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OPINIÓN PD / OPINIÓN

No todo está perdido

15/10/2020 - 

VALÈNCIA. Resulta difícil, lo sé. Tras más de diez días sin competición casera y con el run run de la posible venta del club sobrevolando por la capital del Turia, pensar en el derbi del próximo domingo se antoja altamente complicado. Pero yo, al menos, lo voy a intentar en las siguientes líneas. ¿Y saben por qué? Muy sencillo. Porque de la llegada de un nuevo inversor y de proyectos futuros habrá tiempo para reflexionar. De materializarse un cambio en la propiedad, éste llevará meses o quizá algún año y sin embargo la Liga no para. El balón va a seguir rodando cada fin de semana y la clasificación no espera a nadie. Además, visto lo visto, el Valencia va a tener que pelear con uñas y dientes si no quiere que la crisis también descienda hasta los terrenos de juegos. Creo que con la protagonizada por el devenir del entrenador ya hemos tenido bastante.

Mientras Javi Gracia continúe al frente del banquillo -veremos por cuánto tiempo porque tal y como viene informando este diario da la sensación de que estamos viviendo la crónica de una muerte anunciada-, el navarro tiene que dejar a un lado lo sucedido, conseguir que el vestuario se blinde y que los futbolistas remen todos en una misma dirección. Ésa sería, sin duda, la gran victoria del técnico. Aunque la tarea, a priori, no le va a resultar sencilla.

Es obvio que la plantilla ha bajado de nivel. Seis puntales han hecho las maletas y no hay ninguna cara nueva por Mestalla. Sin embargo, uno se niega a dejar de sonreír cuando ve a Gayà competir por el puesto de titular en una España que, curiosamente, perdió por primera vez el día en el que Luis Enrique dejó al de Pedreguer en el banquillo. O cuando a Maxi Gómez siguen cayéndosele los goles partido tras partido. Incluso sigue siendo una delicia ver cómo Hugo Guillamón lidera la defensa de La Rojita con esa clase en la salida de balón solo apta para los elegidos. Y ya no sólo eso, sino que además es capaz de ver portería. Así que, me niego a pensar que todo está perdido. Tres ejemplos a los que me hubiera gustado añadir dos más. Los dos que en 72 horas vestirán de amarillo para enfrentarse por primera vez en encuentro oficial ante sus ex: Parejo y Coquelin.

Debo confesar que me sigue chirriando verles vestidos de amarillo. Ambos se habían convertido en referentes para los aficionados blanquinegros tanto por calidad como por carácter. Su adiós fue de los que todavía escuecen. Por el fondo, por las formas. Un adiós que no sé si ellos mismos han terminado de asimilar del todo. Tanto es así que ni uno ni otro decidieron cambiar de residencia. Estaban a gusto en Valencia y sus familias siguen estándolo hoy en día. La cercanía con Vila-real, por supuesto, acompaña pero aun así me resulta significativo. Será curioso ver al de Coslada medirse a Kondogbia, a Carlos Soler o a Wass. Lo hubiera sido más si Francis estuviera al cien por cien pero todo hace indicar que una lesión lo va a impedir. Estaré muy pendiente de los que suceda sobre el campo. Las miradas, los gestos de complicidad, todo. Parejo y Coquelin eran muy importantes para sus ex compañeros y ya no están. Eran buenos tiempos. Tiempos de triunfos, de títulos. Ojalá vuelvan pronto.

Quien no tendrá que hacerlo será Españeta. Bernardo nos dejó ayer. Se marchó su cuerpo pero no su alma. Porque el utillero del Valencia por antonomasia trascendió su cargo para convertirse en leyenda. Lo fue en vida y lo seguirá siendo desde el cielo. Para muchos la persona más querida que ha pisado nunca Mestalla sin la necesidad de ser futbolista. El adolescente que no pudo ser jugador profesional por un accidente de moto y que se presentó voluntario para ejercer de recogepelotas. Ese hombre bueno de la sonrisa perenne y que nunca tenía un 'no' por respuesta. La humildad personificada. Tanto que en las últimas presentaciones al uso siempre se llevaba el mayor de los aplausos. Como también sucedió en el partido de las leyendas. Porque él sin saberlo, ya lo era. El murciélago del escudo. Eterno.

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