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OPINIÓN

Mina, soldado de Marcelino

En el fútbol, como en la vida, el trabajo siempre paga. Querer es poder. Y Santi Mina es, ahora mismo, un soldado ideal para Marcelino...

28/02/2018 - 

VALÈNCIA. Hay dos tipos de futbolistas en un vestuario: los que viven su profesión preguntándose qué puede hacer el equipo por ellos y los que se superan día a día, preguntándose qué pueden hacer ellos por su equipo. Santi Mina pertenece al segundo grupo. Diamante en bruto que no tuvo tiempo de pulirse en Vigo, producto de la factoría Mendes y delantero intrascendente en las últimas dos temporadas en Valencia, Mina estuvo en rampa de salida en uno de los veranos más complicados que hayan vivido los despachos de Mestalla. No tenía buena imagen en Valencia, no era uno de los más queridos por la afición, protagonizó algún que otro episodio que apuntaba a una vida desordenada y aunque pudo salir del club,  se quedó. Y mientras Marcelino García Toral armaba el puzle de un VCF que, partido a partido, dejaba de ser una broma de mal gusto para convertirse en un equipo competitivo y fiable, Mina asumió que su rol en la plantilla iba a ser el de suplente. Y lejos de poner una mala cara, de protestar por su estatus o de convertirse en un problema para el entrenador, decidió rebelarse, se superó día a día en los entrenamientos y comenzó a aprovechar los minutos que le concedían.

Mina sabía que debía escalar el Himalaya para jugar. Tenía por delante a Rodrigo, el único indiscutible para el entrenador. También a Simone Zaza, ese carácter que igual se abona a una racha goleadora imparable que se deja ir sin explicación alguna. Y en invierno, le potenciaron la competencia con Vietto, un jugador asociativo de tanta calidad como frialdad. Cualquier otro se habría desanimado, pero lejos de sentirse afectado, Mina afrontó la situación con entereza, recogió el guante, aceptó el desafío y se entregó a las necesidades del equipo. Cuando fue titular, marcó. Y cuando partió desde el banquillo, anotó. En lo tangible, números cantan. Mina es un filón de oro. Se trata del delantero más efectivo de la Liga, lleva 11 tantos en Liga. Y en lo intangible, la fe de Santi mueve montañas, porque su refulgir es estimable. Presiona como si no hubiera un mañana, mete el pie en un ventilador como lo hace Diego Costa, se faja con los centrales hasta ser su pesadilla, tira mil desmarques y pelea cada balón dividido como si la vida le fuese en ello. Juega con sangre en el ojo, derrocha ambición y cada vez que se pone la elástica del Valencia CF, lo hace con una puesta en escena inmejorable: entrega todo lo que tiene.

Otros tienen más clase y más calidad, pero no demuestran ser capaces de meter la cabeza donde casi todos retiran el pie. Mina no tiene seda en sus botas, pero sí zafarrancho de combate. No tiene técnica depurada, pero sí oportunismo de barrio. No tiene elegancia, pero sí picardía. Y sobre todas las cosas,  Mina tiene una voracidad sin límites. No es el delantero ideal para el Valencia CF, pero sí es el delantero que este Valencia CF necesita. No es el violinista que sueña Mestalla, pero sí el soldado espartano que enciende la grada. Mina, que parecía condenado a salir en verano y que lo ha tenido difícil durante toda la temporada, ha cambiado su estrella superándose, peleando cada pelota, preguntándose siempre qué era lo mejor para el equipo y no lo mejor para él. Esa es la clase de compromiso que necesita este VCF para crecer y pelear los títulos. En verano, Santi Mina no parecía ejemplo de nada. Hoy, a base de superación, sudor y fe, es un ejemplo para todos. Se ha ganado todo lo bueno que le pase. En el fútbol, como en la vida, el trabajo siempre paga. Querer es poder. Y Santi Mina es, ahora mismo, un soldado ideal para Marcelino.


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