/ OPINIÓN

La puntilla

7/05/2022 - 

VALÈNCIA. La efeméride celebrada esta semana en recuerdo de la liga de 2002 y del estado de felicidad que se instaló en la sociedad valencianista que, después de haber visto a su equipo disputar dos finales de Champions, disfrutó de una temporada inolvidable que terminó con la consecución de la Liga, nos ilumina con un dulce haz de nostalgia pero, al mismo tiempo, nos coloca ante la difícil realidad actual. Y no es todo culpa de los actuales dirigentes porque desde aquellos años de plenitud hasta hoy ha transcurrido el tiempo suficiente como para colegir que también hubo otros mandatarios en el palco que no fueron capaces de capitalizar aquel caudal deportivo para consolidar al Valencia entre los grandes del fútbol europeo pero… es más que evidente que Meriton ha sido la puntilla que ha acabado por cercenar la médula espinal por la que ahora el Valencia CF pierde la vida a borbotones. No hace falta, ni siquiera, echar mano de los mensajes triunfalistas de quienes abanderaron la llegada de Lim en su día porque, ya entonces, sonaban a hueca soflama populista. Solamente es necesario hacer uso del sentido común para comprobar que ese Valencia que fue grande y que sigue acogiendo bajo su enorme paraguas a tantas decenas de miles de devotos, ha entrado en un estado de descomposición harto preocupante. La deriva deportiva, que es la que siempre mayormente preocupa al aficionado, no se presta a muchas discusiones: una vez esquilmado el ‘negociete’ de la compra-venta de futbolistas que el propio Lim manejó de manera caprichosa como un juguete caro que acabó arrumbado en el fondo del ‘baúl de los recuerdos’ bien porque le acabó de entretener o… bien -quién sabe- porque dejó de proporcionar presuntos réditos ajenos a las cuentas de Club, el paso de Mateu Alemany por la sala de máquinas supuso un oasis en medio del inabarcable desierto en el que nos encontramos. Y… sí, la toma de las riendas por parte de Murthy ha terminado siendo la puntilla letal: la política deportiva esquizofrénica en la que ha sumido al Valencia regalando futbolistas que, poco tiempo después, se pasean con gran dignidad por la Champions, malvendiendo a otros muy importantes y cerrando la puerta de entrada del vestuario a jugadores ‘nivel Valencia’ es un peso muy difícil de soportar por la castigada espalda del Club. Si a tan enloquecida estrategia unimos su talante displicente y su enfermiza afición a engañar a los entrenadores que contrata para acabar aburriéndolos… la suerte está echada. Hablan, en sus delirantes comunicados oficiales, de “consolidar proyectos” cuando eso que ellos llaman “proyectos” les duran el tiempo justo que emplean en apurar una jarra de cerveza en ‘La Deportiva’ y el equipo va perdiendo potencial para terminar habitando de manera habitual en la parte media de la tabla y viendo Europa por la tele.

A Bordalás, que no es el mejor entrenador del mundo pero sigo creyendo que es el mejor entrenador -o uno de los mejores- que puede permitirse en Valencia CF, se le está poniendo cara de kleenex usado. Ha dado todo lo que tiene dentro para salir adelante y se ha presentado en una final de Copa, aunque haya sido a costa de bajar los brazos en la Liga, y ahora navega por aguas peligrosas entre la ilusión de entrenar en un gran Club y la dura realidad de una Club que dilapidó su grandeza deportiva poniéndola en las peores manos posibles. Se quede o no, ojalá sí, acabará en el fondo de la papelera del despacho de Murthy y crucificado por las terminales mediáticas de Murthy: todavía no hace un año de aquella rueda de prensa en la que se le preguntaba de manera insistente por los precedentes con otros entrenadores mientras él sacaba pecho por ‘su’ presidente y, seguro, que dicha rueda de prensa le ha venido muchas veces a la memoria.

En lo extradeportivo… basta contemplar el enésimo ‘papelón’ a cuenta del nuevo estadio. La ‘banda del empastre’ se presenta al completo -con titulares y suplentes- en el Palau de la Generalitat para defender un proyecto que ya les habían dicho que no sirve: ni por el proyecto mismo, ni por las insuficientes garantías presentadas y colocan al abogado de Lim en la posición de delantero centro ‘gallito’ para acabar saliendo, una vez más, con el rabo entre las piernas. De no cambiar radicalmente el decorado -esperemos que lo haga- podrían llegar a quedarse con el dineral de CVC bloqueado, sin estadio y con un 10% de los derechos televisivos entregados para los próximos cuarenta años. Y él se ríe.

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