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opinión

Factoría de dolor

5/10/2019 - 

VALÈNCIA. Hoy es día de partido. Uno de esos días en los que todo el valencianismo aparca sus diferencias durante noventa minutos para empujar a su equipo hacia una victoria necesaria con la que minimizar distancias con los de arriba para mantenerse vivo en la lucha por sus objetivos. El Deportivo Alavés, que tampoco está para ‘echar cohetes’ y se parece poco al que deslumbró bajo la batuta de Abelardo va a ser la última piedra de toque antes del parón liguero que debería servir a Celades para celebrar -a pesar de las numerosas ausencias por las selecciones- una suerte de pretemporada que le termine de familiarizar con la plantilla heredada y sería más que importante poder abordarla con una victoria más en el casillero. Pero este Valencia de nuestros desvelos se está convirtiendo en una factoría de dolor. La maquinaria del Club desde que está en manos de quien está desprende un hedor difícilmente respirable para quienes, lejos de reclamos títulos y gloria, nos conformaríamos con una dosis razonable de sentido común. Y cuando se hace público un affaire como el denunciado para Santi Cañizares que, por ser crítico con la propiedad, ve abortada su iniciativa en la lucha contra el cáncer infantil para la que había involucrado al propio Valencia CF, uno prácticamente se olvida del balón para lamentar profundamente la deriva que está tomando la entidad por el triste comportamiento de sus máximos dirigentes. Llegados a este punto se plantea una cuestión de credibilidad y a tal efecto creo importante destacar dos cuestiones que atañen a los dos principales protagonistas de este lío: Santi Cañizares, más allá de su condición de jugador histórico del Club, capitán del Valencia y -para un servidor- el mejor guardameta que ha defendido la portería valencianista, es un personaje controvertido. Su histriónica personalidad, su dimensión mediática y su decidida pretensión de no eludir cualquier charco que se le ponga por delante lo colocan en una posición que no deja lugar a la indiferencia levantando pasiones y recelos allá por donde pisa. Pero.. ante una cuestión tan delicada, que ha padecido en sus propias carnes con el inmenso dolor y desconsuelo que genera - y hablo por experiencia propia- no creo, en absoluto que Santi ni juegue ni instrumentalice algo tan grave. Me creo a Cañizares al ciento veinte por cien. 

En cuanto a la otra pata de este banco... el Presidente circunstancial del Valencia CF, ha dejado sobradas muestras de su difícil relación con la verdad, de su dudosa catadura moral y de su dolorosa falta de sensibilidad para con el valencianismo. Su credibilidad está por los suelos y buena muestra de ello es el presunto hackeo que sufrió en su cuenta de Twitter: no le creyó ‘ni el tato’ y eso es algo que debería hacerle reflexionar. La impronta que está dejando en su paso por la presidencia es tan pobre y tan decepcionante que, no siendo el principal responsable de todas las tropelías que se están cometiendo porque el responsable es su ‘señorito’, lo coloca día a día en la diana de quienes quieren de corazón al Valencia CF y lamentan profundamente ver a su querida institución en unas manos tan incompetentes como irrespetuosas. Ante una aberración como la acontecida con el proyecto propulsado por Cañizares y el comportamiento de la dirigencia del Club, poco importan las vagas explicaciones divulgadas, una vez más, mediante un aséptico comunicado: no se las cree nadie salvo aquellos dedicados interesadamente o no al blanqueamiento del esperpéntico personaje. 

La credibilidad no la proporciona un cargo por importante que este sea, y el de Presidente del Valencia CF lo es y mucho. La credibilidad se la ganan las personas. Aunque sé que le importa todo un bledo, desde este rinconcito y con la mayor humildad posible, pediría al propietario el 82% de las acciones del Valencia CF que, más allá del acierto o desacierto en sus decisiones, tuviera un mínimo de sensibilidad para colocar en la presidencia de una institución centenaria que concita tantas emociones, a alguien digno de representarla porque ha vuelto , una vez más y ya van muchas, a arrastrar el buen nombre del Valencia CF. 

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