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opinión

El corto plazo

9/11/2019 - 

VALÈNCIA. El martes, el aficionado tuvo, por fin, la oportunidad de darse un festín de fútbol y goles en la segunda parte cuando se presagiaba lo peor tras una primera,  otra vez, dubitativa y decepcionante. Una noche en la que había tanto en juego... a nadie agradó que el Valencia volviese a mostrar su cara más gris ante un rival sí peleón pero con muchos menos argumentos futbolísticos de los que atesora la plantilla valencianista. Y fue una vez más, como ya sucedió ante el Getafe, un accidente en forma de lesión lo que hizo cambiar el decorado con la presencia de Ferrán Torres sobre el terreno de juego. La decisión inicial de Albert Celades insistiendo en la participación del coreano Kang In Lee resultó ser errática y fue el momento de la lesión de Cheryshev lo que propició un cambio radical en el juego del Valencia que se vería reforzado cuando en la segunda mitad salió Vallejo para sustituir al joven futbolista asiático al que se está haciendo un flaco favor sometiéndole a una presión para la que todavía no está al 100% preparado. Esa segunda mitad demuestra que hay plantilla suficiente para afrontar todos los compromisos que propone la temporada, que hay amor propio suficiente dentro de ese vestuario para rehacerse ante un adverso trance y también demuestra que el equipo es capaz de buscar el tercer o cuarto gol y no replegarse atrás cuando se ve superior al rival. Pero también evidencia otro tipo de cuestiones a corregir: El juego del equipo siempre brilla más desde las correcciones del banquillo -bien sea por accidente o por decisión técnica- que desde los planteamientos iniciales en los que, de momento, Celades no está acertando. También quedó claro que el fútbol del Valencia fluye con mayor facilidad instalado en un sistema que, pese a no ser el que gustaría al técnico catalán, evidentemente le funciona 1000 veces mejor al equipo. Si todos los experimentos llevados a cabo llevan a Celades a la conclusión de perseverar en lo que si funciona añadiéndole ciertos aditivos que ya nos ha enseñado, que son positivos y que pueden enriquecer al equipo, el Valencia recuperará definitivamente la fiabilidad extraviada y, como aún se está a tiempo de todo, se puede luchar por objetivos verdaderamente ambiciosos. 

La liga es otro cantar y las dos victorias consecutivas ante Español y Lille deben servir para coger velocidad de crucero y abandonar definitivamente la parte baja de la clasificación. La visita del Granada, pese a ser el equipo revelación de la temporada, supone una buena oportunidad para encadenar una tercera victoria consecutiva, segunda en liga, que termine reforzando al equipo y dotándole de la confianza necesaria con la que enfrentarse a una temporada que exige regularidad, entrega, intensidad y atención máxima. El equipo ya demostrado que no se rinde y ese es un argumento de peso para la esperanza. Solo falta que el nuevo cuerpo técnico sea suficientemente permeable para asimilar lo que funciona y lo que no y sea capaz de identificar quién está y quien no para administrar con eficacia una plantilla excelente lo que queda de temporada. Y también falta, aunque eso parece algo más complicado, que desde el alto mando, ya que no parecen tener nada bueno que proponer, por lo menos no vuelvan a dinamitar el vestuario como lo hicieron en el mes de septiembre.

Todas las demás cuestiones que tienen que ver con la organización de un club que, obviamente, está en manos de quien no sabe organizarlo: la reconstrucción de la estructura deportiva después de abrir la puerta a Mateu Alemany y la inquietante ausencia de un plan con el que caminar el futuro con ciertas garantía tendrán seguramente consecuencias en el medio y largo plazo y sería importante encontrar un rumbo. Pero atendiendo al corto plazo, sería una verdadera pena malograr la temporada que tenemos ahora entre manos porque, pese a las dificultades, nada hay perdido y todo está por conquistar.

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