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opinión

Ese señor del que usted me habla llamado Longoria

Y entre esa relaciones de poder el entrenador quiere disimular su fuerza. Sí, Marcelino hace bien. Pero otra cosa es que nos tengamos que creer que Longoria y el doctor pasaban por allí de casualidad. O peor aún, que pretendan que nos lo creamos. Venga...

1/03/2018 - 

VALÈNCIA. El empeño de Marcelino por anular la sensación de que el mando deportivo lo lleva él, su afán por practicar el negacionismo a propósito y disimular la cara de manager que se le pone en algunas tardes, lleva a situaciones artificiales. Ese hombre llamado Longoria del que usted me habla, le faltó decir a García Toral el otro día. 

Advertencia. Nos hemos instalado en unos días donde los hechos se redibujan con la voluntad de colarnos realidades paralelas. Precisamente porque el equipo lleva números solventes, se necesita practicar el hábito de ir de frente y no aprovechar para resguardarse en el oscurantismo de la inventiva. 

Para Marcelino es un tabú que se hable de él como algo más que un entrenador raso. Las variadas conexiones directas entre los movimientos de altas y bajas, las visitas al Doctor Maestro o la incorporación estratégica de Longoria son fruto de una concatenación de casualidades. Debemos mirar a otro lado y desoír las maldades. Marcelino solo trabaja en su área técnica y no tiene incumbencia en nada más. ¿Es eso? 

El entrenador hace bien. Le conviene quitarse presión. Sabe qué ocurrió cuando otros predecesores se echaron a sus espaldas el organigrama deportivo del club. Rechaza aparecer como manager. Evita que se abra el melón sobre la conveniencia de tener un modelo en el que el entrenador es el máximo responsable de las decisiones deportivas. 

El modelo híbrido comienza a definir la estructura. Para no nombrar a un director deportivo, para mantener las relaciones jerárquicas entre la propiedad, el entrenador y el director general, se generan cargos intermedios de escaso perfil público. Se distribuyen las fuerzas. 

Ante el peculiar reparto de poder es posiblemente la mejor fórmula. Y entre esa relaciones de poder el entrenador quiere disimular su fuerza. Sí, Marcelino hace bien. Pero otra cosa es que nos tengamos que creer que Longoria y el doctor pasaban por allí de casualidad. O peor aún, que pretendan que nos lo creamos. Venga...

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