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opinión

Punto de personalidad en Old Trafford

3/10/2018 - 

VALÈNCIA. El escenario, un templo sagrado del fútbol. La cita requería personalidad, atributos y esfuerzo. De todo esto tuvo el Valencia CF, que no se llevó un premio más grande por dos cuestiones muy concretas: falta de precisión arriba y de paso, ausencia de colmillo. No obstante, el punto es de oro para los de Marcelino, que siguen aferrados al sueño de poder estar en octavos. Para lograrlo, habrá que conseguir firmar un pleno ante el Young Boys suizo. Sumar seis puntos ante la Cenicienta del grupo se antoja vital. Cualquier resbalón ante ellos será fatal. 

De entrada, el VCF se plantó en Old Trafford con los deberes hechos: primera victoria en Liga, paso delante de varios futbolistas y algunos recién salidos de la enfermería. El escenario, templo sagrado del fútbol, invitaba a jugar con personalidad. Y el VCF la tuvo. Defensa sólida, orden en el medio y pujanza en banda. El menú de Marcelino tenía un ingrediente reconocible: la triple G: Gayà para tener profundidad, Kondogbia para presentar batalla y Guedes para apuñalar al costado. Suficiente para amedrentar a un United desnortado y sin colmillo. El primer acto fue ché y para haber encontrado premio, sólo faltó un punto de calma y una pizca de veneno arriba. Eso, y con perdón, un arbitraje menos hogareño, porque a Guedes le pegaron y los únicos que vieron tarjeta fueron los valencianistas. Ya saben, sello UEFA. 

En la corte de Mou, retratado por los malos resultados y azotado por múltiples reproches, el ambiente era tan tenso que se podía cortar con un cuchillo. Enfrentado con medio vestuario, con parte de la prensa y víctima de un carácter que le hace ser el peor relaciones públicas de sí mismo, el portugués no encontró un rival blando en ‘El Teatro de los Sueños’. Topó con todo lo contrario. Con un equipo rocoso, bien armado, en ocasiones afilado y al que sólo le faltó un punto de convencimiento en plasmar lo que, por momentos, pareció una realidad. Que este VCF no es inferior a un United que tiene chequera y nombres, pero huérfano de calidad e imaginación. Sí, pudo ganar de haber anotado en alguna pelota parada, pero es bastante menos de lo que uno puede esperar de un equipo que tiene el dinero por castigo. 

El mítico Tommy Docherty dijo en una ocasión: “Si Mourinho fuera de chocolate, se comería a sí mismo”. Mientras Mou sigue empeñado en devorarse a sí mismo, cada vez más atrapado en su propio personaje, el Valencia sacó la cabeza gracias a la personalidad de sus centrales, al empaque de Coqulin y sobre todo, al concurso de Kondogbia, ese tipo que metería la cabeza en un ventilador y que está programado para cualquier guerra. Si alguno dudaba de que el equipo de Marcelino sería un hueso y competiría con todo ante un rival poderoso, estaba equivocado de cabo a rabo. El VCF tuvo jerarquía, ardor guerrero y arrestos. Le sostuvo una defensa extraordinaria y un centro del campo sin fisuras. Faltó último pase y colmillo. Ese debe ser el siguiente paso para seguir creciendo. Próxima estación: el Barça de Messi.

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