Algunas claves para entender la crisis que hace temblar el proyecto de Iñigo Pérez en el Villarreal

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Análisis | Villarreal CF

La situación lleva al Submarino a jugar una final en noviembre frente al Getafe a pesar de una temporada con la mayoría de estadísticas a favor

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VILA-REAL. El Villarreal acumula cinco victorias, tres empates y ocho derrotas en los 16 partidos jugados en las tres competiciones que disputa esta temporada. 

La derrota por 0-6 frente al PSG en la última noche de Champions, la más abultada del Submarino en Europa de su historia, ha hecho temblar unos cimientos del proyecto de Iñigo Pérez como 'groguet' que ya había dejado tocados el partido contra el Espanyol.

La salida de Marcelino del club amarillo a final de la temporada pasada sembró la preocupación en parte de la afición 'grogueta' hasta que se anunció su sustituto. Iñigo Pérez parecía una buena apuesta para el relevo del técnico asturiano, aunque siempre pueda existir la duda que genera un fin de ciclo como el dejado en herencia por Marcelino. 

La pretemporada fue bien. Cinco victorias en siete partidos, aunque sin parte de los protagonistas del once titular por el Mundial. Arrancó la campaña liguera y, el debut contra el Racing no dejó buenas sensaciones. Sin embargo, sí lo hizo el primer gran examen frente al Atlético de Madrid en el Metropolitano aunque el marcador final no acompañó. Una tónica que volvió a repetirse en las grandes citas del Submarino (Real Madrid, Borussia Dortmund o Liverpool) un desempeño merecedor de un resultado mejor, al menos durante gran parte del encuentro. Por otra parte, el rendimiento contra equipos de menor perfil no ha llegado a ser equiparable al de los rivales de mayor caché. 

El cúmulo de circunstancias —nuevo entrenador, por lo tanto, nuevo referente, la adaptación a un estilo de juego diferente, la posterior falta de resultados con su respectiva falta de confianza— ha terminado por situar al Villarreal en una situación delicada. Sin embargo, más allá de los condicionantes propios de un cambio de ciclo, existen determinados aspectos futbolísticos que pueden ayudar a comprender por qué al proyecto de Iñigo Pérez, por el momento, no le están llegando los resultados.

  • Moleiro intenta asistir frente al Elche. 

Un dominio del balón ¿estéril?

El Villarreal ostenta la segunda posición como equipo de LaLiga con mejor promedio de posesión por partido (60,7%), solo por detrás del FC Barcelona (70,1%). Además, los de Iñigo Pérez lideran la estadística de 'Toques en el área rival' con 437 en lo que va de liga, seguidos del Barça con 434. Es decir, los 'groguets' controlan el balón y consiguen llevarlo al último tercio del campo rival, incluso, de manera frecuente, a su área.

Al respecto del dominio de la posesión en último tercio rival, es destacable la opinión de Iñigo Pérez sobre el perfil de 'jugador pasador' en la plantilla, algo parecido a lo que era Parejo. El técnico navarro considera que los jugadores de su plantilla "están capacitados para cumplir ese rol". Actualmente, Renato Veiga es el mayor pasador del Villarreal, de hecho el luso es el segundo máximo pasador de LaLiga por detrás de Rodri del FC Barcelona.

En el fútbol actual es común que los defensas centrales ostentes cifras altas de pase, sin embargo, en función del estilo de juego que se pretenda implementar, la creación de la jugada desde la zaga debe estar complementada por tipo de centro del campo u otro. En el caso del Submarino, el segundo máximo pasador de la plantilla es Pape Gueye, con 452 pases distribuidos, frente a los 782 de Veiga, es decir, un 42,2 % menos. Además, el senegalés es el 24º jugador en la tabla de pasadores de LaLiga y, de esos 24 futbolistas, ostenta el tercer peor porcentaje de acierto en el pase con un 85,3%. También son datos a tener en cuenta que el central interactúa una media de 97,8 veces por partido con el balón, mientras que el centrocampista lo hace con un promedio de 65 toques por encuentro.

Cuando el Villarreal de Iñigo arrincona al rival cerca de su área y comienza a mover el balón de manera predecible buscando espacios, la situación requiere de un jugador paciente, contemporizador y con capacidad y visión de lanzar un pase que consiga romper las líneas defensivas.  

En la plantilla actual, los jugadores con un perfil más cercano a esas características son Gerard, Ayoze o Moleiro cuando juega en la mediapunta, sin embargo, cuando la defensa rival se atrinchera, estos futbolistas no pueden ocupar una posición natural de creación porque esta la ocupan los centrocampistas; bien es cierto que pueden caer a medio campo a ayudar, pero resta efectivos en las posiciones adelantadas donde se requiere de desmarques de ruptura y movimientos de creación de espacios o apoyos cortos.

A pesar de esos 'atascos' con el balón en la búsqueda del gol, las estadísticas dicen que el Villarreal sí logra generar ocasiones de peligro. Según la plataforma de estadística deportiva avanzada Fotmob, el Submarino es el tercer equipo de la liga nacional con más ocasiones claras falladas. Es decir, el peligro se crea pero, por alguna razón, los goles no llegan.

La falta de gol

Los motivos de la falta de eficacia son muy difíciles de identificar, especialmente en una situación como la del Villarreal. El Submarino es el tercer equipo con más goles esperados en LaLiga (21,9) y el quinto con más tiros a puerta por partido (5,7), sin embargo ha anotado 15 goles. 

Una de las razones por las que, a pesar de los buenos registros ofensivos, los goles no entren, sea la calidad de las ocasiones. Quizás las llegadas no se producen en una posición cómoda de remate o con el suficiente espacio para que el rematador pueda ejecutar con contundencia. 

En este aspecto también entran en juego factores difícilmente cuantificables en las estadísticas, pero muy reales y presentes en el fútbol: la inspiración y confianza de los jugadores. A este respecto, los máximos referentes en el ataque del Villarreal parecen no estar pasando por una buena etapa goleadora.

En el caso de Ayoze, el canario sigue demostrando tener la calidad diferencial para recibir de espaldas a la defensa, poder aguantar balones que faciliten el desmarque de compañeros y descargar con un toque de balón que muchos compañeros de profesión envidiarán. Sin embargo, Ayoze está cumpliendo la función de máxima referencia en ataque para suplir la falta de gol del delantero natural, Mikautadze. Pero los datos de cara a gol del atacante canario son: un gol en liga de 19 tiros intentados y ocho disparos a puerta. 

Por su parte, Mikautadze ha anotado tres goles de los 25 disparos realizados esta temporada en liga, 14 de ellos entre los tres palos. Durante los partidos, da la sensación de que la falta de gol a pesar de los numerosos intentos, lleva al georgiano a no encontrar la claridad necesaria en los últimos metros. En ocasiones no termina de asociarse en jugadas que lo requieren por culpa de conducciones demasiado largas o por precipitarse a la hora intentarse generar espacio para el disparo. 

Una defensa afectada por el nuevo estilo

El equipo con Marcelino esperaba en bloque al rival, casi en su totalidad, en campo propio. Ello propicia que la defensa esté más protegida mientras espera la llegada rival, principalmente los laterales que, mientras reculan, pueden recibir el apoyo de los extremos y el centrocampista más cercano a su banda. Con Iñigo Pérez, sin posesión el bloque sube a presionar a campo rival, creando más espacio entre las líneas de la formación. Con balón, el equipo está posicionado cerca del área rival y además, intentando crear huecos para ejecutar un pase de peligro, por lo que rompe la formación y pasa a ser más vulnerable en caso de contrataque.

Los mecanismos defensivos consolidados durante la etapa anterior, esperando al rival y con una mayor protección de los compañeros se ha convertido, en muchas ocasiones, en una defensa en carrera o en situaciones donde la descoordinación en la presión provoca que se pierda el apoyo defensivo al que acostumbraban. 

Las mismas piezas en un puzle diferente

El mercado de fichajes estival fue histórico para el Villarreal, incorporó a dos jugadores —Peter Gulácsi y Nathan Saliba— su cifra más baja de fichajes como equipo de Primera División. 

El club venía de realizar la mayor inversión de su historia en jugadores —100 millones de euros— en el mercado de 2025 y la plantilla confeccionada por Marcelino había demostrado con resultados ser competitiva. Un plantel de calidad, garantías y que con el regreso de Carlos Romero, Akhomach y la subida al primer equipo de Maciá y Diatta, aseguraban al menos dos jugadores para cada posición. No parecía necesario tener que traer a más futbolistas.

En los primeros partidos de esta temporada, el Villarreal intentó mantener el dibujo y los nombres habitualmente titulares heredados de la campaña pasada, sin embargo, pronto llegaron los cambios, hasta en la portería. Lo heredado no era ergonómico para el fútbol de Iñigo Pérez. Por ello, el técnico pamplonés ha tenido que recurrir, entre otras cosas, a colocar a futbolistas en posiciones que no acostumbraban a ocupar. Algunos ejemplos son Moleiro y Saliba en la mediapunta —el canadiense ha ocupado hasta cinco posiciones diferentes con Iñigo—, Freeman en el extremo derecho, Foyth como pivote o Cardona en el centro del campo.

Incluso jugadores que siguen ocupando su demarcación habitual como Buchanan, pueden no ser los óptimos para las necesidades actuales del Villarreal. La implicación del canadiense es incuestionable y así lo demuestran los datos. Tajon es el jugador de la plantilla que más sprints realiza por cada 90 minutos (19,4), un aspecto que encaja a la perfección con el ideal de repetición de esfuerzos que busca Iñigo. Sin embargo, en el aspecto ofensivo, el atacante acusa la falta de carreras a la contra y a los espacios que le generaba el fútbol directo al que acostumbraba. Véase también el caso de Pepe que ni está consiguiendo percutir con peligro ni apoyando en defensa todo lo que necesita el equipo.

Ante los bloqueos alrededor del área rival, quizás el perfil óptimo para el Villarreal sería el de un jugador de los que tienen la capacidad de 'liártela en una baldosa' como se define comúnmente. Un virtuoso del regate que permita romper una línea defensiva con el balón en el pie si sus compañeros no consiguen hacerlo con el pase.

  • Los jugadores del Villarreal se conjuran previos a un duelo liguero. 

Por último pero no menos importante

Resulta difícil explicar una crisis futbolística cuando las estadísticas a nivel global son positivas. Posiblemente, por muy naíf o poco serio que pueda parecer en un deporte que depende de los resultados, la fortuna tenga algo que ver en todo esto. El propio Iñigo ha declarado que se niega a delegar en la suerte los buenos o malos resultados.

El fútbol también depende de momentos de inspiración, motivación, decisiones tomadas al límite y pequeños detalles capaces de decantar un partido. Cuando los resultados no acompañan, la ansiedad y la inseguridad pueden terminar alimentando una dinámica negativa de la que cada vez resulte más difícil escapar. 

Los futbolistas del Submarino ya han demostrado su capacidad para competir y marcar diferencias, como también Iñigo Pérez ha acreditado sus cualidades como entrenador en su, aún corta trayectoria como técnico. El domingo, frente al Getafe, jugadores y entrenador tendrán una nueva oportunidad para que sus talentos confluyan, con o sin ayuda de la fortuna.

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