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El Valencia CF de Corberán, instalado en la inconsistencia

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VALÈNCIA. El Valencia CF volvió a dejar escapar una oportunidad en Son Moix. El empate a uno ante el Mallorca refleja a la perfección lo que es hoy el equipo de Carlos Corberán: un conjunto incapaz de sostener su nivel durante los 90 minutos. Un equipo que vive por tramos, que alterna fases de dominio con momentos en los que es claramente superado.

Un equipo por tramos

Si algo volvió a quedar claro en Mallorca es que la consistencia sigue siendo una asignatura pendiente. El propio Corberán lo reconoció al término del encuentro, apuntando a la necesidad de “extender mejores momentos en el partido”. Y eso es, precisamente, lo que no está consiguiendo su equipo. "El principio del partido no hemos tenido balones que nos permitan alargar los ataques.Luego, hemos tenido un tramo con mejores presiones y mayor dominio", explicó el de Cheste.

El Valencia fue de menos a más, pero también volvió a llegar tarde. Durante muchos minutos, el Mallorca encontró la forma de encerrar al conjunto ‘ché’ y de instalar el partido en campo valencianista. Sin generar una gran cantidad de ocasiones, pero sí con varios avisos suficientes como para haber dejado el encuentro muy encarrilado antes del descanso.

Sin embargo, como ya ocurrió en Elche, el Valencia solo reaccionó cuando recibió el golpe. El gol local volvió a activar a un equipo que hasta entonces había estado a merced del rival. Fue entonces cuando aparecieron los mejores minutos y con ello, el tanto del empate. Pero, otra vez, a arreones.

Reacción tardía y repetida

Una dinámica que se repite y que penaliza porque en Primera División, conceder tantos minutos al rival suele salir caro. El Valencia encadena tramos de 15 o 20 minutos competitivos con otros en los que desaparece por completo. Y así, es muy difícil lograr victorias.

Esa inconsistencia no solo se refleja en el juego, sino también en el propio once. A estas alturas de temporada, el equipo sigue sin una base reconocible. Jugadores como Guerra, Rioja, Ugrinic, Almeida, Danjuma, Sadiq o Hugo Duro han alternado titularidades y suplencias sin continuidad.

Un once sin continuidad

El caso de Almeida o Guerra es un ejemplo de ello. Ambos han pasado de ser importantes a desaparecer y volver a aparecer semanas después. Sin una línea clara. Sin una jerarquía definida. Y eso, a finales de abril, evidencia que el técnico todavía no ha encontrado su equipo fijo.

Corberán habló también de “alma” y “resiliencia” para valorar el punto. Y es cierto que el Valencia no le perdió la cara al partido. Que compitió hasta el final y que supo reaccionar en un contexto complicado, pero con eso no basta.

Porque este Valencia solo da pasos adelante cuando recibe el primer golpe. Siempre a remolque, siempre reaccionando. Nunca imponiendo. Y plena pelea por la permanencia, vivir en ese bucle es un riesgo.

El punto en Mallorca puede tener valor, pero solo si se hace bueno en Mestalla porque ya no hay apenas margen de error. A falta de pocas jornadas, el Valencia continúa instalado en la inconsistencia. Y salir de ahí ya es una obligación.

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