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OPINIÓN

La maldición del nueve

7/12/2018 - 

VALÈNCIA. El pasado martes, el partido contra el Ebro sirvió, aparte de para echar una cabezadita a todos aquellos espectadores que llevaban cansancio acumulado desde el fin de semana, para refrendar que la política de fichajes del tándem Marcelino-Alemany en esta temporada había sido un absoluto fracaso. Y particularmente en lo que se refiere a la posición de delantero, la más importante para afrontar una temporada con la enorme exigencia que suponía disputar tres competiciones. Ni Batshuayi ni Gameiro parecen los futbolistas idóneos para encabezar el ataque del Valencia, perpetuando una especie de maldición que dura ya más de medio siglo.

Y es que el Valencia tiene el dudoso honor de ser uno de esos equipos que lleva buscando un delantero centro desde hace más de 50 años sin encontrarlo pese a que le haya pasado por delante de las narices en más de una ocasión. Eso sí, hay que reconocer a los sucesivos rectores del club su perspicacia para fichar jugadores que, al menos, han entretenido al público por diversas razones, todas ellas extrafutbolísticas.

Si exceptuamos nombres míticos en la historia del club que forjaron su leyenda por su capacidad goleadora pero que no eran "nueves" propiamente dichos (Valdez, Kempes, Penev, Claudio López, Mijatovic), el Valencia solo ha tenido dos grandes delanteros centros desde los tiempos del racial Ansola, a finales de los 60. El más reciente en la memoria es David Villa, que acabó jugando de segunda punta pese a que su vocación (y sus mejores años como valencianista) era la de killer del área. El otro fue el uruguayo Fernando Morena, que llegó al Valencia en el ocaso de su carrera pero que consiguió el gol que le dio al club su única Supercopa y lo llevó a pelear por la liga hasta las jornadas finales en 1981. Con esas dos brillantes excepciones, los arietes valencianistas se han caracterizado más por la voluntad que por el acierto, por provocar la risa o la indignación más que la admiración y el elogio. El más recordado de todos, sin duda, fue el austriaco Kurt Welzl, un tipo bigotudo, que parecía un personaje de la serie 'Allo, allo', que aterrizó en Valencia con el aval de haber sido máximo goleador de la liga holandesa y que, más que rematar los centros, le rebotaban con consecuencias imprevisibles para los sufridos ocupantes de la general de pie. Luego llegaron otros de similar rendimiento pero que daban menos risa, o al menos hacían reír menos a menudo, como Pedro Alcañiz, goleador en el Castellón antes y después de su paso por el Valencia, quien nunca halló la comprensión de la grada a su manera de concebir el fútbol con la cabeza agachada, Lucho Flores, mexicano que se salió en pretemporada pero que sufrió una especie de "efecto tequila" cuando la cosa iba en serio, el panameño Rommel Fernández, zanquilargo y torpón cuyo recuerdo está mediatizado por su trágico destino (falleció en accidente de automóvil en la temporada en que fue cedido al Albacete para ver si se revalorizaba), el croata Vlaovic, que era muy simpático incluso con los porteros rivales, la pareja cómica Diego Alonso y Salva, cuyos esfuerzos por contactar con el balón no se correspondían con el acierto en el momento de dar con él, o los más recientes Hélder Postiga y Nelson Haedo Valdez, trotamundos futboleros para los que el Valencia fue una muesca más en su triste colección de clubes en los que militaron.

No me olvido de perlas dignas de figurar en el museo de los horrores del valencianismo, como Iglesias, quien llegó con la marca de 99 goles en su carrera deportiva y se fue con los mismos o con alguno menos que habría caducado en el camino, Aristizábal, el flamante "escorpión" fichado por Roig que no picaba ni entre horas, el bailarín Romario, que agotó sus energías en las discotecas de la ciudad, u otro brasileño apodado Toni 'Lambada' que agotó su cupo goleador en un partido de Copa ante el Celta que no precisaba de tanto alarde.

Batshuayi y Gameiro van camino de engrosar esta dudosa lista de petardos ilustres que con tan poco orgullo luce el Valencia en la posición de nueves gloriosos. Y quien aprobó invertir casi 20 millones de euros en ellos, en la lista de gestores horrorosos de la que el club también tiene una larga y (desgraciadamente) inagotable tradición.

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