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La sonrisa de Parejo

Anda el diez sonriente. Como libre. Libre como el Sol cuando amanece, libre como el mar. Quiero pensar que el lastre de la cinta lo ha liberado...

26/02/2016 - 

VALENCIA. Anda el diez sonriente. Como libre. Libre como el Sol cuando amanece, libre como el mar. Quiero pensar que el lastre de la cinta lo ha liberado. Esa cinta, con la horma brazal de Claramunt, Saura, Arias, Fernando, Penev, Cañizares o Albelda, pesa. 

Y hay jugadores que sirven para jugar y para emocionar que no necesariamente pueden portar la cinta. O no saben. Porque son de perfil humilde, callado, de los que no alzan la voz de puertas para adentro, pero si nos hacen gritar fuera. Y cuando digo gritar no digo necesariamente de alegría. Porque los artistas son así. Autodestructivos, dejados e incluso despistados. Son tan poco capaces de atisbar su don, que cualquier cosa que para el sentado en el sector tres del campo o el visitante de la pinacoteca es una obra maestra, para ellos es como subir al autobús. Y no son conscientes de la felicidad que provocan con sus pinceladas. Como tampoco lo son cuando hacen un borrón y la felicidad mundial se torna bronca. Y Parejo puede que no sea consciente de todo lo que genera. Quizá sea culpa nuestra, en parte, por ningunear su llegada, su sangre fría y ese talento del que corre como haciendo que no corre. Eso que hacían Fernando o Arroyo, aprendido de Solsona y Subi. Eso que hacía, de otra manera y con otro acento, el pibe Aimar, cómodo y sin miedo ante los hijos de Vinnie Jones y timorato ante micrófonos y estudios. Tan tímido que el mundo se enteró que dejaba el recreo del juego con una conversación privada pirateada.

Pues Parejo, sin madera de líder de puertas para adentro, ha demostrado que, desviando el foco, puede ser más resolutivo. Sin el dedo acusador de las malas rachas, de los pases errados y sin un entrenador como parapeto, se encontraba expuesto a cualquiera de los tiros de las almenas. Eso, una renovación con marchamo de plan de jubilación y la dichosa pelotita que no entraba fueron demasiadas piedras en la espalda del que se necesita ligero para jugar y hacer jugar. Que con todo, sigo pensando que Di Stefano llevaba toda la razón. Es un jugadorazo intermitente. Y como los intermitentes, si está siempre encendido, se quema. Hasta Pirlo era intermitente. De hecho lo fue en casi toda su carrera hasta que dio dos pasos hacía atrás para ver más campo y, desde ahí, cambió el ritmo de todo un país tan futbolero como Italia.

Lleva Parejo dos goles seguidos, uno en Europa y otro en doméstica. Llegando, desde atrás. Asociando con jugones. André es más guapo. Incluso más atento, parando a verbalizar lo jodido que estaba el vestuario cuando todo el mundo comparaba a este Valencia con aquel descendido. Pero de momento, sonríe Parejo. Y su sonrisa será la de todos. Ahora que parece que llueve menos y que pronto escampará. Y es que, esto no es Donosti. Nos gusta el sol. Nos gusta este Parejo. Aunque no lo digamos tanto como deberíamos.

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