opinión

No interesa, porque habla de fútbol

17/10/2018 - 

VALÈNCIA. Dicen algunos entrenadores que “el 90% del periodismo deportivo no conoce casi nada del juego”. El resto dice que sus colegas se quedan cortos, porque consideran que el periodista-tipo es un profundo analfabeto futbolístico. No deja de ser paradójico, porque el periodismo, pieza clave de la industria pelotera, podría contribuir a que la opinión pública entendiese no sólo el juego, sino las motivaciones, decisiones o sistemas de los entrenadores. Hoy día, por desgracia, lo raro es que los periodistas hablemos de fútbol. Entre otras cosas, porque cuando nos hablan del juego puro y duro, no lo consideramos noticia. Atrapados por la dictadura de las audiencias y la perversión del infotaiment (el entretenimiento golea a la información), los periodistas vivimos de construir relatos propios o juicios sumarísimos sobre los protagonistas de un deporte que interpretamos de manera errónea, porque no prestamos atención al juego, sino a sus lugares comunes. Los periodistas somos impulsores de debates superficiales que se basan en parámetros cuestionables: es más importante la imagen que la realidad, el relato que el equipo, el resultado que el juego. Previo filtro de victoria o derrota, fulano es el mejor o es el peor.  El sentido común no sirve. Y el término medio no vende.

El protocolo periodístico es simple: si se gana, todo está en orden, aunque no lo esté; y si se pierde, se buscan culpables y no soluciones. Nos hemos acostumbrado tanto al ruido que cuando una voz autorizada explica lo que está pasando, no prestamos atención. Sólo así se comprende que estos días haya hablado Marcelino García Toral para diferentes medios de comunicación y que sus palabras, un filón, apenas hayan tenido recorrido. Algunas de sus frases, con nombres propios – Batshuayi, Rodrigo o Murilllo- han tenido impacto en la prensa local. Sin embargo, sus reflexiones acerca del juego no han suscitado debate. Marcelino reiteró que desecha la famosa posesión, que prefiere tenerla pero no en zonas intrascendentes, explicó que sus equipos deben ser concretos y no difusos, detalló que deben mejorar el último pase para mejorar las transiciones y sugirió que la fuerza de su equipo no pasa por el sistema, sino por la confianza con la que los jugadores lo desarrollan. Materia suficiente para que el periodismo se sintiese agradecido la transparencia e información de primera mano de un entrenador que, expuesto a la crítica por unos resultados menos buenos de los esperados, no ha escatimado en difundir pistas, detallar problemas y aportar soluciones.

En primer lugar, Marcelino arrojó un detalle clave sobre su política de actuación con el grupo: se llame como se llame el jugador, rige la competencia interna y si el cuerpo técnico considera que hay otro jugador más preparado para un momento concreto o un rival específico, se elige en base a eso, tomando decisiones, sean populares o no, porque para eso es para lo que les pagan. Fácil de decir, difícil de hacer. En segunda instancia, el asturiano ha explicado que para lograr que el equipo no se instalase en la duda, optó por recuperar autoestima y confianza a través de un repliegue intensivo. Su VCF ha encajado menos goles y a partir de ahí, ha sido más reconocible. En tercer lugar, Marcelino se ha inculpado del posible deterioro físico y mental de alguna pieza clave en su sistema, reconociendo que quizá, pretendiendo ayudar a un jugador, lo pudo perjudicar en algunos momentos. Y en última instancia, interpretando que la grada es clave para el rendimiento del equipo, ha enviado un mensaje de calma, alegando que el equipo tiene más juego que puntos y que, poco a poco, el rumbo de la nave se irá equilibrando. Una información suculenta y un documento periodístico trascendental para el resto del curso.

En el horizonte de Marcelino, tres situaciones que marcarán el futuro y las aspiraciones del equipo: evolucionar el repliegue intensivo toda vez que se ha recuperado la confianza, adelantándolo unos metros; presionar más arriba a los rivales para recuperar la pelota cerca del área contraria; y por supuesto, aumentar el porcentaje de efectividad de un equipo que, el curso pasado, llegaba menos y anotaba más. De todo eso y más ha hablado, con naturalidad y sentido común, Marcelino. Y los periodistas deberíamos sentirnos afortunados. En una industria cada vez más hermética, existen pocos entrenadores capaces de aportar tanta información sobre un equipo. Su VCF ganará o perderá, pero nadie podrá acusarle de no haber expuesto, públicamente, la realidad futbolística de un equipo que sabe que puede y debe dar mucho más. Es posible que el discurso de Marcelino sea papel mojado si se pierde, porque se aplicará el principio de darle leña al mono que es de goma, pero su mensaje en diferentes entrevistas y medios, todo lo dicho, lo detallado y explicado, no puede quedar en el limbo. Aunque no le interese a casi nadie, porque Marcelino ha hablado de fútbol. 

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