El Valencia CF, otra vez a remolque

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VALÈNCIA. El Valencia CF vuelve a empezar una temporada con prisas. Por tercer curso consecutivo, el conjunto valencianista no pasa de un punto después de las dos primeras jornadas y, de nuevo, en pleno mes de agosto aparecen los nervios, las urgencias y la necesidad de reaccionar cuanto antes. La visita a Riazor se convierte así en el primer partido marcado en rojo de la temporada. No ganar ante el Deportivo dejaría al equipo en una situación delicada justo antes de recibir a todo un FC Barcelona.

El Valencia vive encerrado en un bucle que parece no tener fin. Los malos arranques se repiten, las necesidades aparecen demasiado pronto y el mercado vuelve a avanzar más despacio de lo que necesita el entrenador. Carlos Corberán ha comenzado el curso obligado a buscar soluciones con una línea de cinco que ha ofrecido cierta seguridad defensiva, pero que también ha evidenciado las enormes dificultades del equipo para generar fútbol y ocasiones.

El mismo problema de siempre

Los dos primeros partidos ante Celta y Betis, dos equipos que jugarán competición europea esta temporada, han dejado una conclusión preocupante. El Valencia compite, pero no hace daño. En Mestalla, además, el problema es más doloroso. El estadio afronta su temporada de despedida como casa del primer equipo y ha comenzado el curso con cero goles en dos partidos y un solo punto.

El equipo ha conseguido mantenerse dentro de los encuentros gracias a una estructura más protegida, pero cuando toca atacar aparecen las carencias. Falta calidad, desequilibrio y capacidad para generar peligro, una situación que no es nueva y que vuelve a quedar expuesta desde el inicio del campeonato.

Corberán ha intentado encontrar soluciones con lo que tiene. La línea de cinco ha permitido competir mejor desde el punto de vista defensivo, pero también ha condicionado la capacidad ofensiva de un equipo que apenas ha generado en sus dos encuentros en Mestalla. El problema es que no se puede pretender vivir toda una temporada a base de minimizar daños.

El mercado vuelve a llegar tarde

En este contexto aparece, otra vez, el mercado. El Valencia ha cerrado la incorporación de Arnau Martínez, un futbolista que responde a una necesidad evidente al poder actuar tanto como lateral como central. Su llegada supone un paso adelante para una defensa que necesitaba efectivos.

Pero Arnau no es suficiente. El Valencia sigue necesitando varios jugadores de calidad, especialmente en ataque. Y ahí es donde la planificación vuelve a generar dudas. A falta de menos de una semana para el cierre de la ventana, el equipo únicamente ha incorporado un atacante, Ryunosuke Sato, mientras las dos primeras jornadas han dejado todavía más claro que es precisamente en esa zona donde más problemas existen.

La plantilla mantiene además a futbolistas que no terminan de entrar en los planes de Corberán, mientras las alternativas ofensivas siguen siendo escasas. El entrenador tiene que buscar soluciones, cambiar sistemas y repartir minutos entre jugadores que no terminan de ofrecer las respuestas que necesita el equipo.

Riazor, una primera urgencia

El calendario tampoco ayuda. El Valencia tiene ahora una semana para reaccionar con su visita a Riazor. Un triunfo permitiría coger aire y evitar que las dudas se conviertan en una crisis demasiado pronto. Cualquier otro resultado dejaría al equipo a remolque antes incluso de terminar agosto.

Y después llegará el Barcelona a Mestalla. Si el Valencia no consigue sumar de tres en Riazor, el encuentro ante el conjunto azulgrana podría afrontarse en una situación especialmente delicada, con la posibilidad incluso de que el equipo llegue en puestos de descenso.

Es el mismo escenario que se repite año tras año. Un mercado que llega a cuentagotas, un entrenador obligado a buscar soluciones con recursos limitados y un equipo que comienza la temporada necesitando puntos. La inversión llega tarde y de forma insuficiente para las necesidades deportivas, mientras las urgencias aparecen cada vez antes.

El Valencia vuelve a estar a remolque. La diferencia es que esta vez apenas han hecho falta dos jornadas para volver a sentir esa sensación. Con cero goles, un punto y un ataque que no responde.

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