VALÈNCIA. El viernes 12 de junio a las 19:00 horas, Valencia vivirá uno de esos partidos que no aparecen en las estadísticas, pero que terminan quedándose para siempre en la memoria. Dentro del EGORF 2026 —el European Golden Oldies Rugby Festival organizado por el CAU Rugby Valencia— se disputará el esperado Partido de Leyendas, una cita muy especial que reunirá sobre el césped a jugadores que dejaron huella en sus clubes, en sus ciudades y en varias generaciones de rugbiers.
Y sí, probablemente muchos ya no estén para jugar ochenta minutos. Ni para levantarse al día siguiente sin ibuprofeno.
Pero ahí estarán igualmente. Porque hay deportes que uno practica durante unos años… y luego está el rugby, que directamente se queda a vivir dentro de ti. En las rodillas, en los hombros, en la nariz torcida y, sobre todo, en la manera de entender la vida.
El Partido de Leyendas será uno de los grandes momentos emocionales de un festival que reunirá en Valencia a más de 1.500 jugadores procedentes de toda Europa, además de equipos llegados desde Argentina o Nueva Zelanda, convirtiendo durante varios días los campos del antiguo cauce del Túria en una auténtica capital mundial del rugby veterano.
El EGORF no es un campeonato al uso. Desde hace décadas se ha convertido en una celebración internacional del rugby más puro, el que entiende este deporte como amistad, compañerismo y respeto mucho antes que como clasificación o resultado. La última edición, celebrada en Sevilla en 2024, dejó imágenes difíciles de olvidar: antiguos rivales abrazándose como viejos amigos, terceros tiempos interminables y jugadores de varias generaciones compartiendo historias como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Ahora Valencia recoge el testigo.
Y lo hace con una idea preciosa: reunir a esos “viejos rockeros” del oval que quizá ya no tengan la velocidad de hace treinta años, pero siguen conservando intacta la pasión. Porque sobre el césped no aparecerán únicamente exjugadores. Estarán los tipos que sostuvieron vestuarios durante décadas. Los que enseñaron a placar a chavales que hoy ya son entrenadores. Los que viajaban ocho horas en autobús para jugar en Regional como si estuvieran disputando una final mundial. Los que se rompieron dedos, hombros y dientes… y aun así seguían apareciendo cada martes en el entrenamiento.
Muchos fueron rivales feroces en el pasado.
Hoy comparten cervezas, recuerdos y cicatrices. Y eso tiene algo profundamente rugby. Aquí nadie juega por dinero ni por contratos. Nadie viene a demostrar nada. Se juega por el simple placer de volver a escuchar el golpe seco de un placaje, de entrar otra vez en un vestuario que huele a linimento y nostalgia, de reencontrarse con compañeros a los que quizá hacía años que no veían.
Claro que habrá competitividad. Porque un rugbier jamás deja de querer ganar, aunque necesite quince minutos para ponerse las medias de compresión. Pero en este tipo de partidos el marcador importa bastante menos que el tercer tiempo, ese lugar sagrado donde desaparecen las camisetas y solo quedan las historias. Ese es el verdadero espíritu del Partido de Leyendas de EGORF 2026.
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