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opinión

Cinturones flojos

14/09/2019 - 

VALÈNCIA. Hace tan sólo tres meses y medio, y un verano por medio, de que el capitán del Valencia CF levantó al cielo de Sevilla la Copa de SM El Rey. Sólo tres meses y medio, y parece una vida entera, de la explosión de júbilo valencianista al ver al equipo de su alma volver a la cresta de la ola tras varios años chapoteando en un charco pútrido y maloliente. Pero, cuando hemos asumido tras muchos años de fútbol que aquí lo que mandan son los resultados, Lim reinventa el fútbol para que el ego del amo termine pudiendo más que la razón de los resultados. Decía ayer Marcelino que, precisamente la Copa, ha terminado siendo el detonante de su destitución y a mí...,sinceramente, me cuesta un Mundo creerlo porque sería la mayor barbaridad acaecida en el Mundo del Fútbol aunque entiendo que, ante la falta de explicaciones del Club, pueda ser su honesta percepción de las cosas. Lo que sí tengo claro es que todo lo construido en los dos últimos años para acercar al Valencia a una NORMALIDAD deportiva que brillaba por su ausencia ha volado por los aires por el capricho de un Señor que , cada vez, va aclarando más dudas acerca de sus intenciones para con el Valencia  Y, cuando les digo que ha volado por los aires no lo hago en referencia a Marcelino que, siendo una pieza importantísima en el crecimiento deportivo reciente del Valencia, ni es el mejor entrenador del Mundo ni está exento de responsabilidad en cuanto algunas decisiones que pueden NO haber sido tan positivas. Me refiero a la estabilidad que se había alcanzado en materia deportiva tras sonoros ridículos anteriores. Me refiero a un proyecto, a una idea que se había mostrado eficaz y que ha sido literalmente dinamitada por los celos de un propietario que habiéndole otorgado todo el poder a Mateu y Marcelino porque ni él, ni su recadero, ni su cohorte celestial de pelotas saben hacer la O con un canuto en cuestiones ‘futboleras’, de repente, decide la voladura del Valencia CF como si fuese un enemigo del valencianismo y no el accionista mayoritario de la sociedad. 

Es posible que al técnico asturiano le haya faltado mano izquierda para manejarse con la propiedad: Marcelino no es un dechado de diplomacia. Pero el Valencia no lo contrató por su capacidad de bajarse los pantalones cuando quiera el jefe, que para eso ya tiene un buen ejército de ‘cinturones flojos’, si no por sus capacidades como entrenador y esas capacidades, con errores como todos cometemos, han sido perfectamente verificadas en los dos años que llevaba ocupando el banquillo de Mestalla. Lo cual deja a las claras que hemos asistido a una demostración de fuerza del terrateniente a costa del Valencia CF. Un aviso a navegantes para recordar que aquí el importante es él y quien levante la voz acabará corriendo la misma suerte que Marcelino con independencia de su rendimiento. No es importante ser eficaz, lo importante es ser servil. ¿Qué es eso del Valencia de Valencia y el Valencia de Singapur? EL VALENCIA SOY YO. 

Habiendo tenido razones más que solventes cuando el equipo, con Marcelino en el banquillo, se arrastró literalmente en la clasificación el año pasado ha querido hacerlo ahora porque los tiempos del fútbol no me interesan. El TIEMPO… TAMBIÉN SOY YO. 

Quien quiera creerse el cuento de los canteranos es muy libre de hacerlo. Yo... no lo haré. Y soy el primero entusiasmado con la posibilidad de que futbolistas como Kangin Lee, Ferrán Torres o los que puedan llegar, triunfen en el Valencia como lo han hecho Gayá, Carlos Soler o Albelda pero una política deportiva sostenible debe responder a un plan y aquí no hay plan alguno porque , de haberlo habido y si Marcelino no quería hacerlo suyo , el relevo se hubiera hecho en verano y no ahora. Aquí no hay más plan que la reverencia al amo. A un amo que se pasó el Centenario por el ‘arco del Triunfo’, que no ha tenido nunca consideración alguna con la afición valencianista y que ha entrado en el Valencia como un elefante en una cacharrería sin conceder la más mínima oportunidad de que sea el Valencia quien entre en él. 

Ahora no queda otra que esperar que Albert Celades tenga toda la suerte que va a necesitar para sacar adelante los objetivos del Valencia. Que gane la fe de un vestuario que ha demostrado estar ‘a muerte’ con Marcelino. Que se muestre capaz de debutar con solvencia en un grande sin haberse sentado jamás en un banquillo de primera división y que se olvide de eso que dijo ayer de que los resultados son los que mantienen a los entrenadores. Eso es lo que pasa en el fútbol que él conoce y en el que conocíamos todos hasta la llegada del Mesiás. Aquí la cosa ya no va de ganar partidos sino de tener al jefe contento. Aunque... si esta noche conquista tres puntos en Barcelona, mejor que mejor.

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