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RONALDO Y LA ANSIEDAD, PIQUE PUBLICITARIO Y EL TRISTE ADIÓS DE UN HISTÓRICO

Los mundiales que no te contaron: Francia 98

El País de la Tourre Eiffel vuelve a albergar un mundial 60 años después. Pero ahora, con el firme objetivo de ganarla con un equipo que les permitía soñar con ello. La generación de los Zizou, Deschamps, Blanc, Barthez o Desailly no tuvo piedad de Brasil en la final. Pero antes, pasaron otras muchas cosas.

22/11/2022 - 

VALÈNCIA. Francia volvía a organizar una fase final de un gran torneo a nivel futbolístico. Tras el mundial de 1938 y la exitosa Euro 1984. De la batuta a de Platiní a la de Zidane pasando por las supersticiones, Adidas copió para la selección el mismo diseño que los anfitriones ya lucieran 14 años atrás y con el que levantaron su primer entorchado de selecciones. El mundial de Zizou, el de Bergkamp, el de los goles de Suker, Bastistuta o Vieri, el de la primera aparición de Croacia en la élite "Proud to be croat" tras el conflicto de los Balcanes y el del hundimiento definitivo de la España de Javier Clemente.

1. Agónica final para Ronaldo

Venía para ser una de las estrellas de Francia 98 cuando todavía no se adentró en la terrible fase de lesiones graves que -aún así- no frustraron su brillante carrera. Ronaldo Nazario de Lima se plantaba además en el mundial con la presión añadida de defender el entorchado que su selección conquistó 4 años antes en Estados Unidos y con la exigencia de destacar en un equipo lleno de estrellas como Rivaldo, Dunga, Leonardo, Cafú, Edmundo o Bebeto.

No desentona el entonces delantero del Inter de Milán que con 22 años y tras pasar en Europa por PSV y Barcelona lleva a la "canarinha" a la final contribuyendo con 4 goles (1 en fase de grupos ante Marruecos, 2 en octavos ante Chile y otro en semis ante Holanda).

Sin embargo, ninguna fue la lesión que estuvo a punto de tumbar a la estrella brasileña en la cita mundialista francesa, el enemigo que lo tuvo al borde del KO fue una convulsión que lo dejó sin conocimiento horas antes de la final, sin que a día de hoy se conozcan las causas de manera oficial.

Todo comienza unas horas antes de la final cuando los teletipos (internet comenzaba a andar en aquellos años y todavía no era considerado como un soporte informativo) advierten que Ronaldo Nazario de Lima no será alineado en la final del mundial entre Francia y Brasil en el estadio de Saint Dennis. La alarma, los interrogantes y la sorpresa recorren todo el planeta en busca de respuestas.

Según el relato del propio futbolista, todo comienza horas antes de la final tras comer: "Decidí descansar un poco después del almuerzo y lo último que recuerdo es que me iba a acostar. Me fui a la cama, después tuve una convulsión y, cuando me desperté, estaba rodeado otros jugadores y por el doctor Lidio Toledo. Nadie me quería decir qué estaba pasando". Según Edmundo, su compañero de habitación: "Se sentó, comió algo de tarta y un zumo de naranja y salió a hacer una llamada". A partir de ahí todo se convirtió en una desagradable pesadilla que relataba su compañero de cuarto: "Vi a Ronaldo teniendo las convulsiones, salí gritando por los pasillos. Estaba morado, con lengua volteada, resoplando... Llegaron los médicos enseguida y lograron que recuperara la consciencia".

Tras momentos de incertidumbre se evacua al futbolista a un hospital en el que se le realizan todo tipo de pruebas, mientras el resto del seleccionado brasileño pasa un tiempo angustioso en sus habitaciones a pocas horas de jugarse la final. Algunos de sus compañeros entonces como el ex valencianista Leonardo llegó a comentar: "A este tipo no le va bien, se va a morir en el campo".

Sin embargo las pruebas no arrojan ningún conclusión que descarten al futbolista que pide a su seleccionador Mario Zagallo ser incluido en el once inicial para disputar el encuentro decisivo. Tras diversas consultas, Zagallo cede y coloca a Ronaldo en el once. Las presiones fueron tremendas en todos los sentidos, Ricardo Teixeira, presidente de la CBF, se enteró del hecho y bajó al vestuario. Sus palabras fueron contundentes: "Ronaldinho juega y yo me hago cargo".

Sin embargo, y como era de prever, ni el "9" brasileño, ni la canarinha tuvieron su día y fueron barridos del campo por Francia que con un extraordinario Zinedine Zidane en la sala de máquinas se impone 3-0- Ronaldo pareció ausente en todo momento y la tensión vivida horas antes en el hotel le pasaron factura a su equipo que nunca se encontró cómodo.

¿Qué ocurrió? Según el propio Ronaldo, la ansiedad lo noqueó: "Sentí un miedo terrible. Perdimos el Mundial, pero yo gané otra copa, la de la vida. Nunca sentí semejante malestar y espero no volver a sentirlo nunca. Lo único seguro es que lo que me pasó no fue por miedo a salir a la cancha".  Además Teixeira quiso salir al paso de las especulaciones que apuntaban al sponsor técnico de los brasileños (y de Ronaldo en el Inter) Nike, en el centro de las presiones para que el jugador fuera alineado: "Es absolutamente falso, carente de todo fundamento y ofensivo para la dignidad y la profesionalidad de todos: equipo, entrenador, jugador y la propia Nike. No entra en la misión de Nike interferir con las elecciones técnicas de Zagallo y las personales del jugador".

Hubo muchos rumores durante aquellos días. Que la ansiedad estuvo a punto de dejar fuera de combate al futbolista, es tan evidente como que las causas siguen siendo desconocidas. Al menos, de manera pública.

2. El "pique" Adidas-Nike

Tal y como ya hablamos para el Mundial de Italia, el merchandising se adueña del fútbol como una de las ramificaciones de su vertiente derivada de la tremenda expansión económica de este deporte. Y en aquellas épocas, las marcas deportivas ya inundan las gradas y las calles con las camisetas de equipos y selecciones a los que visten.

Desde mediados de los 90 hasta ya casi nuestros días, dos gigantes de la equipación deportiva pelean por la hegemonía de la élite futbolística: la europea y clásica Adidas, y el pujante mastodonte norteamericano Nike que desembarca en el balompié jugando muy fuerte.

La pelea entre ambos llega a escenificarse en los spots televisivos para promocionar sus respectivas marcas a través de sus estrellas para el mundial de Francia. Y ahí, Nike le gana la mano a Adidas; al menos, de entrada.

Los dos anuncios más recordados son el "Beach" y el del aeropuerto. En el primero de ellos y con la animada música del "Soul Bassnova" de Quincy Jones, se simula en una playa de Copacabana una pachanga de las estrellas vestidas por la marca: Ronaldo, Maldini, Vieri, Kanu, Ariel Ortega o incluso el español Luís Enrique. el spot es muy recordado y tuvo muchísimo éxito.

Pero el que marcó las diferencias fue el de la selección brasileña (la gran apuesta de Nike por la que firmó un contrato estratosférico de 10 años de duración) en el aeropuerto. A los acordes del "Mais que nada" la acción simula una aeropuerto en el que la selección brasileña está esperando un vuelo para acudir a algún compromiso, pero la salida del vuelo se demora. Entonces Dennilson saca un balón de una bolsa para matar el tiempo dando unos toques y empieza a jugar y hacer florituras con sus compañeros. Hay comienza una cuida e ingeniosa coreografía en el que los futbolistas sortean guardias de seguridad que tratan de impedirlo y corren por todas las depencias del aeropuerto, llegandoi incluso a sortear aviones en las pistas (desde uno de ellos mira complacido Eric Cantona -francés-) que hace un cameo en el spot.

El anuncio fue un exitazo a todos los niveles hasta el día posterior a la final. Adidas esperó paciente su oportunidad para contestar con fría contundencia germánica y desde su particular visión del marketing, pero con una contundencia despiadada. Al día siguiente del triunfo francés en la final, Adidas pagó una página entera de publicidad en los principales diarios de todo el mundo. El mensaje, escueto y contundente le recordaba a los recién llegados que la fiabilidad con la que se vinculaba a la multinacional alemana era fruto de no perderse en adornos. La publicidad la presidían el escudo de la selección francesa y el logo de Adidas ocupando la parte central de la página y abajo una leyenda dura y contundente en refencia a los spots televisivos: "Los mundiales se ganan en los estadios, no en las playas ni en los aeropuertos. Adidas, orgulloso patrocinador de la selección francesa campeona de fútbol en 1998".

3. Se acabó el recreo

Tras el buen papel con mal final en USA 94, la selección española llegaba al mundial de Francia con unas expectativas inusualmente altas para un país que jamás había conseguido ni siquiera acceder a unas semifinales del torneo.

La inclusión de la joven estrella madridista Raúl González Blanco provocó que el entorno mediático del equipo nacional (en un altísimo porcentaje, el mismo que cubre la actualidad diaria del equipo blanco) subiera el listón hasta cuotas exageradas. En parte por patriotismo, y en otra parte por la guerra mediática que casi todos los medios "nacionales" tenían contra el seleccionador Javier Clemente. 

Clemente, que definió a los periodistas de la capital como aquellos que "mean colonia", se encontraba a gusto en la pelea, en el barro. Cuánto más ruido, más feliz se le veía. Sus resultados no eran del todo malos siempre con el problema de los cuartos de final de los torneos que reflejaban a la perfección un dicho inmortalizado por Alfredo Di Stéfano "jugamos como nunca, perdimos como siempre".

Esa guerra provocó bandos y en uno de ellos cayó el entonces portero del Valencia CF, Andoni Zubizarreta. Portero sobrio, sin alardes pero cuyos pocos errores eran maximizados hasta la sociedad. A Zubizarreta se le asociaba con Clemente pese a haber debutado en la selección en 1985 y haber sido el guardameta indiscutible para 4 seleccionadores diferentes: Miguel Muñoz, Vicente Miera, Luís Suárez y el propio Clemente. Primero pidieron a Buyo desde el entorno mediático madridista y luego a Cañizares (en aquel momento suplente de Bodo Ilgner en el propio equipo capitalino) pero a Clemente le resbalaban las presiones (de hecho, los mismos que pidieron en el 98 a Cañizares, exigían la titularidad de un recién llegado Casillas en la euro del 2000 en detrimento del de Puertollano entonces ya enrolado en el Valencia CF).

España hizo un mal mundial que parte de la primera derrota contra Nigeria 3-2. El gol del triunfo africano, anotado tras una mala acción de Zubizarreta quien se introdujo un centro lateral raso del equipo de "Las Aguilas" (del penoso partido, por ejemplo, de Ivan Campo regalando los otros dos goles, nadie dijo nada). Es el sino de los porteros. Sus fallos son los que más se ven.

Con una guerra montada en torno a la selección, España no pasa del empate a cero ante Paraguay en el segundo encuentro. Necesita vencer en el tercero y que Nigeria (ya clasificada) al menos empate ante Paraguay. No hubo caso; España goleó 6-1 a Bulgaria y Paraguay superó fácilmente a Nigeria 3-1. España para casa.

Ese encuentro del 24 de junio de 1998 fue el último de los 126 (récord absoluto en aquella fecha) que Andoni Zubizarreta jugó con la selección. Días antes, celebró en Valencia una comida en petit comité en la que ya anunció que no seguiría en e club de Mestalla a su gente de confianza.

Justo al día siguiente de la eliminación, el propio Zubizarreta convocaba una rueda de prensa en la que comunicaba su adiós al fútbol. Lo hacía leyendo una emotiva carta en la que repasaba la felicidad que le causaba haber tenido una carrera futbolística como la suya. Pese a su introversión, hizo un encabezó su discurso con un símil extraordinario para explicar lo que sentía en la hora del adiós: "Suena el timbre, se acabó el recreo". Llegaba la hora de dejar de jugar.

Pese a la animadversión que algunos consiguieron levantar contra el portero del Valencia CF (y antes de Athletic y Barça), sería de necios negar la grandeza de un guardameta elegido como el mejor de la liga en el año de su adiós por el resto de guardametas de primera división en una encuesta realizada y publicada por el diario El País. 

Pero sólo una anécdota más: el currículum de Zubizarreta lo adornan (entre otros): 126 partidos con la selección, 622 partidos en primera (152 de ellos en el Valencia CF), 6 ligas (2 con el Athletic y 4 con el Barça), 3 Copas del Rey (2 con el Barça, 1 con el Athletic), 3 Supercopas de España (2 con el Barça y 1 con el Athletic), 1 Copa de Europa, 1 Recopa y 1 Supercopa de Europa, 1 Trofeo Zamora... Son sólo algunos de los títulos que adornan la carrera de un guardameta de leyenda que tuvo un desafortunado final en el mundo del fútbol. Ese borrón no debe empañar el hecho de que el día que sonó el timbre y se acabó el recreo, España dijo adiós a uno de sus futbolistas de leyenda.

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