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Cuando València encendía la llama del Rock and Roll

El cap i casal fue uno de los principales hervideros de talento rock durante los años sesenta, protagonizando un momento de efervescencia que se tradujo en las actuaciones que decenas de grupos locales protagonizaban en cines, teatros, salas de fiestas y paradores falleros 

18/03/2021 - 

VALÈNCIA.- Puede sonar a cantinela autosatisfecha, a chauvinismo barato o al clásico victimismo local que solo ve la paja en el ojo ajeno y rara vez la viga en el propio, pero todas las fuentes consultadas para este reportaje coinciden en que València fue uno de los epicentros del estallido de la cultura rock en España. Al nivel de Madrid o Barcelona. Como mínimo. Servidor no puede dar fe directa (aún le quedaban trece años para venir al mundo cuando los primeros combos rockeros se fogueaban en sesiones matinales por toda la ciudad, en los albores de la década prodigiosa), pero las personas con quienes hemos podido hablar tienen credibilidad de sobra para justificarlo sin recurrir al manido y sobreactuado orgullo local. 

«El rock español nace en València», afirmaba ufano Enrique Ginés (Castellar, 1938) en las páginas del libro colectivo Historia del Rock en la Comunidad Valenciana. 50 años en la colonia mediterránea (Avantpress, 2004), y remataba tan contundente afirmación reconociendo que «los que lean este libro pueden no estar de acuerdo en nada, y todo lo asumo, pero lo que nadie podrá negarme es que así lo recuerdo y así lo he vivido». Y la experiencia personal, ya lo saben, es irrefutable. Porque lo que vivió el histórico radiofonista valenciano, santo y seña de la escena local de los años sesenta del siglo pasado desde su atalaya en Discomoder, el histórico programa que se mantuvo durante más de cuarenta años en antena desde su propia emisora, la 97.7, también desde su rol como productor musical y creador de un sello discográfico, fue una eclosión creativa protagonizada por Bruno Lomas, Los Pantalones Azules, Los Huracanes, Els 5 Xics, Los Pepes, Adam Grup, Los Ángeles Negros, Los Top Son, Los Protones y muchos más: músicos y bandas que pululaban por un circuito de salas como la bolera Erajoma, el teatro Apolo, el cine Coliseum, el Club Universitario o la Piscina Valencia, en multitudinarias sesiones matinales —también alguna vespertina— en las que la fiebre del emergente rock and roll se extendía como la pólvora entre jóvenes y no tan jóvenes. La València de los años sesenta no fue el swingin’ London de la época de los Beatles y los Stones, por supuesto que no. Pero sí procuró uno de los más efervescentes focos creativos del rock en aquella década en un país que aún vivía en el blanco y negro más absoluto, bajo el yugo del franquismo, tan solo coloreado por el incipiente desarrollismo y el boom del turismo de playa. Un soplo de aire fresco en medio de aquella embotadora grisura.  

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«Los Huracanes me parecen más interesantes que los mismísimos Brincos, y Bruno Lomas era mucho mejor que Vince Taylor, quien no le llegaba al valenciano a la altura de nada, por mucho que la versión que de él hicieron The Clash (se refiere a Brand New Cadillac, incluida en el mítico London Calling, de 1979) lo haya convertido en un mito», dice Vicente Fabuel (Chulilla, 1953), uno de los más acreditados cronistas de todo lo que pasó en aquella época, dueño de la céntrica y veterana tienda de discos Oldies y autor, entre otros, del libro Bruno Lomas. Tú me añorarás (Milenio, 2019). Fabuel es quince años más joven que Enrique Ginés, pero tiene un recuerdo muy vívido de aquella época en la que, siendo un crío, paseaba con sus padres por las calles del barrio de Sant Francesc, toda la zona próxima a la actual plaza del Ayuntamiento y el Passeig de Russafa, que era algo así como el Broadway valenciano, repleto de cines, salas de fiesta, teatros, cafeterías, billares, boleras y locales de ocio de todo pelaje, y en los que el rock and roll, que llegaba con cuentagotas de los EEUU, ya empezaba a hacer notar su presencia. «La nuestra era una escena homologable a la madrileña y barcelonesa», cuenta Fabuel, quien cifra gran cuota de responsabilidad en la presencia de soldados norteamericanos: «Cuando venía un barco yanqui, aparecían centenares, cuando no miles de soldados, que traían discos bajo el brazo», recuerda. 

* Lea el artículo íntegramente en el número de marzo de la revista Plaza

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