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Guimarães y Braga: aquí empieza Portugal

A pocos kilómetros de Oporto se esconden ciudades tan hermosas como Guimarães y Braga, que te adentran en la historia del país vecino y te deslumbran con sus encantos 

29/12/2020 - 

VALÈNCIA.-Con un Portonic en las manos y la mirada puesta en esa estampa de casas bajas junto al Duero escribo estas líneas. Lo hago saboreando ese instante y prometiéndome a mí misma que regresaré pronto, que Oporto me aguarda para una próxima huida. Lo haré porque en esta ocasión no era mi destino final sino el punto de partida para explorar nuevos lugares y conocer la historia de nuestro país vecino. Por eso, mi primera parada debía ser Guimarães, el lugar donde nació Portugal: «Aqui nasceu Portugal».

Un hecho que la propia ciudad recuerda en los restos de sus murallas pero que también escriben los muros de su castillo, sus palacios y casas bien conservadas pese al paso de los siglos. Sí, «aqui nasceu Portugal» por un hecho que se remonta al 24 de junio de 1128. En esa fecha  Afonso Henriques se enfrenta a su madre, Teresa de León (infanta de León y condesa de Portugal) en la conocida batalla de Sao Mamede. En ella, Alfonso ganó la batalla, expulsó a su madre y aprovechó para declarar el condado como territorio independiente. Unos años más tarde sería reconocido como el primer rey de Portugal.

Con esa historia subo la colina sagrada y me llego hasta el castillo. Será el día gris pero a medida que me acerco a la fortaleza me imagino a los normandos y los árabes intentado asediar el lugar en días oscuros como el de hoy. Tiempos pasados que palpas al poner las manos en sus paredes repletas de muescas, muchas de ellas hechas por quienes construyeron esos muros. Hoy su puerta está abierta y el interior vacío pero en en él las escaleras te llevan de una almena a otra para admirar las vistas. Son tiempos raros y no puedo visitar la Torre del Homenaje —hoy es un pequeño museo con la historia de Portugal— pero aun así disfruto del recorrido. 

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Ubicada históricamente, me acerco hasta la pequeña iglesia de San Miguel, donde se dice que el primer rey de Portugal fue bautizado. Se pone en entredicho porque la iglesia podría ser posterior al siglo XII.  Hay más chismorreos en la ciudad porque las malas lenguas dicen que el palacio de los duques de Braganza fue construido por Alfonso I, duque de Braganza, para utilizarlo como refugio para él y su amante. Si antes me imaginaba las guerras, ahora en las dependencias del palacio me traslado a aquellos viajes a África de sus dueños, a tiempos de bailes en sus grandilocuentes salones y a una época próspera. Lo hago a través del mobiliario de la época, los enormes tapices y esa mezcla de estilo francés e inglés que me llama la atención. La imaginación vuela al ver, en el dormitorio de Alfonso I, una escalera en espiral que conecta con un segundo nivel de habitaciones. A esa planta no se puede acceder porque es la residencia oficial del presidente de la República portuguesa cuando viene aquí.  

* Lea el artículo completo en el número de diciembre de la revista Plaza

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