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TRIBUNA LIBRE / OPINIÓN

La estrategia perfecta

5/11/2020 - 

VALÈNCIA. Si Javi Gracia quiere dejar el Valencia CF (y parece ser que así se lo dejó clarinete a sus dirigentes tras el fiasco de los refuerzos fallidos y las promesas incumplidas), está siguiendo la estrategia perfecta. No lo hizo en primera instancia, cuando optó por trasladar a pecho descubierto su deseo de abandonar el club por sentirse engañado por el presidente y este le informó del precio de ese ataque de integridad. Tres millones de euros, nada menos, por hacer algo que debería estar al alcance de cualquier ser humano desde la abolición de la esclavitud o del servicio militar: dejar cuando a uno le plazca un trabajo con el que no está contento.

Desconocía el entrenador navarro por aquel entonces que nada es menos efectivo para persuadir de algo a un dirigente del estilo que representan Murthy o Lim que darles la sensación de que no tienen la última palabra. Por lo que hemos visto del tipo de liderazgo que triunfa en las escuelas de negocios singapurenses (al menos, es el que, con la excepción de la ahora añorada Layhoon Chan, han mostrado los representantes enviados hasta la fecha), en esos lares lo que se lleva es el ‘ordeno y mando’ de toda la vida de Dios. Y en ese registro, que los empleados tomen sus propias decisiones es algo totalmente inaceptable. Habrase visto. ¿Qué te quieres marchar? ¡Si acaso, te echaré yo!

Y en esas anda ahora el bueno de Gracia, en que le echen. Porque desde su frustrada tentativa de dimitir, planteando abierta y honestamente al club sus razones, y a pesar de su aparente resignación actual, se diría que no ha modificado ni un ápice su objetivo. Solo que lo persigue con un enfoque radicalmente distinto. Uno que Marcelino ya se encargó de demostrar infalible a la hora de conseguir un finiquito firmado por Lim: llevarle la contraria a la propiedad. Desarrollar un criterio propio y expresarlo en público no tiene cabida en el funcionariado de cabotà que tanto agrada a Meriton. 

La verdad es que extrañaba que Gracia no estuviera familiarizado con esos sutiles mecanismos de la persuasión organizacional. Al fin y al cabo, él es uno de los profesionales de los banquillos con más callo trabajando a las órdenes de jeques, magnates y demás presidentes de ese tenor. Tal vez solo lo había olvidado. O, más probablemente, esa experiencia previa hizo que sobreestimara sus propias capacidades para manejar a este tipo de mandatarios poco acostumbrados a la discrepancia. Craso error que ahora está tratando de subsanar a base de constantes declaraciones en las que, con exquisita educación, eso sí, manifiesta sin tapujos su descontento.

Esta vía, como ya se encargaron de apuntar Murthy en aquella célebre descripción del entrenador ideal (aquel que ejecuta las órdenes de la propiedad como un funcionario) que regaló a un medio norteamericano, o, más recientemente, Tebas en una defensa patronal de manual que hizo del modelo de Peter Lim  (“un hombre en esa posición no puede relacionarse con la propiedad con el descaro con el que decía algunas cosas", le afeó a Marcelino) es, sin duda, el camino más directo hacia la libertad.

El actual entrenador, además, ha sido inteligente y ha hecho sus deberes. De cara a la opinión pública ha trasladado una imagen impecable. Lejos de marcarse un Kondogbia, Gracia ha sido coherente, ha dicho lo que pensaba, con respeto y sin cajas destempladas, y al serle denegada su legítima pretensión, ha seguido haciendo su trabajo con profesionalidad y buena cara.

Pero seguro que ha hecho sus cálculos. Si aquello de los cangrejos de Marcelino fue interpretado como un desafío sacrílego a los designios de la propiedad, las perlas que suelta el menos vehemente pero igual de incontinente Gracia cada vez que pisa la sala de prensa del club no le pueden traer un destino diferente. En esta ocasión, y a diferencia del caso del asturiano, un destino deseado, que le llevará más o menos tiempo alcanzar, pero inexorable. ¿Cuánto tiempo? Lo que tarde Meriton en agotar su paciencia con los ‘desplantes’, encontrar un sustituto más moldeable para el banquillo y encajar los números de la ecuación.


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