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13 de noviembre / OPINIÓN

Demasiado cruel

12/04/2022 - 

VALÈNCIA. Parece imposible que este Levante pueda acumular más infortunios. La realidad clasificatoria va mucho más allá de una de las derrotas más dolorosas que recuerdo. Pese a las innumerables meteduras de pata que están condicionando una temporada desesperante, el fútbol no ha dejado de dar oportunidades para reengancharse al milagro de los milagros. Sin embargo, cada vez que puede haber un punto de inflexión, la moneda sale cruz. Lo del domingo fue pelear por el escudo, pero es normal que junto a esa sensación de tristeza y frustración (y por supuesto de orgullo por no dejar de creer hasta el mazazo en el minuto 92) invada también la rabia de no haber disfrutado de esa misma imagen de compromiso, entrega, solidaridad, intensidad y concentración con continuidad y ante rivales más terrenales que el Barcelona y por ello se piense en la selección de esfuerzos según el escudo que esté delante y el foco mediático que se pueda proyectar. Que el Levante que mereció derrotar al Barça esté con pie y tres dedos del otro en Segunda División es incomprensible. Hay que ser realistas y echar la mirada atrás para comprender que esta versión la hemos visto a fogonazos, convirtiendo esos atisbos de ilusión en un espejismo. En Granada ya no hay vuelta atrás. Es ganar o ganar. O compites igual o el descenso habrá que asumirlo de manera definitiva.  

Que el levantinismo esté dolido refleja que, pese a todo lo sufrido, hay un grado de pertenencia que sigue intacto. Que hay argumentos en los que creer y aferrarse para emprender una reconstrucción necesaria pase lo que pase. Porque hay que reformular sí o sí el proyecto incluso si se escapara del abismo. Porque golpes tan contundentes no se deben quedar únicamente en un motivo de orgullo. Que por supuesto que ese es el reclamo principal del aficionado, que igualmente no olvida cómo se ha llegado hasta aquí y en qué circunstancias. El granota de verdad no va a olvidar muchas de las cosas que está tragando este año. Si el Levante es de sus seguidores, hay que cuidarlos muchísimo más. No es la primera vez, y ya van unas cuantas, que el rival de turno siente que está jugando en casa. De puertas para dentro no se puede mirar a otro lado y apagar cualquier atisbo de temporal dejando pasar el tiempo y sin extraer conclusiones.

El encuentro dejó un mogollón de señales que prácticamente todos dieron la espalda al Levante. Sería injusto y ventajista quedarse únicamente con el penalti fallado por Roger Martí. Fue clave, claro que sí, pero el error es parte del juego. Al Pistolero lo quiero siempre en mi equipo y ahora todavía más. Es un luchador y volverá a sacar la cabeza. Como dijo Morales, “somos un equipo, ganamos o perdemos todos”. Si ya era doloroso haber rozado el 2-0, aún más es perder al ‘9’ por lesión durante tres o cuatro semanas, y eso que inicialmente se temió en un diagnóstico más grave. Lo de los contratiempos físicos es un drama que no tiene freno y no me cansaré de repetirlo una y otra vez. Hay un problema médico gravísimo y es intolerable perder tantísimos jugadores por el camino. Habrá que ir a Los Cármenes bajo mínimos porque además de Clerc (que ha tenido que ir al doctor Cugat a que le acertaran el diagnóstico para evitar que los malpensados consideren que se está borrando), De Frutos, Cáceres, Mustafi (tres veces se ha lesionado este curso 2021/22) y Roger, en Granada tampoco estará Campaña por ciclo de amonestaciones. Por cierto, una amarilla desquiciante, en la primera falta que cometió el centrocampista andaluz y que le condicionó en lo que restó de partido.

Alessio le dio un baño táctico a Xavi en la primera parte como el propio técnico catalán reconocería en rueda de prensa. Fue un Levante atrevido, presionando arriba, con emparejamientos uno contra uno, que logró que el Barça apenas pudiera construir gracias a un trabajo constante en el repliegue, con ayudas, las líneas juntitas y con vigilancias para tapar cualquier fuga en los pasillos interiores. Y con un nombre propio, el de Pepelu, que volvió a dar una lección magistral en el centro de mando. El 0-0 no se movió gracias a ese trabajazo coral, a un Ter Stegen salvador en una acción maradoniana de Morales y a un colegiado que no permitió ni una a los granotas y fue permisivo con los catalanes. Que sí, que pitó tres penaltis en la segunda parte, pero que el Barcelona se marchara solamente con una amarilla (a Araujo y por protestar) es un sinsentido.

A la lista de situaciones surrealistas en la lista negra del Levante durante esta campaña para olvidar, el FCB que tuvo delante es el primer equipo de la historia de LaLiga que gana tras ser castigado con tres penaltis en contra. Volviendo al de Roger, en el campo es imperceptible, porque la reacción inmediata es estirarte de los pelos al ver que el guardameta alemán adivinaba las intenciones del Pistolero, pero viendo la repetición, Araujo pisó la línea de la frontal del área en el momento del lanzamiento y luego fue el que despejó el balón tras el rechace del meta culé. El VAR debió intervenir y corregir el fallo de Munuera. Ya hemos visto muchas veces (no solamente en los partidos que afectan al Levante) que hay demasiados factores que condicionan la tecnología.

En la segunda parte todo se fue de madre. En esa sobreexcitación, el Levante siempre sale perdiendo. En la gestión de situaciones con las revoluciones por las nubes, los detalles dan la espalda. Otra vez el destino fue cruel. Le he dado unas cuantas vueltas a la elección de los penaltis, a si Alessio debía haber impuesto su autoridad como entrenador y haber determinado que Morales lanzara también el segundo. Pero se optó porque fueran los propios jugadores los que seleccionaran a los ejecutores. Roger, el especialista, sintió que lo podía chutar y coger confianza en su cómputo goleador… y el Comandante le cedió la responsabilidad como luego sucedió con Melero, que también estaba preparado y con ganas. Al final, este debate se multiplica porque Ter Stegen salvó al Barça y dio vida a los suyos. A toro pasado es muy fácil decirlo y de nada sirve.

Del 2-0 se pasó de inmediato al 1-1. Muy doloroso. Una hoja de ruta calcada a la del derbi del 20 de diciembre ante el Valencia. Luego costó reaccionar a la entrada de Pedri y Gavi, que encontraron los espacios imposibles tras la exhibición de concentración granota de la primera parte, y Miramón ya no podía más y pedía a gritos oxígeno mucho antes a que de su banda naciera el mazazo del 2-3. Un bofetón de nuevo encajado en faltas laterales mal defendidas. Un montón de adversidades increíbles que dejaron en nada el esfuerzo de un equipo que ahora sí da señales de creer en la permanencia, pero desafortunadamente ya puede haber sido tarde. Porque ahora la salvación está a siete puntos (con el Mallorca que suma 29 como el Granada) y 21 por disputarse. El desenlace de la temporada del Levante no estará en el penalti de Roger y sí en la acumulación de decisiones improvisadas, en los inventos, en haber perdido tanto tiempo en edificar lo más parecido a una estructura acorde a un equipo de Primera División.

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