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opinión

Sí, un grande de Europa

13/02/2019 - 

VALÈNCIA. Siempre hay una primera vez para todo. El otro día me detuvo por la calle un aficionado que no pasaba de los treinta y me preguntó cómo era posible que, en varias intervenciones en la televisión, hubiera cometido el imperdonable error de considerar al Valencia CF como un grande de Europa. Me recriminó que le concediera ese estatus, me comentó que me había pasado tres pueblos y me dijo que una cosa era que el club fuera un grande a título doméstico y otra, bien diferente, que fuera un grande del concierto europeo. Tenía prisa, porque perdía el tren rumbo a Barcelona, pero me detuve y le expliqué, de carrerilla, por qué el VCF es un club de pedigrí continental. Le comenté que el VCF ha conquistado Ligas y Copas, pero que también había ganado todo lo que se podía ganar en el concierto europeo, salvo la Champions, explicándole que el Valencia había sido campeón de la Recopa, de la Copa de la UEFA, dos veces de Copa de Ferias, dos veces de la Supercopa de Europa y otra de la extravagante Intertoto. Y que, de propina, por si se le olvidaba, el VCF había disputado dos finales de Champions, teniendo la mala suerte de perder una de ellas en la tanda de penaltis, sin haber sido peor que su rival. Recitado el palmarés y viendo la reacción de mi compañero ocasional de tertulia, zanjé la cuestión. Amigo, naturalmente que el Valencia CF es un grande. En España y en Europa. El aficionado asintió, me dio las gracias por la información y me dijo que, efectivamente, si el club había sido capaz de ganar todo eso, el equivocado era él. 

Con la obligación de demostrar el orgullo de haber sido y la ilusión de seguir siendo, en unas horas el Valencia visitará uno de los grandes templos del fútbol continental: Celtic Park. Un escenario ideal para que el equipo del murciélago aumente gloria y prestigio en la carrera por progresar entre los gigantes europeos. Los más viejos del lugar recuerdan, de memoria, aquella eliminatoria brutal ante el Rangers en la Recopa de 1980, donde Mario Alberto Kempes y Rainer Bonhoff machacaron a los protestantes con una actuación memorable, que entró de lleno en la historia sagrada del VCF, que acabó levantando el trofeo. Y hasta los más jóvenes de la tribuna de Mestalla recuerdan el último precedente contra el gigante católico escocés, el Celtic, en la Copa de la UEFA de 2001-02. En aquel duelo épico, antes de caer con el Inter en cuartos, el equipo ché ganó en casa por la mínima con gol de Vicente y cedió en Celtic Park por idéntico resultado, clasificándose después de una intensa tanda de penaltis, donde brilló con luz propia Santi Cañizares. Aquellos choques ante Rangers y Celtic fueron las dos páginas más gloriosas del club en sus incursiones en tierras de William Wallace. Como no hay dos sin tres, ahora el Valencia CF, liderado por Marcelino García Toral, vuelve a visitar Glasgow, con intención de profanar Celtic Park.  Llega sin Rodrigo, Mina, Gayà, Paulista y Roncaglia. Cinco piezas vitales. Y sin embargo, Marcelino recupera el eje del éxito del curso anterior, con la pareja Parejo-Kondogbia y también podrá contar con ese puñal llamado Gonçalo Guedes. De postre, Marcelino evaluará las prestaciones de la guardería de Paterna, con minutos para Kang In Lee, Lato, Ferrrán y quién sabe si Centelles, amén de dar luz verde al posible debut de Rubén Sobrino, uno de los fichajes de invierno, que espera aportar poco ruido, pero muchas nueces. Calidad le sobra.

Ganar en Celtic Park sería un pequeño paso para la moral del Valencia CF, pero uno gigante para su historia europea. Esa que tiene que seguir creciendo para no vivir del pasado, sino del presente, y para evitar que todavía existan aficionados que sigan sin considerarle como lo que es: un grande. Más allá de la tensión competitiva de la Liga y de la ilusión de la Copa, las grandes noches europeas son la locomotora de la ilusión del aficionado y el trampolín ideal para que los buenos equipos se convenzan de que pueden ser mucho más grandes. Este VCF lleva una temporada de emociones fuertes. Ha pasado por todos los estados: de la ilusión ficticia de los fichajes a la frustración del primer tramo de competición, pasando por una situación de alerta naranja hasta desembocar en el actual repunte del grupo, tanto en juego como en resultados. Ahora, en Celtic Park, llega la hora de disfrutar. De soñar con el olímpico de Bakú. Una oportunidad de oro para que los jugadores crezcan y para que la leyenda europea del club siga creciendo, para que el prójimo no siga dudando de la categoría de un club que siempre ha sido grande de España, pero también de Europa. Las cosas, por su nombre. 

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