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opinión / OPINIÓN

El elixir de la eterna juventud

14/02/2020 - 

VALÈNCIA. Hay un momento en la vida en que te das cuenta de que te has hecho mayor. Sin que lo hayas visto venir, sin conocer el preciso instante en el que ya no eres el de antes. De repente, hay cosas que hace la juventud que no entiendes, que te son completamente ajenas, y el mundo que comprendías empieza a hacerse ininteligible a tus ojos. Luego está el tema del físico. Te notas cada vez más cansado cuando realizas actividades de las que, en otro tiempo, te recuperabas con una facilidad asombrosa, ya sea de una noche de fiesta, ya sea de un día en el gimnasio, como si el renacer diario hubiera terminado para siempre. Es ese día en que percibes que, como decía Gil de Biedma, envejecer y morir es el único argumento de la obra, que nunca volverás atrás para ser joven.

A los equipos de fútbol les pasa lo mismo. Una temporada, el equipo que otrora fuera ganador, comienza a perder con los mismos jugadores, con el mismo esquema de juego, con la misma dinámica de trabajo. Los futbolistas que lo integran van teniendo una edad y, sin notarlo de una manera empírica, llegan una milésima de segundo tarde a un cruce defensivo, a un remate o a completar un pase. Y eso implica, siempre, que las victorias se transformen en derrotas. En ese caso, al revés que en la vida, hay solución: renovar la plantilla de manera inteligente, vendiendo a aquellos jugadores que percibes que han iniciado un declive y comprando otros que ves que comienzan una ascensión en sus carreras. El fútbol moderno consiste en eso y solo los clubes que gestionan bien el envejecimiento, la senectud virtual de sus activos, sobreviven en la inmensa y complicada jungla que entiende de fair play financiero, límites salariales y ventanas del mercado. Para llevarlo a cabo, hay que tener un plan, saber en qué momento se debe recurrir al elixir de la eterna juventud y poder seguir compitiendo sin mirar atrás.

El fútbol es tan volátil que el envejecimiento puede sobrevenir en una temporada. Se empieza bien, ganando los partidos y dando la sensación de que este año será una de esas fechas mágicas que pasarán a la historia del club porque se alcanzará un título, un torneo memorable o una gesta inesperada. Pero los avatares del destino hacen que, a mitad de la campaña, te des cuenta de que las ilusiones que has creado son vanas, se evaporan como las lágrimas en la lluvia del replicante de 'Blade Runner'. El equipo empieza a tropezar y lo que antes era optimismo deviene entonces pesimismo, la sensación de invencibilidad se transforma en vulnerabilidad.

El Valencia vive ahora inmerso en esa dinámica. Da la sensación de que, pese a las trabas que la propiedad ha ido poniendo en el camino, el equipo ha llegado a mediados de invierno, cuando los candidatos a los títulos empiezan a vislumbrarse, bien situado para disputar títulos y lograr los objetivos, mas con un punto de cansancio que se transmite de forma evidente. Puede ser la enorme carga de lesiones, que ha castigado a la plantilla en la primera mitad de la liga de forma incruenta y que puede tener que ver con el caos médico que se ha instalado en el club, puede ser la mala suerte, un clavo ardiendo recurrente al que agarrarse en el momento en que no salen las cosas como se desea, puede ser la falta de planificación desde los despachos, que ha dejado al equipo sin recursos cuando se juega la vida para conseguir sus objetivos. Pueden ser todos esos factores al unísono, pero lo cierto es que, eliminados en una Copa que al Valencia se le presentó en bandeja para volver a ganarla, a punto de desengancharse de la lucha por los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones el año que viene y con la amenaza de una eliminatoria de Champions en forma de peligrosa trampa, el Valencia solo puede recurrir ahora al elixir de la eterna juventud, que, en este caso, no es sino un estado anímico que haga olvidar el cansancio, la vejez y el peso de las piernas para salir adelante.


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