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opinión

Son sólo negocios, nada personal

9/10/2019 - 

VALÈNCIA. Peter Lim no tiene intención de vender su mayoría accionarial al frente del Valencia CF. Entre otras cosas, porque para él este club de fútbol sólo es una más de sus múltiples inversiones. Desde su más fría mirada de empresario que se ha hecho rico a sí mismo, comprando, vendiendo y cambiando fábricas, inmuebles o empresas, el Valencia CF no es un fin, sino un medio para que su cuenta corriente engorde con el máximo número de ceros posibles en el futuro. No es que Lim no respete la realidad social, historia, tradición o sentimientos de la masa social del club, es que no le interesa conocer sus mitos, ritos y símbolos, porque entiende su inversión como una compra más de su larga colección de operaciones en las que el único objetivo es lucrarse y ganar todo el dinero posible. Ya saben aquella mítica frase: “No es personal, sólo son negocios”.

Y para Peter Lim, el VCF es justo eso. Un negocio. Precisamente por eso, su intención, a corto plazo, no pasa por vender el club. A bote pronto, por tres motivos: primero, considera que su proyecto aún tiene un margen de recorrido importante para revalorizarse y poder recuperar el dinero invertido en su día: y segundo, ahora mismo no hay comprador capaz de reintegrarle la cantidad depositada. Un tipo con aparente éxito en los negocios y una fortuna personal que le permite invertir su dinero donde le da la real gana, en el mismo tiempo y forma en el que se encapricha y desenamora de todo aquello que su dinero toca, sólo habla un idioma universal: el del dinero. Y Lim, que era susto o muerte, lo puso, aprovechando que los que decían querer mucho al Valencia se querían mucho más a sí mismos. Se quedó la mayoría accionarial, desarrolló su hoja de ruta, delegó el día a día en su cohorte de súbditos – trabajadores viene a ser otra cosa- y teledirigió, a golpe de capricho, el club desde Singapur. Por el artículo 33: “Quien paga, manda”.

Así que Lim, que no es ningún tonto, va a seguir teledirigiendo una empresa que jamás puede ser dirigida como una empresa el tiempo que sea necesario, hasta que aparezca alguien que hable en su mismo idioma: negocio y dinero. Hasta entonces, seguirá oculto, sin dar la cara, pagando a otros para que la den. No le importará si el equipo gana la Copa del Rey, si vender a un jugador querido es impopular, si el nuevo campo es un desastre, si el tema de las parcelas encuentra solución o no, si el club se endeuda cada vez más o no, si los derechos de los jugadores siguen pignorados o no, si va a ser capaz de cumplir con las condiciones de compra, si contrata entrenadores y ejecutivos a la vez que los despide sin saber por qué los trajo y por qué se van, como tampoco le importa demasiado si Mestalla exige su marcha o si el equipo lo acaba entrenando Doña Rogelia.

A Lim no le importa que el presidente que él mismo ha puesto para representar un club histórico está en manos de una gestión histérica. Y le da igual ocho que ochenta, que ochocientos cincuenta, que su empleado estrella mande callar al personal o se burle de la gente que impulsa la existencia de su negocio, porque señor Lim, con la venia, sin gente del Valencia CF…no hay Valencia CF. A Peter Lim, un máximo accionista que por lo visto se cree con derecho a comportarse como el amo de un cortijo que da instrucciones a un tipo feliz de ejercer de capataz, le da igual el Valencia CF. Y no es ni malo, ni bueno. Es la realidad. Para él es sólo una inversión más. Un negocio más. Una oportunidad más de hacer todavía más dinero. Peter Lim, camaleónico e indescifrable, seguirá sosteniendo que no vende, porque cree en su proyecto. Lo curioso del asunto es que no tiene proyecto. O mejor dicho, nunca lo ha tenido. Un día es Amadeo Salvo, otro es Fabián Ayala, otro es Rufete, otro es García Pitarch, otro es Pako Ayestarán, otro es Nuno, otro es Gary Neville, otro es Prandelli, otro es Marcelino, otro es Mateu Alemany y mañana Dios – perdón, Peter-, dirá. En realidad, nunca ha habido proyecto. Peter Lim lo que quiere es ganar dinero. Y paradojas de la vida, esa falta de interés, de tacto y de sensibilidad hacia los legítimos dueños de su negocio, los aficionados, es la que invita a pensar que nadie le ha explicado que el Valencia CF no es un negocio, ni una empresa, ni un holding. Para Lim nunca es personal, son sólo negocios. Pero para la gente del Valencia, su equipo jamás será un negocio, porque es algo personal.

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