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opinión

Anatomía de un fracaso

Ha transcurrido ya una semana desde la catástrofe de Moscú y, muchos de los que queremos a la Selección Española, seguimos con la sangre en ebullición por lo ocurrido allí el domingo por la tarde y por todo lo acontecido en los días precedentes...

7/07/2018 - 

VALÈNCIA. Ha transcurrido ya una semana desde la catástrofe de Moscú y, muchos de los que queremos a la Selección Española, seguimos con la sangre en ebullición por lo ocurrido allí el domingo por la tarde y por todo lo acontecido en los días precedentes. Porque, lo llamen como lo llamen y pese a que el Capitán de la Selección cometió la osadía de decir tras el partido que cualquier español podía sentirse orgulloso, el papel de los nuestros en el Mundial de Rusia ha sido un fracaso absoluto. Y es cierto que otras grandes selecciones han sucumbido también de manera estrepitosa pero... qué quieren que les diga: a mi, lo que le suceda a Alemania o a Argentina me da exactamente igual, sin embargo sí me duele profundamente que los nuestros se revuelquen en el ridículo como lo han hecho. 

A raíz de la eliminación se desató la tormenta que muchos venían alimentado hipócritamente desde su falsa postura ‘españolista’ cuando en realidad se frotaban las manos ante la posibilidad de arrear al Presidente de la Federación y, de paso, ganarse la ‘caricia’ del Ser Superior pero... antes de llegar a ese particular creo que conviene afinar la puntería. Hay que apuntar al seleccionador interino que , aunque obviamente no ha sido responsable de encontrarse con el Miura que se encontró de cara a dos días del debut de España, le ha venido muy grande el traje de seleccionador: su incapacidad a la hora de leer los partidos  con la consecuente falta de reacción desde el banquillo nos ha costado cara pero  -lo dije y lo repito tras el batacazo- habrá más mundiales y la solución de emergencia por parte del Presidente está totalmente justificada. Ojalá hubiera tenido un buen entrenador a mano pero a quien tuvo a mano fue a Hierro y el ex futbolista hizo lo que pudo o... lo que supo, que lamentablemente fue bien poco.  En cualquier caso ciertos síntomas de bloqueo ya se habían empezado a vislumbrar bajo el mando del desleal Lopetegui y me parece que el papel con él en el banquillo no hubiera diferido mucho del obtenido. Aunque eso es una opinión muy particular y -obviamente- nunca sabremos lo que hubiera ocurrido.  De todas formas en la fábrica de humo ubicada en La Castellana tienen muy claro que con “Su Julen” el Mundial era coser y cantar.

Entiendo que también es justo apuntar a los jugadores porque del Mundial nos ha tirado una selección muy mediocre y aún con la nada absoluta en el banquillo tenían que haber dado mucho más. Esperaba mucho más le la gran mayoría de ellos: lo del portero ha sido una tragicomedia, la pareja de centrales un drama, Iniesta está para lo que está y aún así hizo lo que buenamente pudo, Silva ha tenido una temporada muy complicada en lo personal y posiblemente no tenía el cuerpo para mundiales, Busquets busca brújula, a Asensio lo han inflado tanto de elogios que no llegó a tocar el césped por su estado de levitación... y así un largo etcétera del que se salvan los que apenas jugaron -como Rodrigo que demostró mucho en muy poco tiempo-, Isco Alarcón y poco más. Un elenco de futbolistas tan cargando de calidad y talento no puede ofrecer una imagen tan lamentable perdido en un ‘tikitaka’ bobalicón y mal interpretado con independencia de que el banquillo haya un entrenador o un poste de telégrafos. Se puede perder, claro. Pero no así. No dejando en la retina del seguidor español esa sensación tan indolente, esa sensación de no luchar, de no querer, de ni siquiera intentarlo...

Hecho el justo preámbulo apuntando a los verdaderos protagonistas porque al fútbol juegan los futbolistas, sí pretendo volver al momento de la ‘voladura’. Al día en el que Lopetegui decide convertirse en cómplice de Don Florentino. Al instante en el que  aprovecha su posición en la Federación para hacer de mamporrero de su amo y fichar futbolistas del combinado nacional para el Real Madrid en lugar de centrarse en el gran compromiso que tenia por delante. A la trama con la que los dos, juntos de la mano, dinamitaron una gran ilusión. La de muchos españoles que aman su selección y no van a comulgar con ruedas de molino a pesar de que desde la atalaya de La Castellana compren todos los altavoces que compraron, compran y seguirán comprando. 

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