VALÈNCIA. El atletismo valenciano llora la pérdida de uno de sus pilares, Alfonso Bonacasa Llácer, juez de atletismo durante 50 años y Juez Árbitro -el nivel más alto dentro del estamento- desde 1979. El valenciano ha muerto a los 75 años y deja un enorme legado tanto en España como en la Comunitat Valenciana, donde impartió su vasto conocimiento en cientos de competiciones. Su figura era tan elevada que se convirtió en un referente para muchos de los jueces que vinieron por detrás.
Bonacasa, que deja tres hijos, era licenciado en Derecho y trabajó durante décadas como agente de Mizuno, la empresa deportiva en la que llegó a ser delegado de Levante y Baleares durante 20 años. Este gran entendido alcanzó todas las competiciones que puede soñar tanto un atleta como un juez de atletismo. Su momento álgido llegó en los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, donde es fácil distinguirle cerca de la meta cuando Fermín Cacho ganó la final de 1.500.
Pero este juez de Nivel III también estuvo en los Mundiales de Sevilla, tanto el de pista cubierta, en 1991, como el de aire, libre, en 1999, donde trabajó codo con codo con el director de competición, José Luis de Carlos. No faltó tampoco en el Campeonato del Mundo bajo techo disputado en el Palau Sant Jordi, en Barcelona, en 1995, donde fue el juez árbitro, y, por supuesto, en las dos grandes citas atléticas que se celebraron en su tierra: el Europeo de 1998 y el Mundial de 2008.
Alfonso Bonacasa, hombre de fuerte carácter, fue un profesional muy reputado en todos los ámbitos y eso le llevó también a convertirse en el presidente del Comité Nacional de Jueces entre 1997 y 2002.