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opinión

Kamikazes 

15/10/2019 - 

VALÈNCIA. Ayer leí: “Peter Lim prepara una revolución en la parcela deportiva…” y digo yo: pues, como siempre, lo hace sin atender a lo que se le dice, se le aconseja o conviene para el Valencia CF, solo guiado por el chispazo de sus profundos conocimientos de nuestra cultura, nuestra historia, nuestra idiosincrasia futbolística, etc. Si ya nadie discute que es el máximo accionista y que tiene sometido al club a sus gustos e impulsos, ¿pero no estaría bien que escuchara un poco a su alrededor y así las fricciones serían menos habituales? ¿no sería conveniente que realmente atendiera a la gente de aquí y considerara su opinión y sus motivos? Malo es cuando tu peor defecto es no saber escuchar a los demás, creer que no necesitas de nadie para actuar. Malo, porque la ignorancia, al final, genera una confianza ciega en uno mismo y, sin darte cuenta, te convierte en un auténtico kamikaze, sin control ni orientación, solo movido por tu deformada visión de la realidad: esa realidad que solo ves tú.

Lo de Luis Fernández nadie puede llegar a entenderlo: quien considere que es la persona perfecta para encabezar la parcela deportiva del club es que no entiende nada. Quien tenga en mente que esto responde a un plan,equitativo al que ocurre en el PSG, en el City, en el Chelsea y en tantos otros clubes de realengo, es que aún me demuestra entender menos de fútbol: imitar modelos desde la chapucería solo da malos resultados. Es decir, si tú quieres imitar el modelo PSG sin poner el dinero que pone el jeque del PSG solo haces el ridículo, así declaro. Es como lo que hace el gobierno con la educación pública en España: la teoría educativa, sobre el papel, es maravillosa, lo malo es la práctica, a la que no pones medios suficientes o, peor aún: los medios que pones son insuficientes. Y como esto, otras muchas cosas. 

Ahora mismo lo único que hemos recibido son explicaciones burdas sobre cangrejos y susceptibilidades infantiles, así como un plan de estructura deportiva que no tiene raíces en el club y que necesitaría un tiempo de adaptación a todo. Otra vez. Y así siempre: proyectos que ya nacen mal paridos y que no superan cortos períodos de existencia, por su propia esencia antinatural. Es la historia de siempre, como si estuviéramos en el mismo infierno, por haber vendido las acciones, como el alma, a un coste muy alto (y no estoy hablando de lo económico). 

Un club de fútbol tiene tres gestiones paralelas, complementarias y simultáneas: la económica, la deportiva y la afectiva. Con un club que necesita vender todos los años y que no ha reducido ni un euro la deuda; con un equipo que, tras conseguir estabilizarse en los dos últimos años, ha divagado mucho tiempo en tierra de nadie, hilando fracasos y con pseudotécnicos y pseudofutbolistas abaratando el precio de entrenar y jugar en el Valencia CF; y con una dirección incapaz de tener empatía con sus aficionados y de abrir frentes constantes contra ella… Tras cinco años ¿qué han conseguido? ¿Algo de lo dicho ha funcionado bien? Se han mejorado los números, pero la deuda y el estadio están ahí, como fantasmas; un técnico y un director deportivo mejoraron la plantilla y sus resultados, pero se los han cargado a los dos cuando han creído que era el momento de dar un salto cualitativo y apelaron a los cangrejos; un presidente que manda callar a su afición y un máximo accionista al que le da lo mismo todo, con un sector importante de la grada valencianista enfrentada, con unas peñas que ya no están tan unidas, con un público que ya no sabe qué más hacer para que las situaciones se estabilicen. 

El balance es ruinoso, malo, fracasado, pero la medida tomada es no escuchar, porque ya saben demasiado, ya conocen a la gente de aquí y les da lo mismo. Eso sí: todos a callar, que aquí el que manda es Lim. Pues bien, en mi casa mando yo, de mis palabras y acciones mando yo y de mi valencianismo mando yo, ni Lim, ni Lam, ni Lum. Y no lo digo con tono subversivo, sino defendiendo una libertad de expresión que, en España, debería seguir existiendo. Ya no sé si existió alguna vez en Singapur. Una cosa es que no se quiera escuchar a nadie, aunque no se ofenda ni orqueste campaña alguna, pero otra cosa es que, además, quieran hacer callar a los que no piensan como ellos

Compararse con PSG, City, Chelsea y demás es engañar a la gente: allí los propietarios no han hecho colonialismo, ni han modificado las costumbres, ni han acallado las críticas de sus seguidores, socios y accionistas. No han vulnerado la esencia del club que han comprado: tan solo (y es mucho) han construido un proyecto con personas altamente cualificadas, han inyectado todo el dinero del mundo y han dejado trabajar. Lo de aquí ¿en qué se parece?



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