opinión

5 visiones sobre un misil contra el Valencia

12/09/2019 - 

VALÈNCIA. Ni el Valencia de allá, ni el Valencia de aquí. Oh, sorpresa: ganó Singapur. Fulminar a Marcelino no es solo fulminar a Marcelino, claro, disminuido como sus andanadas en rueda de prensa daban a entender. Es, sobre todo, dinamitar un ciclo, el ciclo de la estabilidad, que el club tenía en bandeja de plata por primera vez en una quincena de años. La irresponsabilidad de los nerones quedará por mucho tiempo en su frontispicio. Se simplificará en que ser desleal al propietario debe acarrear la máxima condena. Pero cambia si quien posee es desleal a la propia posesión. 

1.Quién conformó el marcelinato

Cabría preguntarse si las taras de la gestión de Marcelino (escasas en comparación con los beneficios aportados) han estallado solas. Si esta tendencia centrípeta hacia la acumulación de poder y a hacer que los planetas del club giren en torno a su figura ha sido una realidad sobrevenida. No, no lo ha sido. El gobierno menguante le entregó el club a Marcelino y Alemany al manifestar su incapacidad para redirigir. Tras ellos, los encargados consiguieron los resultados exigidos, mostraron una línea de actuación coherente y, claro, se sobrepasaron en el peso de su poder, aprovechando el vacío en el despacho oval. 

Si existe una traición es la del propio Lim respecto a la dirección técnica que permitió modelar. 

2. Y quién no supo sofocar el golpe de poder del marcelinato

Por tanto, ¿quién no fue capaz de limitar un poder que se veía desproporcionado?, ¿quién se ausentó de su tarea vigilante? 

Si tensó tanto Marcelino la cuerda es porque, por conveniencia, el propietario le entregó la cuerda entera. 

Rebatir bruscamente los excesos del modelo que propugnas -sin corregirlo mientras tanto- es un dislate que atenta contra cualquier intento de estabilidad. Seis entrenadores después, ¿no se ha preguntado la propiedad y sus adláteres si es que quizá el modelo que no funciona es el suyo propio?, ¿si es que los que debían vigilar la gestión diaria están a otra cosa?

3. Por qué justo ahora 

Hasta una mala decisión tiene buenos tiempos. No parece que, después de un parón, en el zaguán del trance contra Barcelona y Chelsea, con la temporada casi por estrenar, sea el momento más oportuno para hacer saltar por los aires un cuerpo técnico. En su cabeza, la de Lim, debió parecer una buena idea. Es un delirio disimulado con cotilleos palaciegos con los que poder soportar la verdad: la irracionalidad nos domina.

4. Qué supone para la reputación del club

Y es, desde una visión más amplia en el tiempo, una decisión especialmente tóxica porque golpea una reputación que estaba en proceso de curas. Otro golpetazo letal en pleno intento por recuperar la credibilidad. El club, de la resistencia una inmunidad, volverá a soportarlo… ¿pero cuántas oportunidades está desaprovechando?, ¿cuántos más trenes podrá dejar escapar?

5. La autodestrucción del Valencia son los padres

Y una última visión: no, no es el Valencia de la autodestrucción; no ocurre todo esto por unas condiciones singulares del club. De comprar ese argumento estaremos condenados de por vida. Superemos el tópico manoseado. La destrucción tiene -y tuvo- nombre y apellido. Es más, ahora tiene el color de la impericia, del desahogo, de la irresponsabilidad institucional (aunque se le pondrá el aderezo de una apuesta por los jóvenes valores y por las florecitas del campo). Que no quede parapetado tras conspiraciones fabulosas, se trata de una ausencia manifiesta de talento y de un exceso evidente de adanismo con el que dirigir un club de fútbol, de unas prioridades que discuten la propia soberanía del Valencia CF. 

Hasta la próxima.

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