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OPINIÓN 

Alemany contra la leyenda negra

14/11/2019 - 

VALÈNCIA. Dar más la lata con Mateu Alemany nos podría confundir y hacer creer que en lugar de análisis se escriben obituarios. Alemany no era Colina, no era Peris, sino un ejecutivo de paso movilizado por las fuerzas vivas (y nuevas) de la Liga para reflotar una crisis demasiado fuerte para un club cuya caída no convenía a nadie. Y sin embargo…

Alemany ha hecho su trabajo y gracias a un control de la situación tan poco frecuente se ha ido como no se irán sus superiores: con la reputación bien empinada. Resulta todavía más insólito que el propietario no solo no aproveche la gestión de Alemany (¿quién lo fichó? pues él) sino que se le vuelva en contra ese aval. Podía haber resuelto su despido de una manera amistosa, vestirlo de paripé, pero su decisión de darse de hostias contra la realidad provoca estos monstruos.

Alemany, en su despedida, sonó tan persistente en ofrecer su vínculo al Valencia que parecería que estaba invitando a terceros a lanzarse al monte. Si hay una figura reconstituyente y de consenso a partir de ahora, es Alemany. Un activo creíble dentro y fuera del radio de acción. Da la sensación de que, aunque se marche, en parte se queda.

Alemany -por enunciar alguna debilidad, evidentemente su balance es exitoso excepto para los que se ciegan a sabiendas- cometió el error de alimentar una organización paralela dentro del club, de manera que incluso su entrenador se sintió por encima de los propietarios. Dada la ausencia de Lim o la escasa fiabilidad de Murthy, resulta una debilidad humana; la manera de garantizar una gestión estable. Solo que al mismo tiempo se sellaba la condena. Ese error es al mismo tiempo su éxito. La complejidad de este teléfono loco distorsiona hasta tal punto que los principales méritos se convierten en deméritos. 

El gran logro de Alemany, sobre todas las cosas, fue combatir llanamente a la leyenda negra. Ésa por la que el valencianismo, se supone, sucumbe como nadie a la visceralidad y arremete contra todo y todos al mínimo traspiés. La misma leyenda que dibuja un club imposibilitado para ordenar un proyecto deportivo nítido. 

Se ha visto, con él entre bambalinas, que Mestalla no solo puede esperanzarse ante una hoja de ruta sencilla pero reconocible, sino que cuando le cuentan los planes, cuando percibe el esfuerzo, es capaz de esperar y de soportar meses y meses de pésimos resultados. La leyenda negra marca que arreamos al entrenador por vicio. Con Alemany se pudo palpar que cuando incluyes a Mestalla en un proyecto común, las debilidades se consienten y la espera se practica

Un club normal, en fin, cuando lo normalizan.


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