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OPINIÓN

Algo impopular sobre Kang In Lee

13/06/2019 - 

VALÈNCIA. Queridos lectores: antes que nada, disculpas por dar cuerpo y forma a una postura tan impopular como, por lo visto, bastante necesaria. Hace meses quería hacer parada y fonda en la situación de Kang In Lee. Y lamentándolo mucho, este es el resultado: ¿Es Kang In una de las mayores promesas del fútbol mundial? Rotundamente, sí. ¿Su talento anuncia una estrella emergente que podría romper en crack? Naturalmente. ¿Es lógico que el aficionado del Valencia se ilusione con la magia del chico? Por supuesto. ¿Caber entender que haya una legión de hinchas que demanden más minutos para el coreano? No es ningún pecado. ¿Es normal que Kang In se haya convertido en un asunto de estado para los feligreses de la religión valencianista? Pues por lo visto, sí.

El debate, dicen, está en la calle. Y si no lo está, los altavoces periodísticos lo potenciamos hasta la saciedad, multiplicando una montaña rusa de dudas y teorías, sensatas o disparatadas. La conclusión más manida con Kang In no engaña: hay que cuidarlo. Eso se repite, por activa, por pasiva y hasta por perifrástica, en todos los confines de Valenciastán. Hay que cuidarlo. Que es, por cierto y por si alguien lo pone en duda, es lo que está haciendo el club. Ahora bien, una cosa es cuidar de una promesa y otra muy diferente, concederle un estatus que aún no le corresponde.

Al grano: lo de cuidar a Kang In suena a discurso artificial y prefabricado. No hay un solo empleado del club, desde el primero hasta el último, que no le esté protegiendo, cuidando y mimando, que no sepa de su enorme talento y que no tenga claro que, cuando madure y vaya quemando etapas, será pieza clave para el proyecto deportivo y económico del club. Por eso le dieron la oportunidad de jugar en el Valencia, por eso le han hecho ficha con el primer equipo y por eso existen muchísimos planes de futuro, futbolísticos y crematísticos con este “niño prodigio”. Que existan voces que reclamen más protagonismo para Kang In es lógico pero ¿quién no está cuidando a Kang In? O mejor dicho ¿no se está confundiendo cuidar a un jugador con imponerle? ¿No se está poniendo excesivo celo en relatar todas las grandísimas cualidades del coreano y bastante poco en explicar, de manera mesurada, que necesita mejorar para alcanzar un nivel de elite? ¿No sería un grave error agradar al personal con una decisión muy popular que termine siendo demasiado precipitada?

Es comprensible que Kang In sea depositario de la ilusión de los aficionados. Es legítimo que haya quien sostenga que al talento no se le mira el DNI. Y no es raro que el personal ande tenso porque interioriza que si el coreano no juega los minutos que cree merecer, podría llegar un club potente, de mucho músculo económico y llevárselo a golpe de talonario. Esa amenaza existe, correcto, pero ni puede condicionar el presente deportivo del club, en el verde y en los despachos, ni debe ser una espada de Damocles que pese sobre el estado de bienestar del Valencia. Este es y debe seguir siendo un club grande con mayúsculas, uno con sensibilidad para el talento, pero también con cintura para no arrugarse ante cualquier contingencia o posible chantaje emocional. Alterar la hoja de ruta del club o saltarse las fases de formación por el miedo a perder una promesa de futuro es mal negocio. Y con Kang In lo realmente paradójico es que el tamaño de los elogios que recibe es inversamente proporcional a un análisis medianamente serio sobre su presente. En el término medio, la virtud.

El club tiene el deber de cuidar al coreano, pero sin descuidar al resto. Y el entrenador tiene que cuidarle, pero sin olvidar que su responsabilidad principal es cuidar de todo el grupo. De velar por su armonía, por un buen ambiente, por una cierta justicia y por mantener el compromiso de trabajo. De respetar un criterio, de potenciar un sistema, de mantener una disciplina y de marcar unos tiempos. Y como máximo responsable de un grupo que confía en él a muerte – algo tendrá el agua cuando la bendicen-, Marcelino suele aplicar en estos casos el sentido común. Que, en fútbol, es el menos común de los sentidos. Miren: Kang In va a ser, pero todavía no es. Con el balón cosido al pie, tiene clase de sobra. Es un jugador diferente, desequilibrante. En eso, no hay debate. Donde sí existe es en encontrarle acomodo en un ecosistema que renuncia a la figura del mediapunta. Donde también existe debate es en saber qué debe mejorar cuando no tiene la pelota, y mucho más en un equipo que vive del orden defensivo, del repliegue y los espacios, porque como en el caso del Atleti de Simeone, el Valencia tampoco negocia el esfuerzo. El talento, sin trabajo, no sirve.

Las palabras mágicas para que Kang In alcance el estatus que muchos creen que ya merece tener son parte del lenguaje universal de la vida y del fútbol: Trabajo, humildad, paciencia y compañerismo. Es una receta bastante más lenta que esa costumbre tan instantánea de la queja permanente, de la eterna búsqueda de un empedrado al que culpar, de las comparaciones con otros compañeros o por supuesto, de creer que no estás donde deberías por culpa de fulano, mengano o zutano. Kang In Lee va a ser un grandísimo jugador de fútbol, pero no necesita que le cuiden. Entre otras cosas, porque lo que necesita el Valencia CF son jugadores que se pregunten qué pueden hacer por el equipo y no qué puede hacer el equipo por ellos. 

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