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opinión

Ideas (futuras) de Centenario

17/01/2019 - 

VALÈNCIA. Crónicas del Centenagrio (Paco Gisbert dixit). El Centenario está sirviendo, sobre todo desde antes de que llegaran los cien, para recuperar la historia, para desempolvar memoria. Como desde luego no parece que sea el ciclo para hacer historia, la movilización ha ido dirigida a documentarla. Era fundamental, tocaba ganar músculo sobre el pasado propio. El hábito furibundo del valencianismo por no mirar atrás y buscar el más difícil todavía, nos hizo voluntariamente olvidadizos. Han cambiado las cosas. Pese a nuestro cuñadismo autodestructivo, el Valencia sí tiene quien lo psicoanalice a partir de su pasado. “Ya os parecéis a nosotros”, bromea algún levantinista.

Pero en el Centenari hay un gran ausente: el futuro. Por miedo a plantearnos qué ser de mayores (evidentemente no se trata de inventarlo, solo de buscar algunos consensos) o por pura pereza, por salir del paso sin complicarnos demasiado la vida, ni club ni entorno plantean el porvenir. “Con lo que ha costado llegar vivos, como para imaginar lo que vendrá…”, debemos pensar. 

Pero es, era, la ocasión para movilizar, no como para tomar el año como un trámite simbólico. Para ensanchar y escapar de una cifra, los 35.000, que parece la tarifa plana de Mestalla. Para no seguir con la ley de que todo dependa del estado deportivo.

Solo tengo algunas ideas. Todos tenemos algunas, algunas afortunadas, otras no. Por eso se echa de menos una ‘llamada a proyecto’, un panel masivo, para que el proceso colectivo de ideación del centenario fuera parte del provecho.

  • La cápsula de testimonios. Los archivos del valencianismo. Qué regalo para todos nosotros poder instalar los archivos en los que, en 2019, el valencianismo decidió guardar sus deseos para los próximos 100 años, bajo llave, en un espacio preferencial, a la espera y con la petición de que en 2119 -si algo queda, si alguien queda- se abran para retratar cómo era la vida de este club 100 años antes.

  • La agenda de las viejas leyendas. Más allá de jarrones chinos, la necesidad de formar un ciclo continuo en el que los más veteranos, quienes más simbolizan las esencias del club, se encuentren con jóvenes canteranos para tutorizar y generar una transmisión de valores. Una propuesta de club. No para utilizar a los que estuvieron como elemento decorativo, sino como palanca productiva

  • El mapa de los lugares del Valencia: de la Bajada de San Francisco a Algirós, aquellos emplazamientos que fueron importantes, de nuevo recreados a través de la realidad aumentada, a golpe de celular. Una herramienta de futuro para hacer turismo sobre nuestro propio pasado.

  • El manual del jugador del Valencia: El momento para editar el volumen al que los jugadores del club deberán atender cuando lleguen. Otro intento simbólico -¡qué es la cultura de club si no una amalgama de símbolos!- con el que evitar refrendar al Valencia como simple trampolín. El libro con el que explicarnos y apuntalar algunos códigos básicos.

  • El gran estudio demoscópico: Si siempre hablamos a partir de impresiones, ¿no es tiempo para plasmar los pensamientos mayoritarios del valencianismo? Un estudio demoscópico a Mestalla, peñistas, militantes en el que plantear las preferencias respecto a qué estilo de fútbol, qué estructura de club, qué formato de estadio…  y un sinfín de cuestiones mayores. A cambio de la participación, el carnet de miembro del Valencia (sin especificar, Anil, entre tus buenos o los malos).

  • Los muros del valencianismo: Promover, alimentar, disponer de zonas entre el propio estadio en el que cada año ilustradores y diseñadores, estudiantes creativos, compongan sus obras de inspiración valencianista. Este año un puñado de ellos lo hacen virtualmente, por voluntad propia, sin respaldo oficiales. Conviértase en cita habitual. 

Solo algunas ideas probablemente sin demasiado sentido. Digamos las nuestras. Un Centenario vivo debe servir para preparar y no tan solo para añorar. 

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