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opinión pd / OPINIÓN

La casa encantada

7/07/2020 - 

VALÈNCIA. Tengo la sensación de que los Lim’s Family tienen un debate interno: por un lado, están aquellos que no son conscientes del monstruo que están creando con sus manos y sus palabras y tampoco lo son de las consecuencias dramáticas que suelen tener este tipo de actos despóticos ante cualquier revolución que se precie. Bastaría con entender la historia, o acaso solo con estudiarla un poco. Por otro lado, está ese sector, quizá más prudente, que pide disculpas ante lo que saben que no está bien, pero en el fondo es lo que tiene estar al mando de una empresa. La complicidad, enmascarada de silencio parsimonioso, no acusa, pero tampoco exime de culpa a quien la practica, si realmente se quiere a la persona que está equivocándose ante nuestros ojos. Cada cual que vele por lo suyo eso está claro, pero no sé si, con estas acciones empresariales, tan poco profesionales en muchos casos, se está dinamitando una fortuna. De sus efectos, el predecesor en la presidencia del Valencia CF, Juan Soler, podría hacerles un máster. Pero para eso cabría estudiar antes, también, a qué mundo llega uno y eso, creo, que tampoco lo han estudiado. Lo malo de la ignorancia es que se coge confianza y el exceso de confianza se transforma en soberbia ciega. Quizá esto tendría que escribirlo en inglés, para que le llegara a Lim, ya que solo les interesa en Singapur aquello que se publica en ese idioma, en otro gesto más de desprecio de aquello que han comprado parcialmente.

En efecto, Meriton Holdings ha querido dar muestras, en estos días, de tener muy clara su política comunicativa, sacando un ridículo tweet donde se ponía como logro el pase a octavos de final de la Champions de Celades. Evidentemente, esto demuestra muchas cosas: la primera, que siguen desconociendo la historia actual de este club y les da igual, porque alguien, no sé quién, les hizo creer que eran salvadores gloriosos de un equipo de media tabla. Y lo siguen creyendo, en verdad, aquellos cuyo país (o nacionalidad) es más joven que la propia institución que administran. La segunda, porque han querido poner un éxito (de paso podrían poner que han sido eliminados de esos octavos con ocho goles en contra en dos partidos y haciendo el ridículo) al lado de su gestión y se exime, así, de sentirse culpable por tener que despedir a un entrenador sin capacidad alguna para llevar un equipo con este. Es decir: “era bueno, hizo lo que queríamos, pero lo tuvimos que echar porque la gente en Valencia es mala y nosotros no”. La culpa o es del cha-cha-chá o de la afición, pero no de Meriton Holdings, que es el garante del éxito. El tercero, es esa voluntad, producto, sin duda, de un profundo complejo de inferioridad no trabajado por algún psicólogo o psiquiatra, de querer dar notoriedad al poder de la propiedad del Valencia CF. Cosa que no es cierta, porque si yo he comprado un casa, pero hay una habitación pequeña, oscura, bajo la escalera si quieres, que no es mía, sino de otros miles de propietarios, entonces la casa no es completamente mía, aunque yo haga y deshaga en ella lo que me dé la gana sin contar con los hijastros que viven en el submundo del semisótano, que apenas visito, al que apenas alimento y del que apenas me acuerdo solo cuando hay que pagar la luz, el agua, la calefacción, la comida, las mordidas, las facturas pendientes, y otra serie de gastos corrientes, donde, de pronto, Meriton Holdings aparca su vitola de único señor y entonces reparte (e incluso exige) las responsabilidades con ese sombrío mundo de la habitación oscura (desde su perspectiva, claro). La niña mala siente desprecio por esa gente que siempre acaba salvando la vergonzosa actuación de los dueños, mientras que el niño bueno siente compasión por ellos, pero no actúa tampoco para que, alguna vez, se sienten en el salón. También dirá este que él casi no pasa por casa y que para eso ya hay responsables que se hacen cargo de las necesidades de todas las partes. Razón no le falta, como tampoco nos falta a nosotros. Pero lo cierto es que han convertido la casa del valencianismo en una mansión encantada, donde sabemos que los fantasmas están, nos condicionan y nos amenazan constantemente, aun sin verlos, pero nadie se atreve a realizar un exorcismo, porque aquí no hay agua bendita que venga y ponga el dinero suficiente para sanar tan impura presencia. Pero quien con el demonio juega acaba quemado y eso es algo que la Lim’s Family no acaba de entender. Eso y que, aunque vendieran la casa, siempre habría una habitación que no sería suya nunca y que nunca podrían vender, así que solo son los máximos accionistas, no los dueños. Eso sí, los muertos nos los dejan aquí, vagando. De hecho, nosotros contamos con unas cuantas almas en pena rondando todavía por algunas habitaciones.

Lo malo de sacar pecho así es que realmente enmascara otro acto: la huida de las ratas cuando el barco se hunde. Del mismo modo que se pone el nombre de Meriton Holdings en el éxito, fugaz, pequeño e insignificante para la historia del club, se podría poner lo del “propietario” debajo de cosas como: más de trescientos euros de deuda y subiendo; estadio nuevo abandonado y sin pagar; siete entrenadores cesados en seis años; solo la mitad de esos años se ha clasificado el equipo para Champions, a pesar de ser el cuarto presupuesto de la Liga y el resto de años ni tan siquiera para Europa; contratar jugadores que huelen a estafa por precios que huelen a estafa más aún; desarbolar cualquier proyecto serio, deportivo y económico; alimentar nuestras acciones guiados por fobias, como la que le tuvieron a Cañizares y su proyecto contra el cáncer infantil; hacer de las oficinas del club una cloaca de silencios y miedos; darle la espalda a la prensa valenciana; hacer de la cuenta de twitter del club el hazmerreír nacional e internacional, y así hasta volver a darme cuenta de que esto no tiene solución, porque es lo que hay. Salvo que la masa se rebele de una vez y convierta en insoportable la convivencia. Saben que esto no va a pasar mientras sigan anestesiando a la bestia y por eso actúan con esa prepotencia casposa que igual te hace callar como te recuerda que el jefe no eres tú. Bien, pero sin el valencianismo no hay camisetas vendidas que valgan (entonces bajaría el patrocinio y su remuneración), sin entradas ni pases se cae un importante porcentaje de tus ingresos fijos de temporada; sin afición hay menos publicidad y se sigue devaluando tu empresa; si tu empresa se devalúa los jugadores buenos no vienen, aunque les da igual eso (a la vista está), y así, de nuevo, hasta sentir que peor no se pueden hacer las cosas. Desde luego, no me imagino a los de Meriton Holdings gestionando así de mal sus hospitales: ¿se imaginan que cometen varias negligencias médicas, con fatales consecuencias, y que la repuesta de la empresa fuera “estos hospitales son mío y hacemos lo que queremos. Eso lo que hay”? No, desde luego. Entonces, ¿por qué aplican tales métodos en esta empresa? Sí, es cierto que Peter Lim ha levantado un imperio, pero las decadencias vienen cuando la gestión se torna en tiranía y cuando los motivos se resumen en la simple autoridad concedida por el todopoderoso dios del dinero, en este caso. Igual que levantó su fortuna acabará sepultándola actuando así, salvo que los planes sean otros y, a nivel presupuestario general de su macroempresa, interese que el Valencia CF sea deficitario, para compensar los beneficios por otro lado y así evitar un pago mayor de impuestos. Solo se me ocurre esto para entender esta sinrazón. Ojalá Lim lo leyera, aunque no estuviera escrito en inglés, porque entender que el crítico es un enemigo es de tener una mente plana, hueca e inflexible. Ya no le pedimos ni dinero: nos conformamos con que escuche, que es gratis. Mientras, seguiremos viviendo esta historia de miedo en primera persona.

Posdata: para fantasma Sergio Ramos en sus declaraciones sobre si es el más idóneo para tirar los penaltis que solo le pitan a su equipo. Exacto, hay que tener poco remordimiento. Por cierto, nadie se ha dado cuenta de algo que dijo al acabar el partido contra el Bilbao: “los árbitros están para ayudar”. Sin duda, querido, y a vosotros más que a nadie.

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