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OPINIÓN

Llenar el vaso

22/01/2019 - 

VALÈNCIA. El otro día tuve una conversación de lo más movida con mis amigos de toda la vida, pero por WhatsApp, claro, pues ahora solo se conversa (o lo que sea) por estos grupos que carga el diablo. La cuestión era si los valencianistas somos o no somos conscientes de nuestra realidad o si, por el contrario, nos falta perspectiva real de las cosas. Alguna que otra discusión hubo, porque a orgullo patrio no nos gana nadie, pero es también cierto que necesitamos revisar algunas cosillas que la Historia nos ha ido modificando con el paso del tiempo. No obstante, nos quedó claro — entre las susceptibilidades y las bromas al mismo tiempo— que el equipo tiene un vaso, y que está a medio llenar o medio vaciar, depende, claro: también quedamos en empate…

Hoy me propongo ver el vaso sin más y lanzar un mensaje claro: hay que llenarlo, porque ya no vale ni verlo medio vacío ni pensar que está medio lleno. Ya debemos pasar esa frontera de la mediocridad constante. Pongámonos en el mejor de los casos y hagamos una de Marcelino, es decir, ver los números que nos benefician y dejar de ver aquellos que aún nos siguen dejando en evidencia, así que vamos a llenar el vaso de optimismo para que a todos se nos quite ya esta cara de apelmazados que se nos ha quedado tras media liga de descalabros. 

A ver: digo yo que la balanza está a nuestro favor cuando, a pesar de los paupérrimos números del equipo en liga (ganando solo 5 partidos en toda una primera vuelta y un partido de la segunda), sigues estando cerca de Europa y, hasta si me apuras, cerca del cuarto puesto (el sueño dorado del equipo). Quizá es que el destino, que ha sido tan adverso en los últimos tiempos para el Valencia CF, quiere apretar pero no ahogar. Esta es buena señal ¿no? Por tanto, en una liga en la que nadie acaba de destacarse como fiable (salvando Barça y Atleti), el Valencia está siendo aún menos estable que muchos otros, pero, sin embargo, estamos ahí: no para pelear una liga que podría estar interesante, pero sí para cumplir el único objetivo que le interesa a la propiedad, pues ya no se trata de disputar un campeonato, sino de cumplir con el ejercicio económico que corresponde. Entonces, a pesar de que el cuarto presupuesto no está entre los siete primeros, seguimos vivos por la benevolencia del dios balón. Curioso resulta que, a pesar de no tener buenos resultados en Mestalla, el equipo siga al frente: son tan bajos los puntos sacados en tu propio campo que parece que solo los puedas mejorar en un futuro. Aquí, de una manera o de otra, han puntuado casi todos (excepto los colistas), pero lo bueno es que tampoco llegas a perder, por tanto, estás cerca de ganar casi siempre. Solo nos sobra ese “casi” y quedarnos con el “siempre”. 

Lo de la delantera es también curioso: si a pesar de que Rodrigo sigue tratando de salir de su eclipse personal, de que Mina es infalible cuando nadie lo espera (o contra equipos de menor entidad), de que Batshuayi debe ser triste historia ya de este equipo y de que Gameiro aún no ponga en marcha su revolución francesa particular y no justifique (ni lo vaya a hacer) lo que se pagó por él… digo que, a pesar de todo eso y de que los números siguen siendo de equipo en crisis (capaz de fallar partido sí y partido también hasta nueve ocasiones claras de gol) tenemos la esperanza de que un día se nos caigan los grilletes de los tobillos y, de pronto, como si nos librásemos de una maldición, comiencen a entrar de tres en tres, pues esa es la sensación que, desde el convencimiento del entrenador, tenemos todos: cuando entre una, entrarán todas de golpe. 

Habíamos recuperado la solidez defensiva y esto nos hizo más competitivos, aunque también algo más ineficaces en la creación de fútbol. A pesar de todos los errores infantiles que siempre tenemos en cada partido, seguimos sin encajar demasiados goles, quizá porque el portero también juega, pero como, además, solemos avasallar a los rivales con nuestro caudal de juego y ocasiones desaprovechadas, nadie ve que no estamos tan seguros y firmes y contundentes en defensa y que, en ocasiones, un milagro hace que no nos marquen gol, aunque luego necesite compensarlo con el hecho de que nos lo acaban metiendo de un disparo aislado. Tenemos la virtud de hacer que las intervenciones de Neto pasen un poco inadvertidas, pues la delantera sigue siendo nuestra única preocupación. Eso es también un don, como echar siempre a la basura las primeras partes y luego resurgir.

Tenemos una de las estadísticas en eficacia de pases más bajas y no lo compensamos con los robos, pues también es baja. Pero sí tenemos pundonor y tesón a raudales, mostrando que el equipo está unido. Así, si fallamos los pases más simples o si se escapan controles sencillos y si, además, somos incapaces de recuperar balones, no pasa nada, pues podemos suplir esto con tesón. Y así está siendo y hay que felicitar a todos por ello, pues sin ese tesón ya no tendríamos tampoco posibilidades de salvar la categoría. 

Hemos jugado sin Guedes (tu estrella) y sin Kondogbia (tu muro) casi toda la liga. Está jugando Cheryshev que, jornada tras jornada, nada aporta, solo imprecisión y un “¡Ay!” permanente. Han jugado el belga, el francés sin merecimiento, Parejo, Rodrigo…en fin, y a pesar de todo, estamos vivos y con posibilidades de algo: han tratado de hacernos ver que la copa no es importante, pero la plantilla quiere lucharla, como el cuarto puesto. Tenemos suerte, aunque no lo parezca: ahora bien, a pesar de ver el vaso medio lleno me quedo con una extraña sensación, debería echarme a temblar… o quizá solo pueda ilusionarme.

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