VALÈNCIA. Otra vez la misma historia. Después de varios buenos resultados de forma consecutiva que alejaban el descenso, el Valencia CF tenía una gran oportunidad de meterse de pleno en la pelea por Europa. Sin embargo, como ya viene siendo habitual en las últimas temporadas, la notable falta de ambición hace que el equipo desaproveche la ocasión.
La jornada del sábado comenzaba con los tropiezos de Athletic Club y Getafe CF, lo que permitía a los de Corberán poder igualar a puntos el octavo puesto, que seguramente tenga acceso a Europa. Pero el equipo no lo aprovechó.
Una oportunidad desperdiciada
En la casa del colista, un equipo con tan solo tres victorias, el Valencia ni apareció. Desde el minuto 1 fue claramente inferior, sin sangre y siendo superado en intensidad. Una vez más, cuando el Valencia se ve en una posición tranquila, baja los brazos y no muestra ambición para lograr algo más.
Sin ninguna duda, era una oportunidad de oro ante un rival casi sentenciado. Lo normal habría sido salir a jugar con sus nervios, apretando desde el inicio, y nada más lejos de la realidad. El 1-0 de la primera parte fue definitivo, y aún pudo ser más abultado si no es por Dimitrievski.
Una imagen lamentable que se vuelve a repetir. La falta de ambición en el Valencia CF parece no tener fin. Un club habituado a codearse con los más grandes se conforma ahora con el triste objetivo de la salvación.
Un patrón que se repite
Algo muy similar ya sucedió la temporada pasada. Cuando mejor estaba el equipo y podía dar un paso adelante, dejó de competir. Llegó en plena pelea por Europa a falta de tres jornadas, pero solo sacó un punto en los últimos nueve.
En la 23/24, todavía con Baraja, la historia no fue muy diferente. Desde el mes de enero, el Valencia alcanzó un gran estado de forma que le llevó a estar séptimo en pleno mes de abril. En cambio, desde que asaltó esa posición el 15 de abril con una victoria en Pamplona, no volvió a sumar de tres.
En esas últimas siete jornadas, el equipo cayó en cinco encuentros y empató dos, perdiendo así cualquier oportunidad europea.
Una tendencia que se ha vuelto a repetir y que empieza a convertirse en un vicio peligroso. Una plantilla que no muestra ambición y que deja de competir cuando la situación se vuelve relativamente tranquila.
Ahora, con 32 puntos, el objetivo parece ser llegar a 40 cuanto antes. O al menos eso fue lo que transmitió el equipo en Oviedo.