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El Señor del Caos

10/10/2020 - 

VALÈNCIA. Hace justo seis años, octubre de 2014, de que Peter Lim hizo pie en Valencia. Seguramente no llegó ni a manchar las suelas de sus zapatos porque llegó a Mestalla literalmente levitando entre aplausos y al llegar la ‘Comitiva Real’ al estadio le esperaba una cinematográfica alfombra anaranjada que le marcaría el camino al palco, no sin antes recibir el calor de la enfervorizada concurrencia que aguardaba su presencia al grito de ‘ Peter Lim, Peter Lim’ y el besamanos de su avanzadilla singapurense y local con Layhoon y Amadeo Salvo a la cabeza. 

Todavía faltaba un preámbulo antes de comparecer en el palco: subiría con Salvo al balcón que cuelga sobre la Avenida de Suecia para asomarse e inmortalizar ante el populacho la imagen de la transacción más importante del fútbol mundial. 

Desde la atalaya donde lucen las lonas con los rostros de las viejas glorias del Valencia CF saludarían a la multitud al más puro estilo de Juan Domingo Perón y Evita en la Casa Rosada o... de Don Francisco y Doña Carmen en la Palacio de Oriente. Adhesiones inquebrantables cimentadas en un proceso de venta cuajado de fastuosas perspectivas de futuro que hacían pensar a más de uno que el próximo ‘balconazo’ bien podría ser para celebrar la consecución de una Copa de Europa. Y del balcón al palco donde le esperaba la guinda de la tarde: un inmenso tifo con la leyenda “Benvingut Peter”. 

Seis años después el ‘hijo del pescador’ no se atrevería a poner un pie en Mestalla. Si ya venía ridículamente rodeado de guardaespaldas por aquel entonces, hoy no osaría bajar de su avión privado a no ser que el Acorazado Brunete le hubiera precedido poniendo la ciudad bajo sitio. Hoy ya no es bienvenido porque toda esa multitud bienintencionada que se rompía las manos aplaudiendo y rasgaba su garganta cantando el nombre del magnate asiático ha llegado a la conclusión de que todo, absolutamente todo, era mentira.

Hoy vive atrincherado en su lejano país mientras uno de los ‘mamporreros’ de su organización okupa el sillón presidencial. Aquellos a los que estuvimos cerca de esculpirles un Monte Rushmore en la Sierra Calderona, los que aquí evangelizaron a las masas con la palabra del Mesías, penan su culpa sumidos en un estruendoso silencio y alejados del mar de cartulinas con el que alfombraron el advenimiento del ‘Señor del Caos’, la dolorosa verdad se nos ha venido encima como un tsunami y nos faltan manos para achicar el agua.

La deuda es más deuda, el Nuevo Estadio sigue siendo la misma ruina que cuando llegaron pese haberse comprometido a tenerlo terminado para el Centenario, la fractura social ya no es tal porque han generado un virtual unanimidad en su contra por sus fechorías y sus insolentes modos, los peñistas -para una vez que se atreven a levantar la voz- han sido desahuciados y el equipo desmantelado. Han mareado al personal durante todo el verano alimentando el trasiego de noticias falsas para acabar haciendo lo que tenían previsto hacer: nada. Ya no les cree nadie excepto el Sr. Zaragosí y el morador de un pequeño chiringuito en el que cuelga un cartel que pone: Asociación del Pequeño Accionista al que parece haberse tragado la tierra.

Por no tener ya no tenemos ni un entrenador entusiasmado ante el reto más bonito de su carrera sino a un técnico desgastado, triste y decepcionado que si no ha puesto tierra de por medio es, simple y llanamente, porque la ‘espantá’ le hubiera costado tres millones de euros. 

Ahora nos agarraremos a la heroica resiliencia de Javi Gracia -si no tiran cualquier día de estos en una ‘ventolera’ del amo para colocar algún amiguete- esperando que saque petróleo del vestuario y que así el drama no termine en tragedia deportiva y nos agarraremos a ellos porque nos preocupa y nos importa. 

Mientras... los paracaidistas del ejército de Pancho Villa apurarán su estancia en Valencia disfrutando de todos los placeres mundanos que nuestra generosa tierra es capaz de brindarles como si de una fuerza de ocupación se tratase hasta que el Señor del Caos toque el silbato para batirse en retirada. No tengo ni idea de si tardarán más o tardarán menos porque, aunque hay muchas teorías, certezas no hay tantas y todavía supone -por lo menos para mí- un misterio las intenciones que tienen para el Valencia.

Desconozco qué es lo que pretenden hacer y si de verdad son reales los movimientos para una venta más o menos próxima pero sí veo claro lo que están haciendo que no es otra cosa que arrastrar el buen nombre del Club por el más infesto lodazal y convertir al Valencia CF en el hazmerreir del Planeta Fútbol. Sea cuando sea y sea como sea, a su marcha dejarán un páramo donde costará mucho tiempo enraizar un futuro pero eso me preocupa menos porque ya no estarán ellos para envenenarlo.

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