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opinión

Fallo multiorgánico

22/09/2018 - 

VALÈNCIA. Bien sabido es que las prisas no son buenas compañeras de viaje en ningún aspecto de la vida y… tampoco en el fútbol. Pero las urgencias están íntimamente ligadas al fútbol y los grandes equipos deben saber lidiar con ellas por incómodas que se antojen.

Este Valencia tiene urgencias, tiene básicamente la urgencia de ganar. La urgencia de ser consciente de que puede ganar, porque lo mostrado hasta el momento apunta justo a lo contrario y acaba generando una ansiedad en el grupo que, lejos de incentivarle, parece que le está bloqueando y el desbloqueador que lo desbloquee buen desbloqueador será. Creo importante destacar que no estamos ante un grupo de chavales imberbes que se enfrentan a una contrariedad puntual sino ante una plantilla profesional que, por serlo, está sumamente bien remunerada y que , en su gran mayoría demostraron la temporada pasada que sí son capaces de ganar, de competir al más alto nivel y de hacerlo de manera continuada por lo que , de la misma manera que entonces aceptaban de buen grado los elogios totalmente merecidos, hoy debería huir de las excusas y coger el toro por los cuernos.

Cierto es que soy muchas las contingencias que pesan sobre el rendimiento del equipo que han terminado por provocar de manera prematura e inesperada una suerte de fallo multiorgánico pero no deben servir como coartada y sí como acicate para demostrar ser capaces de superar las dificultades que se presenten. Sí, es verdad que han llegado jugadores a última hora que no pudieron hacer la pretemporada con el resto del equipo. Igual que el año pasado cuando llegaron Kondogbia y Guedes y volaban desde el primer minuto. Sí, es verdad que faltan jugadores importantísimos y el caso del medio centro tiene una incidencia notable pero una plantilla como la del Valencia CF no puede depender, en zona defensiva, de un solo futbolista que además tiene la desgracia de caer lesionado con una frecuencia inusual, por lo que da la sensación de los deberes de este verano no han obtenido buena nota en lo referente a la línea de retaguardia. Con todo y con eso resulta inverosímil que los que sí están caigan reiteradamente en errores tan groseros e impropios de un equipo de élite. Sí, es cierto que hay jugadores que el año pasado rindieron a un nivel extraordinario que esta temporada han empezado bajo mínimos pero…, para eso hay un entrenador con la autoridad suficiente para administrar titularidades y suplencias investido de un poder absoluto desde el Club y propietario de un crédito en la grada ganado a pulso desde que llegó al Valencia.

Toca espabilar y salir de ese bucle melancólico que se alimenta de lamentaciones y conmiseración para recuperar el pulso. Para competir al nivel que le corresponde al Valencia que, posiblemente, no pueda ser tan ambicioso como los más optimistas presagiaban pero que tampoco puede instalarse en la mediocridad en la que ahora vive. Cada uno desde su responsabilidad y cada uno desde su rol en el equipo –y en el Club- deben convencer a todo el Mundo que lo del año pasado no fue un espejismo y que el Valencia Club de Futbol tiene un equipo con el que se puede ir al fin del Mundo. Ganando muchas veces y perdiendo otras pero SIEMPRE ofreciendo lo mejor de cada uno y eso no es lo que se está viendo ahora.

Pero hay tiempo para enderezar el rumbo, entrenador y mimbres para poder hacerlo. Volviendo a la humildad, a la autocrítica para encontrar soluciones y a un esfuerzo fuera de toda duda. Tiene mucha razón Marcelino cuando dice que ganar un par de partidos redundará en la confianza del grupo y contribuirá a liberarlo de la ansiedad que pueda estar atenazándolo. Pero las soluciones las tienen él y la plantilla que el Club le ha confiado confeccionada a su imagen y semejanza. Seguir trabajando no es un mérito. Es lo que hace todo el Mundo. De una plantilla así se espera la excelencia y esta, hoy, está en paradero desconocido. 

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