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opinión

Es ahora, Valencia CF

2/05/2019 - 

VALÈNCIA. Fue una de las páginas más gloriosas del club. Ocurrió el 14 de mayo de 1980. El héroe fue Pereira y el icono para grandes y pequeños, el gran Mario Alberto Kempes. Esa noche de júbilo ché la tropa coreó el triunfo en la final de la Recopa. Valencia y Arsenal llegaron empatados al término de la prórroga (0-0) y la final se decidió por penaltis. Kempes falló el primero, pero Solsona, Pablo, Castellanos, Bonhof y Arias transformaron los suyos. El Valencia campeonó cuando Rix falló su pena máxima y aquel equipazo, comandado por Alfredo Di Stéfano, se llevó la Recopa a Valencia. Más cerca en el tiempo, aquellos cruces eléctricos ante el gran Arsenal de Henry, donde el Valencia, un equipo potente, rocoso y organizado, logró someter a los ingleses. Aquel Valencia era una máquina de competir y acabó lapidando las esperanzas inglesas gracias a Carew, aquel pintoresco gigante noruego de dos metros de altura que fue el verdugo de los “gunners”. 

Como quien olvida la historia se condena a repetirla, el Arsenal no se fía del VCF. Y hace bien. Entre otras cosas, porque a pesar de que conoce casi todos los secretos del Valencia, porque Emery es un enemigo íntimo, el equipo de Marcelino es un hueso difícil de roer. Y en la humilde opinión de quien esto escribe, está preparado para dar el gran salto y disputar otra final continental. Marcelino acude a la cita con lo mejor que tiene: la misión de su equipo es lograr que no se noten bajas sensibles como Kondogbia, Coquelin y Cheryshev. Su plan, el habitual: contener la marea “gunner”, robar, montar una transición rápida y ser letal al contragolpe. Si los grandes partidos se definen por pequeños detalles, Marcelino sabe qué método necesita su equipo para imponerse en el templo sagrado de Londres: el dominio de ambas áreas. Si el Valencia, incluso renunciando al imperio del centro del campo para elaborar, es capaz de no regalar en su área y lastimar en la del rival, tendrá pie y medio en la final de Bakú. El día que fue presentado como nuevo entrenador del Valencia, Marcelino articuló un discurso corto y en vena: “No tengo una varita mágica, pero este equipo va a ser dinámico, va a respetar la historia y exigencia del Valencia. Vamos a ser competitivos y tenemos que ser ambiciosos. No vamos a defraudar”. Dicho y hecho. En ello andan entrenador, vestuario y club. Cuando las aguas bajaban revueltas, el club aguantó la presión. Y ahora que la recompensa está cerca, todos son conscientes de lo que hay en juego. No se juega una final europea todos los días. 

Hace 18 años que el Valencia no se mete en una final europea. Entonces, en agosto de 2004, derrotó al Oporto en la final de la Supercopa de Europa, con los magníficos Baraja, Albelda, Cañizares, Mista y Aimar. Un equipazo con mayúsculas. Ahora tiene la gran oportunidad de reescribir su propia historia, de alcanzar otra gran final y de instalarse en la flor y nata de la aristocracia europea. Enfrente, el Arsenal. Un rival incómodo, con calidad y cromos caros. Al otro lado del ring, el VCF. Un equipo que aspira a redondear su temporada consiguiendo estar presente en dos finales, la de Copa del Rey y la de la Europa League. Una ocasión de oro. Si sale mal, el club podría quedarse a las puertas de la gloria y aparecerían los agoreros de turno para desprestigiar lo conseguido. Ley de vida. Ahora, si sale bien, el Valencia enviaría un mensaje contundente al planeta fútbol: este club, grande de España y de Europa, ha vuelto para quedarse definitivamente. Jugar dos finales y luchar por un doblete en plena temporada del Centenario es el mejor tributo posibles a cien años de historia blanquinegra. Marcelino lo sabe. El vestuario lo sabe. El club lo sabe. Y el valencianismo, que tiene muchos motivos para la ilusión y licencia para soñar con lo mejor, también lo sabe. Es ahora, VCF. Ahora. El premio es enorme: posibilidad de entrar en Champions, chance para levantar un trofeo y recuperar el terreno perdido en Europa, conquistando prestigio, fama y fortuna. Sí, el momento es ahora, Valencia CF. Ahora.

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