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opinión

Si había dos Valencias, ahora hay uno

“Hay dos Valencias, el de aquí y el de Singapur”. Ese era el reproche habitual o si quieren, el bofetón de realidad que solía repetir cualquiera de los compañeros periodistas de Valencia cuando tocaba desgranar la situación caótica del equipo durante los últimos años de plomo...

11/04/2018 - 

VALÈNCIA. “Hay dos Valencias, el de aquí y el de Singapur”. Ese era el reproche habitual o si quieren, el bofetón de realidad que solía repetir cualquiera de los compañeros periodistas de Valencia cuando tocaba desgranar la situación caótica del equipo durante los últimos años de plomo. Había una propiedad que chutaba para un lado y un grupo de ejecutivos que, conociendo la casa pero atados de pies y manos, no tenían autonomía y supeditaban sus decisiones a las de sus superiores asiáticos. La fórmula era simple: quien paga, manda. Al calor de las derrotas, del bochorno y por qué no asumirlo, del desgobierno, del desencanto y de esa eterna pelea entre reinos de Taifas que ha asolado al VCF de manera crónica, la sensación del aficionado era más que creciente: había dos Valencias y así no había forma. Peter Lim, que puso el dinero pero no el tino en las decisiones, reculó en tablas, supo rectificar – que es de sabios pero no suele ser cualidad de millonarios- y concedió carta libre a Mateu Alemany en los despachos y a Marcelino en el terreno de juego. La propiedad dejó de ser intervencionista, delegó y creyó en un modelo definido para salir del caos. El resultado: Mateu gestiona y Marcelino lidera. Uno construye la estructura del club, la remodela y redefine, mientras el otro compite, dirige una plantilla plena de compromiso y edifica el futuro inmediato de la parcela deportiva. Una pareja de hecho consolidada. Un matrimonio de conveniencia que funciona y seguirá funcionando, hasta que los resultados les separen, y que ha revertido la situación del club, que ha pasado de ser la casa de los líos a ser el hogar de la eficiencia. Partido a partido, victoria a victoria, objetivo a objetivo, el club está acortando esas supuestas distancias entre el Valencia de aquí y el Valencia de Singapur, al punto que ambos, aún separados por ciertos límites, están cada vez más cerca de convertirse en una única dirección. Un pequeño paso para la sociedad, pero uno gigante para el valencianismo. Si el de aquí funciona, el de allí apoya. Si el de aquí pide, el de allí estará dispuesto a dar más. Y si el de allí está contento, y ahora tiene motivos de sobra para estarlo, delegará aún más en las figuras que han conseguido que el club recupere prestigio, orgullo y capacidad competitiva. Si hay que escuchar a Alemany, se le escuchará. Si Marcelino exige lo mejor en el mercado, se le dará lo mejor que financieramente se le pueda dar. Y si el despacho y el banquillo responden como hasta ahora, la línea de crédito, lejos de agitarse por hastío, volverá a dar brotes verdes cuando corresponda. A cada victoria que se acumula, se acorta aún más la distancia. El objetivo, que no vuelvan a convivir dos Valencias, sino uno. El presente invita a disfrutar y el futuro, al optimismo. En la hoja de ruta, muchos obstáculos: la multa de Bruselas -de la que nadie se responsabiliza pero está ahí-, el tema Porxinos, el tema del nuevo estadio y la venta forzosa de jugadores por unos 45 millones ya presupuestados. En el haber, que la caja se llenará con los ingresos de la Champions, que el equipo ganará más por derechos de televisión y como gran aval, que Marcelini ha revalorizado los activos de la plantilla. Antes de él, el grupo de jugadores se había depreciado. Hoy se ha multiplicado en el mercado. En este club no hay nadie imprescindible, salvo la afición, porque sin gente del VCF no hay VCF, pero si uno tuviera que hacer una lista de elementos indispensables para que el club siga creciendo a este ritmo tan poderoso y convincente, lo tendría claro: 1) Imprescindible que el Valencia de Singapur siga confiando en el de aquí y que Mateu gestione como hasta la fecha, liderando al club con maestría desde los despachos; 2) Imprescindible que Marcelino siga al frente de la nave, renueve y sea feliz, porque el trabajo de este cuerpo técnico roza el milagro y hay que seguirle dando armas para poder acercarse aún más a los dos de siempre; 3) Imprescindible comprar a Kondogbia, el mejor fichaje de esta Liga y una de las mejores compras de la historia contemporánea del VCF; 4) Imprescindible reforzar la iconografía de un producto de la casa que tiene un presente de platino y un futuro de oro, Carlos Soler, porque él es el estandarte del mejor patrimonio del club Paterna; 5) Imprescindible tratar de aguantar la venta de Rodrigo, conservarle y apostar por él, porque ahora su fútbol no sólo abre bocas, sino que también las cierra; y 6) Imprescindible hacer un esfuerzo por Guedes, bien en forma de compra (complicado) bien en forma de nueva cesión (más factible), porque es una pieza que, si no hipoteca económicamente al equipo, le viene de perlas. Suya, señor Lim. Juegue. Con la Champions bajo el brazo, se avecina un verano de contrastes. El club tendrá que vender un par de buenas piezas, probablemente tres. Gente con cartel, que deje un buen dinero y que no implique un daño irreparable para el míster. Y por el contrario, tendrán que llegar 4-5 caras nuevas de mucho nivel. De primer nivel. Antes no había ningún jugador de calidad que quisiera venir al Valencia. Ahora se ofrecen. Antes no había clubes de elite que tomaran en serio la llamada del Valencia. Ahora llaman ellos para ver qué necesita el VCF. Así fue toda la vida y así vuelve a ser, gracias a Mateu y Marcelino. Que dure. El Valencia ha llegado. En agosto llegará lo más difícil, mantenerse. Al aficionado, el único imprescindible en este grande de Europa, hay que pedirle paciencia. Habrá alguna decisión traumática, puede que alguna venta inesperada y alguna partida dolorosa. Es más que posible. Escrito queda. Será el momento de confiar en las personas que han obrado un auténtico milagro deportivo. Las cosas se están haciendo bien. Y en la medida de lo posible, se van a seguir haciendo lo mejor posible. En caso de duda, ya saben: Keep calm & Mateu y Marcelino. Si hubo dos Valencias, radicados en diferentes puntos geográficos y en diferentes identidades, ahora hay uno. Y es muy reconocible: el Valencia CF. Un club donde todos reman en la misma dirección, donde todos ponen su granito de arena y donde los resultados están ahí: está en pleno crecimiento, recuperando terreno y siendo alternativa de poder. Que los que han unido ese club duren. Y que los que tienen que confiar, sigan confiando. Así es como se gana.

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