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SENTIM LES LLIBRERIES 

"Un striptease emocional", o por qué regalar libros es también ofrecer pedazos de ti mismo

Libreros y lectores hacen balance de ‘Sentim les llibreries’, el amigo invisible en clave literaria que ha revolucionado a los bibliófilos de València

3/08/2020 - 

VALÈNCIA. La antropología, esa ciencia que nos cuenta quiénes somos y cómo habitamos el mundo, ha dedicado un buen puñado de tiempo a estudiar los rituales que envuelven ese sutil proceso de hacer regalos a otras personas. Y es que, el hecho de ofrecer un presente activa resortes almacenados en lo más profundo de nuestra esencia de homínidos con camisa. Al fin y al cabo, ¿qué es la humanidad sino el conjunto de ritos y símbolos con los que tricotamos nuestra existencia individual y colectiva? Y es precisamente a ese circuito de aspiraciones, generosidad y satisfacción que implica el ‘hecho regalador’ al que apelaba la iniciativa Sentim les Llibreries, cuya primera edición llega a su fin tras haber colmado València de bibliofilia.

En marcha durante los últimos meses, este proyecto buscaba poner en marcha un multitudinario amigo invisible con el que se regalaran libros a desconocidos a través de 15 librerías de barrio. Para sumarse bastaba con crear un pseudónimo y facilitar una breve descripción de tus intereses. ¡Voilà! Más de 1800 personas se han acabado sumando a este juego que aunaba la pasión por la palabra y el deseo de mantener el burbujeo del pequeño comercio. Más de 1800 personas han regalado un pedazo de sí mismos entre los párrafos encuadernados. “Es algo que hago en navidades con amigas: un amigo invisible en el que solo pueden regalarse textos comprados en librerías de proximidad”, explica María Bastarós, impulsora de todo este sarao.

“Al ser un proyecto altruista y con un equipo de trabajo muy reducido, nos pusimos un tope en mil inscritos, pero se rebasó tan rápido que no tuvimos más opción que aumentarlo. Creemos que ha funcionado por una conjunción de motivos. Por un lado, había muchas ganas de reconectar: la gente estaba deseosa de comunicarse a nivel social y Sentim apelaba a esa necesidad con un sentido lúdico y en torno a una causa común. Además, había una conciencia de las dificultades que atravesaba el comercio local y muchas personas consideraron que era momento de unirse y motivar un empujón real. Ese era el objetivo más importante”, sostiene la coordinadora del proyecto, cuya identidad visual corre a cargo de la ilustradora Sara Luz.

En esa misma línea, para Almudena Amador, responsable de la librería Ramon Llull, Sentim ha puesto de manifiesto “como nunca antes lo había visto una corriente de simpatía entre lectores y hacia las librerías que nos ha maravillado. Tenemos un montón de anécdotas preciosas y todo a partir de libros regalados. ¿No es glorioso?”. A María Córcoles, participante en esta iniciativa, la convocatoria le llegó por Instagram a través del escritor Alberto Torres Blandina: “me sumé porque lo que más me gusta en el mundo es que me descubran ejemplares y descubrirlos yo a otras personas. Es algo que no sucede todos los días y resulta fascinante”.

Le toca el turno a Fiona Songel, librera de La Primera, un espacio que inició su travesía el pasado noviembre: “anímicamente, tras dos meses cerrada por el coronavirus en mi primer año de apertura, me ha venido muy bien esta iniciativa. Es especialmente bonito porque ha nacido de escritores que viven en València y querían echarnos un cable sin ganar nada a cambio”.

Desnudarse a través de los libros

Volviendo a esa panoplia de simbolismos que supone intercambiar libros, Paco Ivars, de la Librería Berlín considera que comprar un ejemplar para uno mismo o para un amigo “es habitual, pero leer algo que un desconocido ha comprado para ti, y saber que otro está leyendo algo que tu elegiste lo hace tremendamente especial”. De hecho, como resaltan desde Ramon Llull, “nos encanta regalar títulos y recibirlos. Imagino que tiene que ver con compartir aquello que te ha producido una lectura o con buscar afinidades con otras personas mediante sus páginas. También con la curiosidad propia de todo lector, con las ganas de que te descubran algo y de aprender”. 

Regalar un libro implica un proceso de striptease emocional. No regalas algo que no significa nada para ti. Los textos son una suerte de conversación contigo mismo, pues cada una los percibe de un modo distinto en función de su momento personal. Cuando alguien te dice qué obras son las más importantes o que más le han marcado... ¡Se está desnudando!”, explica Córcoles, para quien la emoción de compartir lecturas se puede comparar “a la de un antropólogo al descubrir nuevas sociedades. Hay tantos que es importante descubrir nuevos ‘faros’ literarios que te ayuden a elegir. Porque un buen título es un descubrimiento de una realidad que te acerca a ti”. 

Foto: EVA MÁÑEZ.

“Es maravilloso que alguien que no conoces te haga un regalo y más aún cuando se trata de algo tan íntimo como leer. Te crea una sensación de proximidad y de placer comparable a muy pocas cosas en la vida. Se ha creado una comunidad lectora muy interesante con complicidad de libreras y lectoras”, señala Alodia Clemente, fundadora y alma de La Rossa. En ese sentido, Nika Vázquez, participante en esta andanza colectiva, cree que cuando regalas un libro “estás regalando a esa persona también un poco de tiempo, para que lo lea y lo disfrute, así como toda una serie de capacidades que se nos desvelan y desarrollamos cuando leemos: empatía, creatividad, pensamiento crítico... Además, al recibir uno sabes que alguien se ha tomado la molestia de conocerte y de elegir, entre todos los posibles, el más adecuado para ti”. Así, hacer llegar un volumen a manos ajenas supone también regalarle un paréntesis vital para que pueda escapar de las miserias cotidianas y mecerse en cosmos de tinta en los que todo es posible.

Un carrusel de títulos

Ante la solicitud de recomendaciones, tocaba pertrecharse de propuestas editoriales que satisficieran a los jugadores de este amigo invisible. “Habíamos tenido la precaución de mirar los perfiles y pensar en posibles títulos por si nos pedían asesoramiento. Ha habido mucha recomendación librera, pero también mucho pasearse para inspirarse. Me ha sorprendido mucho el entusiasmo de los participantes”, señala Almudena, para quien ha sido “muy emocionante ser testigo de todo el proceso: el mimo al escogerlo, las ganas de afinar y la ilusión en las recogidas; las notas, detalles, marcapáginas hechos a mano...  La gente ha sido muy generosa, cuidadosa y creativa”.

“Estoy contentísima ya que las lectoras han decidido arriesgarse y regalar publicaciones de editoriales independientes y autoras menos conocidas”, afirma Clemente sobre el carrusel de títulos que ha invadido los mostradores de la ciudad. En su papel de prescriptora, esta librera ha ayudado a elegir, entre otros, “una obra sobre apicultura realmente interesante. No digo cuál porque la agraciada aún no lo ha recogido…”. Respecto a los más demandados, añade que Las malas “ha sido top de ventas”. 

“Los participantes han pensado mucho qué publicación regalar, lo que demuestra que querían sorprender y ser sorprendidos. Había gente un poco bloqueada y nos ha pedido asesoramiento basado en las indicaciones recibidas. En ese caso, hemos optado por novelas negras como Efecto Dominó o Soy Pilgrim; para los que preferían literatura de viajes recomendamos El leopardo de las nieves, y en literatura fantástica American Gods”, expone Ivars. Además, esta coyuntura también ha permitido al librero adentrarse en sendas literarias que no tenía cartografiadas hasta el momento: “hay títulos que nos han pedido (por ejemplo, Pandora en el Congo o Inquisitio) que no controlaba y a los que me apetece dar un vistazo”.

La persona a la que me tocó regalar indicaba que se encontraba en un momento de crisis vital y existencial, sin saber qué rumbo tomar en su vida. Esas pautas me ayudaron a elegir Ikigai, de Francesc Miralles y Héctor García, pues la idea japonesa de la búsqueda del Ikigai puede ayudar a descubrir cuál es tu misión en la vida. También le regalé Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, pues en la novela, el protagonista pasa por un momento de búsqueda de sentido y de autodescubrimiento”, indica Nika Vázquez. En su caso, el libró que se posó en el regazo fue Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez, “una compilación de pequeñas historias cuyo común denominador es que sus personajes quieren mucho, unas veces sabiéndolo demostrar, otras con dificultades para ello. Me ha encantado”. 

 La Primera, la nueva librería ‘de autor’ de València

Hasta la puerta de La Primera ha ido arribando gente “que tenía las ideas muy claras y sabían qué encargar, me ha gustado mucho conocer sus intereses- apunta la librera-. A quienes venían un poco perdidos les he aconsejado algunos de mis textos favoritos. Esa parte es la que más me gusta de mi trabajo: poder compartir las lecturas que me han marcado”. Los lectores, generalmente, escogían libros “de acuerdo con el perfil de aquel al que regalaban, pero otros han querido dar a conocer su obra preferida. Las elecciones han sido muy variadas, desde poesía vanguardista a novela negra, ensayo, filosofía o ciencia ficción, ilustrados o cómics. En los perfiles me llamó la atención la demanda de ciencia ficción, sobre todo distopías”, explican desde Ramon Llull.

Solitaria y comunal

Por su propia naturaleza, la lectura es, en la mayoría de casos, una actividad íntima, sorbida en solitario incluso aunque se lea acompañado. Sin embargo, iniciativas como las que nos ocupa logran que esa incursión entre páginas impresas se convierta en una experiencia comunal, en una expedición editorial vivida en colectivo. Y es que, en opinión de Amador, “lo buenísimo de leer es que es un acto de introspección, pero, al mismo tiempo, es un ‘espacio’ compartido y a compartir. Lo vemos con el clima que se crea en los clubs de lectura, las presentaciones de novedades libros y, de forma general, en la vida cotidiana de las librerías”. Como apunta Songel, el ADN de este proyecto no se basaba en “comprar por comprar sino de establecer relaciones. Una lectora encargó para sí misma el título que regaló a su amigo invisible y le incluyó una nota en la que le decía que si lo leían a la vez podrían en cierta manera compartir esa experiencia durante el verano. Me pareció precioso”.

Por otra parte, para Bastarós el hecho lector constituye una vertiente “muy identitaria”. “A cierto nivel todos sentimos que somos lo que consumimos: somos el cine que elegimos ver, los textos que elegimos leer, las exposiciones que elegimos ver. Describirse a uno mismo y ser en consecuencia regalado por alguien desconocido es alucinante porque de alguna forma nos estamos presentando ante otro y ese otro nos está ofreciendo su mirada sobre nosotros”, sostiene. Además, según la impulsora de Sentim, “los libros son algo muy íntimo, construyen su historia personal de forma trascendente, por lo que elegir una obra para otra persona se convierte en la oportunidad abstracta de abrirle una puerta”. En la misma línea, para Vázquez esas páginas inundadas de historias “unen más de lo que pensamos, pues cuando vemos una persona que lee un título que conocemos, algo nos vincula a ella. Lo mismo sucede con los nos regalan: ese volumen llevará consigo por siempre un poco de esa persona”.

Foto: EVA MÁÑEZ

¿Y mañana, qué?

Tras el triunfo de sus primeros gorjeos, Sentim otea ahora el horizonte con ambición: “nos gustaría repetirlo el año que viene, en las mismas fechas, para que suponga un balón de oxígeno anual y contribuya a la subsistencia de las librerías independientes. Una evolución posible es ser el germen de distintos eventos literarios físicos u online. Estamos abiertos a todo eso, siempre sin perder de vista que este proyecto no va solo de colectivizar y fomentar el interés por la lectura, sino de analizar cómo consumimos y dónde lo hacemos y las consecuencias que eso tiene para nuestros barrios y nuestras ciudades”, señala la fundadora del proyecto, para quien “no tendría sentido” que Sentim fomentara un aumento de lectores y de adquisición de libros si esta “se realizara a través de Amazon. Lo que queremos es generar una reflexión sobre la necesidad de proteger nuestros barrios y el comercio local frente a las grandes plataformas”. 

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