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Por qué la tele no enseña las protestas contra Lim

2/12/2021 - 

VALÈNCIA. Con la aparición de El Día Después, fundamentalmente, los partidos de fútbol se convirtieron en un plató televisivo donde no solo importaba lo que sucedía sobre la hierba, también todo lo que tenía lugar en las gradas. Al punto de que ir a Mestalla requería asearse antes y ponerse ropa de domingo, no fuera a ser que te sacaran. 

Para el camp del Valencia la señal televisiva ha optado por el modelo contrario: no existen gradas, por tanto no hay aficionados, en consecuencia no se ve lo que estos hacen. Debe ser la pandemia, que ha cambiado las costumbres del tiro de cámara. O eso o que cierta mordaza hace desviar la mirada de la realidad. 

Es coherente con un momento en el que la fuerza de los estadios se minimiza a favor del decorado: los fans que pasaban por allí, la turistificación de las gradas. Un cambio de usos que la pandemia frustró: gentrificar a la hinchada y reemplazarla por visitantes. ¿Por qué? Porque un visitante nunca sacaría pancartas contra el propietario; un turista no sabría quién es el amo del club. Todo facilidades. 

O el transmisor de las imágenes, Mediapro -la compañía de Jaume Roures-, o al emisor de las mismas -Movistar-, o La Liga, que es quien suministra el show, indujeron el sábado pasado a la omertà. Los televidentes no se enteraron que en Mestalla el público le pedía al propietario que se marchara. A los dos días el canal de televisión, justo en El Día Después, se desmarcó emitiendo una pieza sobre las protestas . No es la primera vez que en mitad de ese enjuague de intereses, se esquivan hechos trascendentes del estadio para que parezca que nada ha ocurrido. 

El problema, efectivamente, es lo que el ojo no ve. La acción en la trastienda. Los motivos por los que el cofrade mayor de La Liga lisonjea la gestión de Peter Lim; los motivos por los que toda su fontanería hace esfuerzos poco disimulados para esconder sus crisis reputacionales; los motivos por los que la competición actúa con tal corporativismo, condicionando sus intereses más allá del trato equitativo a los clubes. 

En mitad de la fiebre por la política de cancelación, todavía confiábamos en poder sentarnos a ver un partido sin que la retransmisión nos infantilice hasta el punto de decidir qué no debemos ver. Cualquier día se emite el fútbol con un retraso de dos minutos para que dé tiempo a aplicar un VAR a la realidad. Como en Estados Unidos después de lo de la teta de Janet Jackson.

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