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El catecismo

30/10/2021 - 

VALÈNCIA. Desde el pitido final del choque ante el Real Madrid, en el que el equipo dio el alma hasta acabar muriendo en la orilla, la deriva del Valencia viene tomando un cariz harto preocupante. Las buenas sensaciones desplegadas en el inicio de campeonato se han desvanecido hasta volver a encontrarnos con un equipo escaso y desnortado al que se le hace una montaña afrontar un partido de fútbol y se le ´hace bola’ el balón entre los pies. No faltan, como suele ser habitual, quienes cargan sobre el entrenador las responsabilidades sobre lo que viene ocurriendo y, obviamente, es él quien debe encontrar soluciones, pero no me creo que Bordalás haya cambiado ni un punto ni una coma del catecismo con el que llegó bajo el brazo, que hablaba de solidaridad en el campo, de seriedad defensiva y de ir a campo contrario a presionar al rival hasta la asfixia. 

Creo, más bien, que entre que faltan jugadores titularísimos, que los que no los son están muy lejos del nivel mínimo exigible y que los resultados se han torcido… la fortaleza mental -y posiblemente también la física- de la plantilla no alcanza para poner en práctica las verdades de un catecismo que exige un sacrificio extraordinario sobre el terreno de juego y una disciplina táctica milimétrica que acaban siendo estériles si falta la calidad mínima para llevarla a cabo con éxito. Ni creo que el técnico alicantino haya pedido al equipo que deje de presionar arriba, ni que haya rebajado ni un ápice de la exigencia que, a todos, nos hizo pensar, en un primer momento, que devolvería al Valencia el nivel competitivo que ha ido perdiendo a girones en los últimos años. Pero lo bien cierto es que el castillo de naipes se está desmoronando a las primeras de cambio: el equipo defiende como un equipo de alevines, el centro del campo ha perdido cualquier posibilidad de gobierno de partido y arriba damos menos miedo que Heidi. 

Este Valencia, sin sus titularísimos y con la fragilidad que viene mostrando, es un equipo del montón que no puede aspirar a otra cosa que no sea la permanencia y eso no es achacable al entrenador salvo en una cuestión que sí se le podría reprochar. El Valencia tiene una plantilla corta en la que escasea el talento, excepción hecha de los tres o cuatro futbolistas que todos tenemos en mente y Bordalás, imagino que creyendo que podría suplir la calidad con una buena dosis de esfuerzo, sacrificio y exigencia, ha sido, desde que llegó al Valencia, el primer defensor de quienes , realmente, son responsables de que el Valencia CF no tenga una plantilla a la altura del Valencia CF. 

Entiendo perfectamente que una oportunidad como está no la podía dejar pasar y que no parece muy recomendable ‘romper la vajilla’ a las primeras de cambio pero Bordalás se lanzó a mar abierto a nadar entre tiburones y en el pecado… lleva la penitencia. Más allá de ese particular, sigo pensando que Bordalás atesora los principios fundamentales con los que reconstruir la personalidad del equipo si este es capaz de aplicar con toda la fe posible los postulados de su catecismo. Si, por el contrario, el equipo o parte de él, no asume como propios dichos postulados y se empeña en parecerse a los que habitan el palco… estaremos ante otro fracaso que, en realidad, no sería otro sino el mismo y único fracaso que viene viviendo el Valencia desde que llegaron los ‘salvadores de la patria’.


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