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opinión

Cincuenta mil entrenadores

Ahora hemos de abrazarnos al placebo, a la homeopatía del calor de la afición porque eso, y solo eso, va a ser determinante en estos partidos de liga que restan. Determinante. Ojo ahí...

8/04/2016 - 

VALENCIA. En un club en el que el tuerto es el rey, resulta que toda la planificación deportiva y sus consecuencias económicas depende de unos millares. En un club en el que tiene más mano que nadie el mejor agente de jugadores del mundo, el acierto de los refuerzos de este verano en los próximos partidos va a depender, entre otros, de un diplomado en Telecomunicaciones que sienta su culo cada quince días en el sector tres. En un club que oferta MBA de entrenador de élite y que, en vez de cobrarlos, los paga, va a tener más importancia un licenciado en ADE y padre de una niña de cuatro años que recita de memoria el himno del Valencia, que alguno de los componentes de la primera plantilla. Ese es nuestro presente y así de crudo se presenta el inmediato futuro.

Porque ahora resulta, queridos y queridas, que todo el tinglado depende de que usted o yo entonemos una especie de "Mai caminaràs sòl", como si el Turia mutase en el Mersey, o algo parecido. Porque la panda que quedará en la historia del libro del Valencia en la 15-16 necesita sentir nuestro aliento virtual, con escudos en nuestros perfiles de Twitter y etiquetas grandilocuentes lanzadas desde donde siempre. Porque ahora no solo basta con extirpar dos veces el tumor. Ahora hemos de abrazarnos al placebo, a la homeopatía del calor de la afición porque eso, y solo eso, va a ser determinante en estos partidos de liga que restan. Determinante. Ojo ahí.

Pues miren, me parece vergonzoso que hayamos llegado a esta situación. La situación de por sí pero, sobre todo, los remedios oficiales para erradicar el problema. Porque no somos el Granada o el Getafe, con todos mis respetos. Equipos con un presupuesto justo, que desde la primera jornada sabían que su objetivo era intentar salvarse lo más pronto posible de la quema. No. Esto es otra cosa. Esto es un equipo de fútbol referente en la Comunidad (de momento), con un presupuesto más que alto y que se ha visto en la que se ha visto por culpa de unos y otros. Unos por inacción, o acción de oso hormiguero, y otros por estar más al tema de la caja con medianías o proyectos de futuro que consolidar de músculo el proyecto de su "amigo". Y vamos a entrecomillar la palabra, porque esas cosas a los amigos no se les hace.

Y en esas estamos, con que usted y yo somos "la pata que le faltaba al banco", que dijo el gran Luis Aragonés cuando entraron los psicólogos al fútbol. Somos parte del equipo de Pako, un técnico con un punto fuerte en el aspecto físico, pero desconocido en el táctico, más allá de intentar recuperar a Parejo encajándolo en un 1-4-4-2 como hizo Pellegrini con Riquelme, partiendo de una banda. Pero el aspecto psicológico es cosa nuestra. O eso parece.

Así que, dejen de lado sus miserias, sus calentamientos de cabeza por sus trabajos precarios en el sueldo que les exprimen hasta la última gota y que quizá no conserven el mes que viene y su mala leche por los papeles de Panamá. Olviden todo eso, porque hay una panda de millonarios adolescentes acongojados, relativamente, con el marrón que les viene encima y necesitan que, otra vez, seamos condescendientes con las folhas secas invertidas, que es lo mismo que lanzarla a las nubes, pero dicho en bonito.

Déjenlo todo a un lado porque somos el jugador número 12. La grada. La bombonera. Somos aquellos que hemos de hacer que Mestalla no tiemble, que sea un latido acompasado. Eso es lo que nos han pedido.

Manda huevos. Parece como si no nos conocieran. Como si alguna vez lo hubiéramos dejado de hacer.

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