Baloncesto

La plantilla de Valencia Basket apuesta por la calma y se aferra al “partido a partido” antes del debut en Copa del Rey

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VALÈNCIA. Ni cuentas a largo plazo ni presión por jugar en casa. El mensaje que han repetido Omari Moore, Kameron Taylor, Jaime Pradilla, Xabi López-Arostegui y Brancou Badio en rueda de prensa, a pocas horas de estrenarse en la Copa del Rey de Baloncesto, es casi idéntico: foco absoluto en el primer cruce frente al Joventut Badalona y nada más.

La idea la resume Kam Taylor con una frase directa y contundente: “Hay que ir partido a partido. Solo hay que centrarse en Badalona”. Un planteamiento que comparten sus compañeros y que marca el tono general del grupo. Omari Moore, en la misma línea, reconoce que no se puede pensar más allá: esto va “partido a partido” y el único objetivo inmediato es medirse a un rival que ya les ganó hace unas semanas.

Buen momento, pero sin exceso de confianza

El equipo llega con optimismo, aunque medido. Taylor habla abiertamente de las sensaciones del vestuario: “Tenemos buenas sensaciones. Estamos en buena forma estas últimas semanas y llegamos preparados”. El base transmite la confianza de un bloque que ha crecido con el paso de las jornadas.

Xabi López-Arostegui refuerza esa percepción explicando que el grupo ha hecho “un gran esfuerzo por llegar bien” y que viene de encadenar buenos partidos. Según el alero, ese trabajo diario es lo que les ha permitido competir en todas las competiciones.

Sin embargo, nadie quiere caer en la trampa de las etiquetas. Taylor admite que no piensa en si son favoritos o no: “solo me centro en jugar un buen baloncesto. Tenemos una buena oportunidad en esta Copa”.

Lecciones aprendidas y respeto máximo

El respeto por el rival es otra constante. Desde dentro asumen que el último precedente debe servir de aviso. De hecho, Taylor desliza que aquella derrota reciente ante la Penya pudo ser incluso positiva para obligarles a elevar la concentración.

Badio también mira atrás para corregir errores. Apunta que el equipo tiene que aprender de ese último partido para defender mejor y poder correr la pista. Y cuando se trata de amenazas individuales, destaca que frenar a Ricky Rubio será, en sus palabras, “un gran reto”, así que tocará ponerse firmes y hacerle la vida imposible.

López-Arostegui, por su parte, insiste en no fijarse ni en antecedentes ni en presiones, sino en su propia identidad. La consigna es ser fieles al estilo, marcar el ritmo y jugar con agresividad para tener más opciones de ganar ante un equipo con mucho talento.

La dureza del torneo desde el primer minuto

La plantilla tiene claro que la Copa no concede margen de error. Jaime Pradilla lo explica con claridad: "los primeros minutos son vitales porque, a la mínima que fallas, te vas fuera". El interior reconoce esos nervios distintos a los de un partido de liga, pero entiende que hay que salir duros desde el salto inicial.

Badio eleva aún más la exigencia del contexto y califica esta edición como la más interesante por lo dura que está siendo la Liga Endesa. Nadie espera un camino sencillo.

De hecho, López-Arostegui avisa de que jugar tres partidos, sinónimo de llegar a la final, sería una gran noticia, pero recalca que todo pasa por el estreno. Pensar más allá del jueves sería un error.

El factor emocional: la afición y el ambiente

Si algo ilusiona al grupo es el escenario. Pradilla se muestra “muy contento de estar aquí y llegar todos sanos”, con ganas de jugar delante de su gente. El equipo, reconoce, se ha hecho fuerte en casa durante toda la temporada gracias al empuje de la grada.

López-Arostegui amplía esa idea y habla casi con emoción de una competición “muy bonita” para el aficionado, por la hermandad que genera el baloncesto. Acogerla en València es especial, aunque insiste en que, una vez empieza el partido, solo cuenta lo que pase en la pista.

Para Moore, que la vivirá por primera vez, todo tiene un punto de inicio. Confiesa que siente mucha emoción porque había escuchado hablar mucho del torneo y tiene ganas de experimentarlo. Incluso en lo personal, enfrentarse a un jugador al que seguía de niño, como Rubio cuando jugaba en los Minnesota Timberwolves, le resulta “divertido y muy chulo”.

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