VALÈNCIA. Dramático. El conjunto valencianista todavía no ha ganado en La Liga en el estadio de Mestalla esta temporada, con dos puntos de 18 posibles y un balance de tres goles a favor y once en contra, unos números que contrastan con la trayectoria histórica del club como local. Y es que, antes de la salida de Marcelino García Toral, Mestalla era un fortín para los 'che', pero la autodestrucción que está sufriendo el club por su máximo accionista está empeorando los números del Valencia CF en su feudo.
Mestalla merece una despedida a la altura de su historia. El estadio que ha acompañado al Valencia CF durante más de un siglo, escenario de títulos, noches europeas y generaciones de valencianistas, lleva una última temporada difícil de digerir y sin encontrar en el equipo una respuesta acorde a su dimensión. La despedida todavía tiene fechas pendientes, porque quedan meses de competición por delante, pero el comienzo de curso amenaza con dejar una imagen muy alejada de la que merece uno de los grandes símbolos del valencianismo que dirá su adiós definitivo en mayo.
El Valencia CF no ha conseguido ganar ninguno de sus seis primeros partidos de Liga como local en la temporada 2026-2027. El balance es de dos empates y cuatro derrotas, con únicamente dos puntos de 18. A ello se suman tres goles a favor y once en contra, cifras que reflejan las dificultades de un equipo que no está consiguiendo convertir Mestalla en el refugio que históricamente ha representado para los valencianistas. Cualquier equipo llega a Valencia y suma. Esa es la sensación ahora.
La derrota ante el Villarreal (1-2) esta última jornada del campeonato prolonga una dinámica que ya venía siendo preocupante. El gol de Pepelu permitió al conjunto 'che' adelantarse en el marcador, pero el equipo volvió a quedarse sin premio después de encajar dos tantos, el último de forma estrepitosa, y perder un encuentro que necesitaba para cambiar la tendencia ante su afición.
Hasta ese momento, el Valencia ya había empatado sin goles frente al Celta de Vigo y al Athletic Club, perdido ante el Real Betis (0-1) y el FC Barcelona (0-5), y caído frente a la Real Sociedad (2-3). Seis partidos y ninguna victoria. Una secuencia difícil de justificar en un curso en el que cada encuentro en Mestalla adquiere una dimensión especial.
Tres goles a favor y once en contra
Los números explican buena parte del problema. El Valencia no se encuentra prácticamente en ninguna zona del campo. Y es que apenas ha marcado tres goles en seis jornadas como local, una media de medio tanto por encuentro. Además, ha terminado cuatro de esos seis partidos sin encontrar la portería rival: ante el Celta, el Betis, el Barcelona y el Athletic. La campaña pasada antes los mismos rivales sumó ocho puntos, sin ir más lejos.
La falta de eficacia ofensiva se combina con una fragilidad defensiva que ha penalizado especialmente al equipo. Los once goles encajados suponen una media de 1,83 por partido, con el 0-5 frente al Barcelona como la derrota más contundente del periodo analizado. Dimitrievski, de hecho, se encuentra en la diana del debate.
El encuentro ante la Real Sociedad, pese a los dos goles de la factoría Paterna, tampoco sirvió para modificar la marcha. El conjunto de Mestalla perdió por 2-3 en una muestra de que incluso cuando logra encontrar soluciones en ataque continúa teniendo dificultades para cerrar los partidos. Y Aguirre tampoco está dando con la tecla.
El balance global actual es para echarse las manos a la cabeza: cero victorias, dos empates, cuatro derrotas y un saldo de ocho goles negativos. La despedida del estadio está quedando marcada, por ahora, por una incapacidad para sumar de tres en tres y por una producción ofensiva insuficiente para sostener al equipo. Y, con todo ello, el Valencia CF no sale del descenso.
Una realidad que choca con la historia de Mestalla
La situación actual contrasta con la trayectoria del Valencia CF en su estadio a lo largo de la historia de Primera División. Según los registros estadísticos de BDFutbol, el club acumula 1.508 partidos ligueros como local, con 925 victorias, 339 empates y 244 derrotas. Es decir, unos números de Europa, de dominio.
Es decir, el Valencia ha ganado aproximadamente seis de cada diez encuentros de Liga disputados en Mestalla. Una tradición competitiva que ha convertido el estadio en uno de los grandes escenarios del fútbol español y que explica por qué el rendimiento actual resulta especialmente llamativo.
En esos 1.508 partidos, el conjunto valencianista ha marcado 3.097 goles y ha encajado 1.419. La diferencia es de 1.678 tantos a favor, reflejo de una trayectoria en la que el equipo ha encontrado históricamente en su estadio un importante argumento para competir... y que en los últimos años ha perdido, sobre todo en este inicio de competición doméstica.
Frente a los aproximadamente 2,05 goles marcados por partido en el balance histórico, el Valencia de esta temporada apenas alcanza los 0,50. En defensa, la media histórica es de unos 0,94 tantos recibidos por encuentro, mientras que el equipo actual encaja 1,83. El contraste es obvio.
Las cifras no admiten demasiadas interpretaciones: el Valencia está marcando mucho menos de lo habitual en Mestalla y recibiendo casi el doble de goles por partido que en su trayectoria histórica como local.
Una despedida que todavía puede cambiar
El calendario aún ofrece margen para corregir la situación. De hecho, o la cambia o el descenso estará más presente que nunca. La temporada es larga y el Valencia tiene tiempo para recuperar sensaciones, mejorar sus registros y conseguir que Mestalla vuelva a ser un estadio en el que el equipo se sienta fuerte, tal y como ha recuperado, por ejemplo, en las dos últimas segundas mitades de año con Corberán al frente.
La cuestión va más allá de los puntos. En una temporada que está llamada a tener una carga emocional especial por el adiós al histórico estadio, el equipo necesita ofrecer algo más a una afición que lleva años conviviendo con la incertidumbre deportiva. Ganar, competir con regularidad y recuperar la conexión con la grada son objetivos que adquieren ahora un significado añadido, ya que además el traslado al Nou Mestalla debe llevar consigo un equipo y club que atraiga a los más de diez mil abonados nuevos a los que se quiere llegar.
Por ahora, la despedida está lejos de ser la deseada. El Valencia CF tiene pendiente ganar su primer partido liguero en casa, mejorar un balance de tres goles a favor y once en contra y demostrar que todavía puede convertir Mestalla en un escenario en el que pescar puntos no sea tan sencillo.