hubieran puesto más complicado).

Moschella finalmente encuentra una tienda de deportes que tiene dos modelos diferentes. Así que pacta con el dueño de la tienda que no venda ninguna hasta que él no vuelva y se lleve el modelo que Bilardo elija.

Vuelve al hotel con ambos y... Bilardo rechazó los dos. Las quería igual de caladas que la primera. Así que en medio de una fuerte discusión para hacerle entender que a 72 horas del partido eso era imposible, aparece en el salón Maradona. Bilardo le mira y con una camiseta de cada modelo en las manos le dice "Diego, ¿Que te parece? Maradona se acerca coge la que tenía franjas en brillo y mate y dice "la del brillo está linda" (la primera que había deshechado Bilardo).

Una parte estaba solucionada. Moschella bajo a México DF de nuevo y se hizo con un juego completo de las camisetas azules con franjas en brillo y mate.

Pero las camisetas eran lisas. Azules y con el anagrama de Le Coq Sportif: sin escudo, ni dorsal...

Los escudos los acabaron cosiendo las cuidadoras del hotel en el que se hospedaba el equipo argentino. Para serigrafiar los dorsales se encontró una solución. Se dio con una de las pocas fábricas de DF que lo podía hacer en un tiempo tan corto. Pero era una fábrica que seriagrafiaba dorsales de camisetas de equipos de futbol americano. Así que aunque por la tele de la época y el sol de aquellas horas en el azteca ante Inglaterra, los dorsales de aquella equipación parecieron blancos, realmente eran plateados, con brillo.

Esta rocambolesca historia se remata 4 años más tarde. Meses antes de disputarse el Mundial de Italia 90, Bilardo se empeñó en enviar de nuevo a Rubén Moschella a la misma tienda de deportes que cuatro años atrás a comprar las mismas camisetas. Y así fue, Rubén pese a advertirle que aquello iba a ser imposible, fue a México DF, a la misma tienda y compró las camisetas...

Sin embargo, tal y como le advirtieron, les fue imposible utilizarlas. Desde un año antes, AFA  había firmado contrato con Adidas y el delegado de la firma alemana se opuso tajantemente a la utilización de dichas "remeras". Las camisetas acabaron sin estrenar guardadas en un armario de la utillería de AFA. 

Quién sabe, si todavía siguen allí...

2-El Buitre y los goles del PSOE. Madrugada del 17 al 18 de junio de 1986, debido a la diferencia horaria media España se pone frente al televisor para ver el partido de octavos de final. El rival es Dinamarca que tiene una selección potentísima. Han quedado primeros del grupo de la muerte, el E. Por detrás han quedado selecciones como Escocia (a la que gana por 1-0), Uruguay (a la que aplasta por 6-1) y la siempre temible República Federal de Alemania a la que gana por 2-0.

El ramillete de futbolistas con los que cuenta la "dinamita roja" es temible: Michael Laudurp, los hemanos Olsen (Morten y Jesper), un tal Frank Arnessen, Soren Lerby o el tanque goleador Preben Elkjaer-Larssen

Le espera España. Con la base del once subcampeón de Europa en el 84, Miguel Muñoz añade a futbolistas como Calderé, Setién, Míchel, Butragueño o Julio Salinas, y francamente no le va saliendo mal.

Segundos del grupo D tras ganar a Irlanda del Norte y Argelia y sólo derrotados por la Brasil de Sócrates y Zico. 1-0 y con calamitoso arbitraje de un lamentable colegiado australiano llamado Michael Bambridge, quien no quiso ver que un disparo de Míchel había traspasado la línea de gol tras dar en el travesaño y que minutos más tarde concedería el único gol del encuentro tras cabezazo de Sócrates en posición más que dudosa.

España en ese momento es un hervideron de sensaciones en una joven democracia que cuatro días más tarde celebraba de manera anticipada sus cuartas elecciones generales a la presidencia del gobierno en las que todo parecía apuntar que el PSOE de Felipe González repetiría mandato y mayoría.

Y ustedes dirán ¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? Les cuento.

La selección española rompe todos los pronósticos y barre por 5-1 a Dinamarca con cuatro goles de Emilio Butragueño y un quinto de Andoni Goikoetxea. El delirio se apodera del país. Ahí es cuando TVE (la única en aquellos momentos) decide repetir en prime time el partido al día siguiente para todos aquellos que no se quedaron despiertos la madrugada anterior.

Y entonces ocurrió el hecho que os queremos contar. En le re emisión del partido y tras uno de los goles de Butragueño, en lugar de salir en pantalla el clásico rótulo de "9-Butragueño" salió misteriosamente sobreimpresionado en pantalla y a 4 días de las elecciones generales el rótulo "PSOE".

El resto de partidos puso el grito en el cielo y se acuso a los rectores de RTVE de manipular los rótulos para influir en el electorado. Los responsables del ente público se excusaron diciendo que se les coló como consecuencia del volúmen de trabajo producido por la emisión de la información electoral.

Al fin y al cabo, ¿Quién puede pensar que una televisión pública pueda estar controlada por el gobierno de turno"?

3-Penaltis y reglamentos. ¿Puede el lanzamiento de un penalti cambiar la reglamentación del fútbol? ¿Y si no es ni siquiera un penalti? Puede, y si no que le pregunten a Carlos (portero de Brasil en 1986) y a Bellone (jugador de Francia en el mismo mundial).

Antes de entrar a contar lo que ocurrió más allá de los 90 minutos reglamentarios, recordar que el encuentro acabó con empate a un gol. Fue uno de los más bellos del campeonato y se avanzaron los suramericanos con gol de Careca que tuvo respuesta en otro de Platini para los europeos. Además Zico falló un penalti en el minuto 74 que paró Joel Bats y que hubiera supuesto el triunfo brasileño.

Así que se fueron a la prórroga y no se movió el marcador. Hubo que ir a la tanda de penaltis y ahí ocurrió un hecho bastante curioso.

Comenzó tirando Brasil con todo un especialista como Sócrates, que sin embargo erró su lanzamiento. Por Francia lanzó Stopyrá, gol. Turno brasileño para Alemao, gol. Para Frnacia Amorós, gol. Nuevo turno para Brasil, Zico. Esta vez acertó, gol. 

Y ahora, nos detenemos en el siguiente penalti de la tanda. Le tocaba a Francia y el encargado era Bruno Bellone. El delantero ejecuta a su derecha, ajustado. La pelota rebota en el palo, sale hacia fuera y rebota en el pecho del guardameta brasileño Carlos que había adivinado el lado del lanzamiento. Tras rebotar en el cuerpo del cancerbero el balón acaba dentro de la portería y el colegiado rumano Igna da el gol ante las protestas de los brasileños que entendían que el tanto no era válido.

El problema es que con la interpretación de la regla de los lanzamientos de penaltis se podía dar a la duda ya que no especificaban si una vez rebotaba en el palo podrían valer sucesivas carambolas.

El espíritu de la norma era que no valiera, para diferenciar así los penaltis durante un partido (en los que sí valen los rebotes) de los lanzamientos desde el punto de penalti para desempatar encuentros.

Al final el tanto subió al marcador, Francia pasó a las semifinales y se modificó la norma para dejar claro que en las tandas de lanzamientos desde el punto de penalti, el único sitio en el que puede rebotar la pelota tras tocarla el portero y dar validez el gol, es en la hierba. Cualquier lanzamiento que rebote en el palo y salga hacia afuera queda invalidado a la hora de ser contabilizado como diana.

En ese supuesto, se acabaron las intepretaciones.



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