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ANÁLISIS | LA CANTINA

El rugby valenciano, un enano con tres cabezas

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VALÈNCIA. Cuando era un adolescente, mi primo Gonzalo se puso a jugar al rugby. Un día le acompañé y pude conocer al Pantera, un tipo que no dejaba indiferente. Ahí, antes de empezar a trabajar en esto del deporte, descubrí la importancia de los técnicos apasionados en las especialidades menos populares. Gente que se busca la vida para sacar jugadores, que recoge los restos de otros deportes, que tiene que desarrollar una gran capacidad de seducción para atrapar a potenciales deportistas y luego ser capaz de retenerlos y que no te dejen por otra actividad o directamente para entregarse a la noche.

Hace unos días recibí la llamada de otro de esos apasionados, Antonio Márquez, que preside Les Abelles, uno de los históricos clubes de València. Estaba decepcionado. Antonio contaba que había estado unos meses intentando unir a los tres principales equipos de la ciudad para formar uno más potente que se nutriera de los tres y que pudiera ser competitivo en División de Honor. La idea era que cada club mantuviera su cantera y su identidad pero que, llegados a la élite, uniera sus fuerzas con los demás. El dirigente tejió una propuesta después de hablar con la Fundación Deportiva Municipal, la Federación Española de Rugby y hasta con la Fundación Trinidad Alfonso, convertida en paraguas del deporte valenciano, pero no fructificó. Uno de los tres interesados, el Valencia, campeón de Liga en 1983, llevó la propuesta a sus socios y en la asamblea extraordinaria más numerosa que se recuerda, se decidió denegarla.

Los tres clubes son de la misma época. El Valencia, el más antiguo, es de 1966. Les Abelles nació en 1971 gracias a un profesor de Jesuitas que jugaba al rugby en Las Avispas de Londres. Y el CAU los fundaron en 1973 varios estudiantes universitarios liderados por Luis Sebastián Caballero. “Hemos llegado a ser cinco equipos en División de Honor B”, recuerda Márquez, quien lamenta que ya no queda ninguno de la Comunitat Valenciana, salvo La Vila, en la máxima categoría. “Ahora parece que prevalece ser mejor que el vecino y tratar de quitarnos jugadores los unos a los otros”, se lamenta.

Su idea no es nueva. El Union Bourdeaux Bègles acaba de ganar la liga francesa. Este club se fundó en 2006, hace solo 20 años, después de que se lograra fusionar a dos equipos antiquísimos. Uno, el Stade Bordelais, ya fue campeón en 1899 y logró sus séptimo título nacional en 1911. El CA Bègles también tuvo su momento de gloria con un par de ligas conquistadas en 1969 y 1991. El tránsito al siglo XXI fue complicado y en 2005 se puso en marcha un proyecto que se encontró con la feroz oposición del entorno de ambos equipos. Pero el alcalde de Burdeos, Alain Juppé -que después sería ministro de Asuntos Exteriores con Nicolas Sarkozy-, y el de Bègles, Noël Mamère, junto a los responsables de ambos clubes, lograron la unión de dos equipos que siguieron compitiendo por separado en categorías inferiores. Veinte años después han celebrado su primer título en el Top14, la mejor liga del mundo.

Antonio Márquez recuerda que es insostenible tener a más de un equipo con aspiraciones de jugar en División de Honor en una ciudad de 800.000 habitantes en la que el rugby es un deporte minoritario. Esto solo es posible en Madrid, con toda su población, y Valladolid, con una gran tradición en este deporte. Como los dos más notorios juegan en Quatre Carreres -el CAU se descolgó en 2020-, su propuesta era crear una franquicia que recogiera ese nombre: Quatre Carreres. Hasta que se topó con la negativa de su rival.

Eduardo González, presidente del Valencia, asegura que la decisión de sus socios se debió a que el proyecto era demasiado difuso. “No había datos suficientes y los socios no se atrevieron, pero no por estar en contra de la fusión sino porque les faltaba concretar más la idea. No había un presupuesto hecho ni datos. Por eso no cierro las puertas del todo, si llegaran con información más precisa, se podría aceptar más adelante y, por qué no, tenerlo cerrado para la temporada 27-28”. La ciudad lo agradecería.

 

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