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OPINIÓN

VCF: Paciencia y rebeldía

20/12/2018 - 

VALÈNCIA. Sólo existían dos direcciones posibles: retirarle la confianza al entrenador o salir a respaldarle en público, transmitirle confianza plena y asumir que hay piezas que sobran en el puzle, porque hay quien resta más que suma. Mateu Alemany recitó el catón de cualquier ejecutivo responsable y de todo portavoz que pretende restañar la imagen del proyecto. Cuestionado en algunos foros incluso por quienes le concedían crédito ilimitado el año pasado, Marcelino necesitaba un espaldarazo por parte de la institución. En situaciones críticas, el mensaje debe ser de unidad. Y lo está siendo. El club aún confía en Marcelino, la institución entiende que debe reajustar el equipo en el mercado y el técnico ya le ha hecho saber al club que si se cometieron errores, ahora es época de rectificarlos. Y en ello andan. Murillo está en la órbita del Barça. Batshuayi tiene que salir. Y Gameiro anda ahí, ahí. El club peina el mercado, se buscan un lateral derecho y un delantero como el comer y como en toda casa a la que no le sobran los recursos económicos, en cuestiones de mercado, antes de entrar, dejen salir. Mateu confía en Marcelino y Marcelino en Mateu. Así fue en las buenas y por sentido común, así debe ser en las malas. Su decisión no dista demasiado de la postura de leyendas icónicas del club. Cañizares, Baraja, Kily González o Roberto Fabián Ayala coinciden en su diagnóstico: confían en la capacidad de Marcelino, creen que el potencial sigue ahí y creen que si se mantiene la calma, los resultados que ahora se niegan, acabarán llegando. El club apela a la paciencia. A no perder nunca los nervios y a templar gaitas. Los resultados no son los esperados, es un hecho, pero aún no hay nada perdido y queda un mundo por delante.  

 Y luego, naturalmente, está la opinión de la gente. Que no tiene responsabilidades, pero que quiere al club y que arde en deseos de saber qué le pasa exactamente al enfermo, porque hace semanas que no le gusta el color de la orina. Algunos siguen confiando en que Marcelino es el líder ideal para el viaje que pretende hacer el VCF y otros, que han dejado de creer, consideran que lo único que le mantiene en pie es lo que logró el año pasado. En cualquier caso, partidarios y detractores del asturiano coinciden en algo: su futuro lo marcarán los resultados inmediatos. Nadie pensará que la etapa de Marcelino es pasado si gana un par de partidos seguidos y nadie se extrañará si el club que hoy le respalda acaba por retirarle la confianza si pierde los siguientes. En todo caso, aunque flote en el aire una sensación de desasosiego y tensión latente, el valencianismo debe reflexionar sobre lo que queda de curso. Y sobre todo, debe hacerlo el vestuario. El entrenador y el club ya han dado un paso al frente. Han venido mal dadas, pero todo aquel que no sume se irá y el que haya sumado, se quedará. Algo es algo. Ahora es momento de unir, no de desunir. De remar juntos y no de culpar al empedrado. El año pasado el vestuario, convencido por Marcelino, fue capaz de transformar la rabia por los malos resultados y dos años nefastos en una rebeldía positiva. Hoy, después de que un equipo acostumbrado a ganar se haya abonado a empatar, se ve que algunos futbolistas están desencantados y resignados. Mal asunto. Eso no se lo puede permitir el VCF.  Se han hecho cosas mal, es un hecho. Así que ahora sólo existen dos caminos: escudarse en la autocompasión, que es un mal negocio; o apretar los puños y seguir, que es la única vía decente y con perspectiva de futuro. Hay que canalizar toda esa rabia contenida y transformarla en energía positiva. En rebeldía. 

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