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opinión

A su imagen y semejanza

Cuando el Club se lanza a la venta de Zaza y no lo oculta, pese a que pueda terminar depreciando al jugador, lo hace porque -como sucedió con varios futbolistas el verano pasado- el entrenador no quiere tenerlo en la Ciudad Deportiva cuando vuelva al trabajo...

23/06/2018 - 

VALÈNCIA. Tras unos años de caos deportivo, el Valencia tiende a instalarse en una normalidad que aquí puede parecer insólita por lo acontecido tiempo atrás pero responde a la lógica de un club de fútbol. Cierto es que dicha lógica bien podría pasar por una estructura en la que el entrenador no tuviese todos los “ases” en la manga y hubiera una autoridad deportiva en la entidad por encima de la que él detenta y , aunque a él no le guste escucharlo, en el caso que nos ocupa es la misma persona quien aglutina las dos responsabilidades como el propio Presidente ha reconocido en una de esas entrevistas que concede a medios internacionales. Pero al fin y al cabo, ahora sí hay una autoridad reconocida en lo deportivo que pertenece a la estructura del Valencia y las decisiones se han dejado de tomar desde intereses ajenos. 

Todas las operaciones que el Valencia lleva en marcha van encaminadas a, en la medida de las posibilidades, terminar construyendo el equipo que Marcelino quiere para la próxima campaña. Porque entorno al asturiano se está gestando la plantilla y esta que va a terminar construyendo a su imagen y semejanza. Habrá decisiones que serán más o menos compartidas por ciertos sectores de la afición, de la prensa o de cualquiera que quiera opinar al respecto porque todos –obviamente- somos libres de hacerlo pero cualquier Club de Fútbol se acaba encomendando al criterio de un profesional y en el caso del Valencia ese profesional se llama Marcelino García Toral. Lo vengo a significar porque puede levantar, y de hecho levanta, opiniones encontradas el hecho -por ejemplo- de que Zaza esté en venta a un determinado precio que a los ‘zazistas’ puede parecer ridículo, que no se acepte un pago similar a dicho precio por Santi Mina o que se haga una apuesta seria, económicamente hablando, para –por ejemplo- tratar de firmar a un jugador como Kevin Gameiro obviando que , en su día, el francés dio ‘calabazas’ al Valencia CF. Y, en todos los casos, la clave de la ecuación lleva la firma de Marcelino: el mismo que ha rubricado una temporada extraordinaria y que por dicha temporada se ha ganado el crédito del Club para tomar ese tipo de decisiones aunque a él no le guste reconocerlo públicamente y aunque dicho proceder no responda al organigrama que tradicionalmente entendemos como lógico. Podrá acertar -y como en la pasada campaña acreditó un nivel de acierto altísimo tiene la encomienda de hacerlo también en esta- o podrá no acertar en alguno de los casos porque tampoco Marcelino es infalible pero… como hay que terminar fiándose del ojo clínico de alguien YO me apunto al grupo de los que se fían del asturiano aunque haya cosas, en particular, que me cueste más o menos compartir y aunque haya movimientos de representantes que me parezcan poco ortodoxos. Creo, sinceramente, que se ha ganado dicho crédito y no veo a nadie en el Club que me inspire mayor confianza. 

Cuando el Club se lanza a la venta de Zaza y no lo oculta, pese a que pueda terminar depreciando al jugador, lo hace porque -como sucedió con varios futbolistas el verano pasado- el entrenador no quiere tenerlo en la Ciudad Deportiva cuando vuelva al trabajo. Sabe que es una decisión impopular porque el italiano concita el cariño de una parte importante de la grada pero... manda Marcelino y alguien tiene que hacerlo. Sólo el paso del tiempo determinará si los movimientos que desde el Club se hacen por indicación del técnico  y su lugarteniente Longoria terminarán por dar mejor o peor resultado pero entiendo necesario que haya un camino a seguir y un criterio en el que confiar para desterrar de una vez y, si puede ser para siempre, el ‘cachondeo’ de los últimos veranos en los que metía mano cualquier indocumentado por falta de criterio deportivo, de plan y de una autoridad más allá de la estrictamente económica.

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