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opinión

Al Pacino y un estado de ánimo

 Si el Barça tiene más recursos, el VCF tiene que tener más ilusión. Y si el fútbol es un estado de ánimo, el Valencia, gane o pierda, pase o no, tiene ante sí la oportunidad de demostrar que es capaz de hacer lo que otros le dicen que no puede hacer...

31/01/2018 - 

VALÈNCIA. Al final del artículo les hablaré de Al Pacino, pero antes, les contaré, queridos lectores, que la vida es como un niño aprendiendo a montar en bicicleta. A pesar de las caídas y de las heridas, si se quiere mantener el equilibrio, sólo existe un secreto para manejar la bici: seguir adelante. Y si el mejor relato posible de la vida es el fútbol, conviene reconocer que a este Valencia CF, al que la vida le ha besado en la boca en la primera vuelta, le está costando mantener el equilibrio, porque últimamente se ha caído más de lo deseable, sufriendo lo indecible ante el Alavés, cayendo ante Las Palmas y siendo goleado por el Real Madrid. Ahora el reto es mayúsculo, llega el Barça, el único equipo invicto en las cinco grandes ligas de Europa. Su calidad es infinita: tiene los mejores jugadores que el dinero puede comprar. Y su potencia de fuego es aún más impresionante: entre Messi (20), Suárez (16) y Paulinho (8) han convertido 44 tantos en lo que va de Liga, dos más de los que ha marcado todo el VCF en lo que va de campeonato. Y de propina, en el ring del Camp Nou contará, en su esquina, con Messi. Porque este es el Barça de Messi, por más que los trovadores culés se empeñen, nunca fue el Barça de Guardiola, ni el de Tito, ni el del Tata, ni el de Luis Enrique, ni ahora de Valverde. Siempre ha sido el Barça de Messi, que es decisivo hasta cuando se queda en casa y enciende la televisión. 

El desafío es brutal para el Valencia CF. Batir a Messi y compañía es como escalar el Himalaya sin oxígeno. Y será más difícil todavía porque Marcelino tiene la enfermería a tope: posiblemente no contará ni con Gonçalo Guedes (la bala), ni con Garay (el muro), ni con Kondogbia (el pulpo). Casi toda su columna vertebral. Hay quien porfía que la eliminatoria será coser y cantar para el Barça, quien profetiza una goleada azulgrana sin bajar del autobús y quien apuesta por una versión pobre del VCF en el Camp Nou. El entorno es pesimista. O si lo prefieren, es un optimista bien informado. Hay datos, estadísticas y razones de peso para que más de uno tenga ganas de meterse debajo de la cama. Sí, el Barça, libra por libra, es superior. Tiene a los mejores disponibles y al Valencia le van a faltar sus piezas más decisivas. Sí, el Barça no ha perdido todavía en Liga, es el vigente campeón de Copa. Y sí, tiene al mejor jugador de todos los tiempos de su lado, Messi. 

No hay una sola lectura racional de esta eliminatoria que invite a pensar que el VCF podrá con el Barcelona. Todo eso es cierto, pero también lo es que, las grandes batallas no las ganan siempre los mejores ejércitos, sino los soldados más fieros, los que saben que no se mira abajo, que nunca hay que rendirse, que no se reza cuando llueve si no se hizo cuando el sol brillaba y que, en el relato vital que es el fútbol, de los cobardes nada se ha escrito. Porque amigos, el fútbol también tiene una parte irracional. Llámenlo actitud, empuje, ardor guerrero, intensidad, deseo, hambre de gloria o como quieran. Sí, el Barça es el mejor. Nadie dijo que llegar a una final sería fácil. Pero salvo mejor opinión, también el VCF tiene sus armas. De entrada, cuenta con el que, para quien esto escribe, es el mejor entrenador español en la actualidad. Además, cuenta con el compromiso inestimable de jugadores que no quieren dejar pasar esta oportunidad. Y por último, cuanta con una baza ganadora única: una que, si logra canalizarla de la manera adecuada, es muy potente. Si el Barça tiene más recursos, el VCF tiene que tener más ilusión. Y si el fútbol es un estado de ánimo, el Valencia, gane o pierda, pase o no, tiene ante sí la oportunidad de demostrar que es capaz de hacer lo que otros le dicen que no puede hacer. 

Si en su día Simeone logró convertir el Calderón en un barrio de Esparta, ahora Marcelino firmaría que, si las flechas enemigas ocultan el sol, su equipo sonría peleando a la sombra. No hay ningún jugador tan bueno como uno motivado.Uno malo pero motivadísimo se convierte en uno regular y uno regular, en uno bueno. Y el bueno, en imparable. Y ahí, en la motivación, es donde el Valencia CF tiene su fuerza. Tiene enfrente al mejor, no tiene nada que perder, está a dos asaltos de una final y debe jugar como si no hubiera mañana. Nadie exigirá al Valencia que esté en la final, pero sí que demuestre en el césped que es un equipo con más hombres que nombres. Uno en el que sólo se agacha la cabeza para besar el escudo. Con eso bastará y sobrará.

Posdata: Hace unos años, un entrenador de élite decidió motivar a su equipo, en horas bajas, con el vídeo del discurso de Al Pacino a su equipo en ‘Un Domingo Cualquiera’: ‘En *la vida, o el fútbol el margen de error es muy pequeño , medio segundo mas lento o mas rápido y no llegas a pasarla ..las jugadas que necesitamos están a nuestro alrededor , están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno, en este equipo nos dejamos el pellejo nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana. Porque sabemos que si sumamos esas pulgadas eso es lo que va a marcar la (p) diferencia entre ganar o perder, entre vivir o morir. Os diré una cosa, en cada lucha , aquel que va a muerte es el que gana ese terreno y sé que si queda vida en mi , es porque aun quiero luchar y morir por esa pulgada, porque vivir consiste en eso”. Aquel equipo salió al campo con el eco de ese discurso en vena y ganó aquella eliminatoria. Y apenas días después, aquellos jugadores que no parecían campeones, lo fueron, porque levantaron el trofeo. Sí, el fútbol es un estado de ánimo.

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